A 1 año del "comprá dólares, campeón": cómo les fue a los ahorristas que le hicieron caso a Caputo
Puntos importantes
A lo largo de un año pueden ocurrir muchas cosas en la economía argentina, pero aun así no alcanza como para hacer olvidar algunas situaciones especiales o frases célebres. Por ejemplo, el ya histórico "comprá, no te la pierdas, campeón", con la que Toto Caputo "toreó" a quienes, exactamente un año atrás, afirmaban que se estaba generando un atraso cambiario y que era inevitable una suba en la cotización del dólar.
En aquel entonces recién llevaba poco más de dos meses el levantamiento del cepo y la inauguración del sistema cambiario de banda de flotación. Y, como tantas veces, se planteaba el debate respecto de si realmente había un cambio flotante o si el gobierno lo "pisaba" mediante medidas intervencionistas.
Un año más tarde, y con un contexto no tan diferente, los economistas recuerdan aquella frase y entran en polémicas respecto de si el ministro de Economía había tenido razón o si cometió un error al provocar a los ahorristas nerviosos, que le tomaron la palabra y compraron todos los dólares que pudieron.
Un reciente informe del Banco Central indica que el año pasado hubo -entre la compra de billetes verdes en efectivo y las tomas de cobertura financiera- una demanda de dólares de u$s35.000 millones. En otras palabras se dolarizó el 60% de la base monetaria M2 -que incluye circulante y cuentas bancarias a la vista-.
De manera que, si la intención de Caputo había sido la de disuadir a los inversores para que no compraran dólares, no puede decirse que su frase haya tenido un efecto positivo. Tanto es así que, al día de hoy, ya pasados ocho meses de las elecciones legislativas, todavía no se nota un aumento importante en la demanda de pesos, lo cual ha llevado a que, entre el Tesoro y el Banco Central, hayan retirado liquidez para evitar cualquier riesgo de dolarización excesiva.
Punta a punta, perdió el dólar
Pero otra cosa es determinar si Caputo tuvo razón al vaticinar que quienes invirtieran en dólares saldrían perdiendo frente a otras alternativas de inversión. En ese caso, obviamente, hay una discusión de acuerdo imposible, porque el resultado depende de si se hace la medición "punta a punta" o si se considera la volatilidad ocurrida a lo largo del año.
En el primer caso, las cifras le dan la razón al ministro, porque quien compró en julio y guardó los billetes bajo el colchón, tuvieron una pérdida de 7,4% contra la inflación.
También perdieron frente a quienes depositaron sus ahorros en pesos a plazo fijo: para quien haya renovado colocaciones a 30 días desde julio del año pasado, la suba nominal es de 29,9%, que pierde contra la inflación pero que igual le gana al 23,5% que subió el dólar.
Y, desde ya, las pérdidas para los "ahorristas del colchón" fueron mucho mayores si la comparación se hace con quienes compraron bonos de deuda pública en pesos, apostando al "carry trade".
Ganadores en la montaña rusa
Claro, esa evaluación que da la razón a Caputo tiene validez solamente para quienes se dolarizaron por todo el año. Pero, en el medio, hubo una "montaña rusa" en la cotización. De manera que, quienes hayan sabido cuándo entrar y salir a tiempo, no sólo no tuvieron pérdidas, sino que obtuvieron grandes ganancias por apostar al billete verde.
Para empezar, los que le tomaron la palabra al ministro y compraron dólares en el mismo momento de su desafío, la valorización fue alta. Sólo en el mes siguiente a la célebre frase, el dólar tuvo una suba nominal de 14%, algo que superaba cualquier cobertura en pesos. Pero en seguida hubo un bajón de 6% en la cotización. A partir de ahí, el día en que el dólar tuvo su cotización más baja fue el 20 de agosto, con un precio de $1.292,50.
Fue en ese momento en que se produjo otra aceleración de 14% en apenas un mes, hasta que el billete alcanzó un pico de $1.475. Fue entonces cuando apareció Scott Bessent, el secretario del US Treasury, con su histórico tuit en el anunció que haría "todo lo que haga falta" para ayudar a Argentina a recuperar la estabilidad monetaria. Esto derrumbó la cotización un 10% en una semana, hasta el precio de $1.326.
Pero la ayuda del amigo americano nunca logró imponer una estabilidad prolongada. Lo que siguió desde entonces fue un "electrocardiograma" cambiario, que alcanzó su pico en los días previos a la elección legislativa, con una cotización de $1.492 en el mercado mayorista.
