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La trama detrás del sorpresivo portazo de Lavagna en el INDEC y los desacuerdos con Milei por el nuevo IPC

El ahora exdirector del organismo se suma a una lista de renuncias en Economía. Su salida no fue por cansancio ni desgaste técnico. La interna
02/02/2026 - 19:55hs
La trama detrás del sorpresivo portazo de Lavagna en el INDEC y los desacuerdos con Milei por el nuevo IPC

La inflación se volvió un dato políticamente demasiado sensible para un Gobierno que promete desinflación, que hizo de la baja de la inflación su principal bandera, pero teme el efecto de cambiar el termómetro. Mientras el presidente Javier Milei explicaba en un salón semivacío de Davos que "Maquiavelo ha muerto" y que el liberalismo moral venía a salvar a Occidente, en Buenos Aires su gobierno atravesaba un enero de renuncias y denuncias por corrupción y disputas de poder que ahora sigue en el corazón mismo del relato libertario: Marco Lavagna pegó un portazo en el INDEC.

Luego de semanas de especulaciones, Lavagna presentó su renuncia como director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). No fue cansancio personal ni un desgaste técnico, sino que fue un portazo político, según confiaron a iProfesional altas fuentes de la Casa Rosada.

Lavagna quería aplicar desde enero de 2026 el nuevo Índice de Precios al Consumidor, basado en la Encuesta Nacional de Gastos en los Hogares (Engho 2017/2018), con una canasta más realista y ponderaciones actualizadas en servicios (gas, luz, internet) por sobre las de alimentos y otros rubros que inciden menos en el costo de vida. Javier Milei y Luis "Toto" Caputo dijeron que no y el choque fue frontal.

El nuevo IPC, la razón detrás de la salida de Marco Lavagna del INDEC

El nuevo IPC estaba listo. Debía comenzar a difundirse el 10 de febrero. Incorporaba mayor peso en servicios -telecomunicaciones, internet, gas, energía, plataformas digitales, streaming- que hoy pesan mucho más que en 2004, cuando se elaboró la Engho vigente. Menos alimentos, más servicios. Más realidad, pero también, más ruido. El propio ex jefe de Gabinete, Guillermo Francos, además de Lavagna, había dicho que el nuevo IPC regiría desde enero de 2026 cuando fue interrogado en el Congreso.

La respuesta del poder fue clara: no tocar el índice mientras dure el proceso de desinflación. En traducción política: no cambiar el termómetro mientras el paciente todavía está febril.

"Marco tenía como fecha implementarlo ahora. Con el Presidente siempre tuvimos la visión de que había que hacer el cambio cuando la deflación esté totalmente consolidada", explicó Caputo en Radio Rivadavia, confirmando sin querer que el problema no era técnico, sino político.

Según fuentes de Casa Rosada, el IPC de enero que se conocerá el 10 de febrero rondaría el 2,5%, apenas por debajo del 2,8% de diciembre y en línea con noviembre. Números todavía altos para un gobierno que hizo del combate a la inflación su principal bandera. Cambiar la metodología implicaba abrir un flanco innecesario: aunque los ejercicios técnicos no mostraban grandes diferencias, el nuevo índice podía arrojar lecturas más altas si se lo aplicaba retrospectivamente. Algunas estimaciones hablan de hasta tres puntos porcentuales más en 2025.

Lavagna no se fue por miedo al número, ni por cansancio, sino porque perdió la pulseada y porque entendió que su margen de autonomía se había terminado.

La cercanía de Lavagna con Milei y su pasado con el Gobierno peronista

No era un outsider de la política. Lavagna era, paradójicamente, uno de los funcionarios que Milei acordó mantener en el Gobierno con el ex candidato presidencial del peronismo y ex ministro de Economía, Sergio Massa. De hecho, Lavagna fue llevado por Massa al INDEC en 2019 cuando éste era presidente de la Cámara de Diputados y uno de los tres referentes políticos del gobierno de Alberto Fernandez y Cristina Kirchner.

Pero Lavagna era también amigo personal del Presidente. Ambos compartieron equipo en las campañas de Massa en 2013 y 2015, junto al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, su padre; el ahora embajador en Paraguay, Guillermo Nielsen, y el economista Diego Giacomini. Ese grupo fue semillero de vínculos que se prolongan aún hoy en la gestión del presidente libertario.