A esa altura, quienes hubieran comprado dólares en el momento del desafío de "compra campeón", se habrían encontrado con una valorización de 24% en menos de cuatro meses. La inflación acumulada en ese período fue de 8,4%, mientras que el rendimiento del plazo fijo fue de 12%.
Es decir, hasta la elección, Caputo no había quedado bien parado con su provocadora frase: los "campeones" que apostaron al dólar ganaron en grande.
Tras la elección comenzó otra historia, en la que bajó el riesgo país, disminuyó la demanda de dólares por parte del público minorista y empezó una paulatina normalización de las tasas de interés. El tipo de cambio cayó un 7% en tres semanas, hasta el nivel de $1.387.
Sin embargo, hubo otra escalada en los últimos meses del año, de forma que el 2026 se inició con un dólar de $1.475, un valor que no sería superado hasta después de seis meses. En el medio, hubo muchos "subibajas" del dólar, con una tendencia a la baja en marzo y una recuperación en abril.
En medio del renovado debate sobre el atraso cambiario, el tipo de cambio se mantuvo debajo de los $1.400 hasta fines de mayo, cuando empezó la tendencia ascendente en la que se encuentra ahora.
El gobierno rechaza las acusaciones de haber "pisado" el precio y, más bien al contrario, afirma que las compras del Banco Central -u$s11.175 millones en el primer semestre- eran la prueba de que no existía tal intervención. Más bien al contrario, afirma Caputo, si no fuera por el Central, el dólar se habría desplomado en un contexto de boom exportador.
Sin embargo, los críticos no terminan de aceptar ese argumento. Para empezar, porque señalan que el "cepo residual" que sigue rigiendo para las empresas es un factor distorsivo en el mercado. Y, además, porque el BCRA suele intervenir en los momentos de suba de la divisa, ya sea a través de la venta de bonos "dólar linked" o mediante fuertes posturas que aplastan la tasa de interés implícita en el mercado de futuros.
Lo que viene
Como el debate cambiario es recurrente, podría ahora la misma situación del año pasado, y Caputo hasta podría sentirse tentado de repetir el mismo desafío a los inversores, con el argumento de que quienes no le creyeron el año pasado, terminaron perdiendo plata.
En un intento de transmitir confianza, el ministro usó la llamativa expresión de que "esta vez, la economía se va a llevar puesta a la política". Es decir, que no ocurrirá la situación de que la incertidumbre electoral se traduzca en una corrida cambiaria, sino que la fortaleza del plan económico no sólo garantizará la estabilidad financiera sino que, además, le allanará a Javier Milei el camino a la reelección.
Pero es una opinión que está lejos de generar consenso. Porque la afirmación de Caputo parte de la base de que el elevado saldo de balanza comercial -y hasta un posible superávit de cuenta corriente- seguirá permitiendo las compras de divisas por parte del Banco Central, lo cual dará respaldo para que los inversores no teman por el calendario de pagos de la deuda.
Además, el ministro ha dejado en claro que sigue de cerca la evolución de la demanda de dinero, y que está dispuesto a "prender la aspiradora" ante la menor duda sobre si los pesos que emite el BCRA cuando compra dólares pueden presionar los precios o el tipo de cambio.
Con ese panorama, Caputo se animó a otra frase con destino de polémica: "Ahora, hay dólares para todos".
Del lado opuesto al de Caputo, los economistas críticos afirman que el actual boom exportador es más una excepción que una "nueva normalidad". Y apuntan, en particular, que el precio del petróleo ya volvió a los niveles previos al conflicto de Medio Oriente, lo cual hará que el "efecto Vaca Muerta" pierda fuerza en los próximos meses.
Por otra parte, muestran su convencimiento de que la dolarización pre-electoral resultará inevitable. De hecho, la demanda de dólares por parte de los ahorristas viene en ascenso, con un promedio de unos u$s3.000 millones por mes -de los cuales, dos tercios son compras de billetes en efectivo-. Caputo se consuela con el argumento de que, a diferencia de lo que ocurría en gobiernos anteriores, ahora la mayoría de esos dólares no van "al colchón" sino que quedan en el sistema bancario.
Pero lo cierto es que él mismo ha sido el principal promotor del argumento del "riesgo kuka", según el cual el mercado toma actitudes defensivas ante la posibilidad de que en 2027 haya un cambio de signo político en la Casa Rosada.