Marco Lavagna era, además, el último sobreviviente del trío massista que militó los inicios de La Libertad Avanza y que terminó eyectado por choques con la secretaria general de la Presidencia Karina Milei. Antes se fueron el legislador porteño Eugenio Casielles y el ex legislador Ramiro Marra. Todos amigos entre sí participaron de los inicios de la gestión Milei y ahora están todos afuera.

Su salida reavivó alarmas históricas. ATE Indec habló de "deja vu" y recordó enero de 2007, cuando Guillermo Moreno intervino el organismo porque no le gustaba el dato de inflación. "Exigimos un INDEC independiente del poder político", reclamaron, con la desconfianza lógica de un sector que ya vivió el apagón estadístico.

Caputo pareció contestarles cuando dijo que "no hay necesidad de cambiar ahora el índice. Da igual, da prácticamente lo mismo. Enero este mes daba un punto más abajo con el índice nuevo. Vamos a mantenerlo hasta que el proceso de deflación esté consolidado. No hay fecha del cambio".

Confirmó así que el INDEC seguirá usando el índice actual, con ponderadores de hace dos décadas, y designó como reemplazante interino a Pedro Lines, director técnico del organismo. Un perfil técnico, sin vuelo político, en un cargo donde cada decimal tiene impacto económico y electoral. Pero el caso Lavagna no fue un hecho aislado. Fue una pieza más de un rompecabezas inquietante.

Las otras salidas del Ministerio de Economía que hicieron ruido

Durante enero, el Ministerio de Economía fue el epicentro de renuncias, desplazamientos y conflictos internos. Un triángulo de poder cada vez más visible -Caputo, Karina Milei y Santiago Caputo- redefine decisiones, cargos y lealtades. Las salidas de funcionarios de segunda línea no hacen ruido mediático, pero son la señal de un gobierno tensionado entre la realidad y la presión por mostrar resultados.

El caso más explosivo fue el desplazamiento del secretario de Transporte, Luis Pierrini, en medio de una denuncia penal por una presunta defraudación de casi 30 mil millones de pesos a través del sistema SUBE. Investigaciones, denuncias judiciales y empresas bajo la lupa aceleraron su salida. Caputo actuó con el aval del karinismo y nombró a Fernando Herrmann, sin experiencia en transporte pero con respaldo político interno. La limpieza siguió en Trenes Argentinos, en el Enargas, en áreas productivas y en el Renaper donde cada salida reordenó poder y dejó heridos.

En el Enargas fue desplazdao Carlos Casares por la unificación con el ENRE Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE). Antes la cartera de Economía había sufrido la traumática salida en noviembre de Ornella Calvete, hija de Miguel Calvete, salpicado por el caso de las supuestas coimas del Andis y se le encontraron en su casa US$ 700 mil sin declarar.

Ornella Calvete es la pareja de Javier Ignacio Cardini, que era subsecretario de Gestión Productiva, puesto allí por Francisco Caputo, hermano de Santiago Caputo.

El capítulo más delicado estalló en Nucleoeléctrica Argentina (NASA), la empresa fetiche de Milei para su relato del futuro nuclear y tecnológico. Allí se denunciaron presuntos sobreprecios de hasta 140% en licitaciones, se partió el directorio y quedó expuesto Demian Reidel, el físico amigo del Presidente, rodeado de silencios incómodos.

Todo esto ocurrió mientras Milei hablaba en Davos del fin de la política tradicional y volaban por la ventana el gerente general Marcelo Famá y el gerente de Coordinación Administrativa Hernán Pantuso, de extrema confianza de Demian Reidel, el físico amigo del Presidente y presidente de la compañía.

Puertas adentro, el propio Gobierno admite que 2026 no será sencillo. La apertura importadora golpea a la industria, este año sufrirán textiles, calzado, muebles, juguetes y alimentos, el empleo pyme sigue cayendo y la recuperación es despareja. El ajuste ya no pasa solo por el gasto, sino por revisar privilegios, exenciones y regímenes especiales. Pero cada intento de avanzar genera nuevas internas.

El caso Lavagna sintetiza ese dilema. Un Gobierno que promete reglas claras y transparencia, pero que decide postergar un cambio metodológico clave por razones políticas. No para manipular un número, dicen, sino para no agregar ruido.

Mientras tanto, el mercado se reordena, la industria enfrenta una selección natural sin anestesia y el gabinete económico -que Milei define como "el mejor de la historia"- mostró grietas profundas. Habrá crecimiento, dicen en Economía, pero sin tirar la casa por la ventana y la inflación tendrá un termómetro que, por ahora, no se toca pero retrasa.

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