BALANZA COMERCIAL

Lado B del boom exportador: el aporte de dólares de Vaca Muerta ya dejó atrás su mejor momento

La exportación petrolera de junio fue menor a la de mayo. Y los próximos meses reflejarán un bajón en el precio del barril de crudo en el mercado global
Por Fernando Gutiérrez
ECONOMÍA - 21 de Julio, 2026

La euforia con la que el ministro Luis Caputo anuncia los excelentes números de la exportación tiene un lado B: cuando se analiza con lupa la composición de la balanza comercial, puede notarse que el mejor momento ya quedó atrás y que, en los próximos meses, el aporte de dólares podría comenzar a mermar.

Para empezar, el "récord histórico" de las exportaciones en junio no fue tal: se vendió mercadería por u$s9.055 millones, lo que implica una caída de 5% respecto de mayo, cuando sí se registró un récord. Pero Caputo no quiso opacar el clima de festejo, y por eso destacó que era un máximo histórico… para el mes de junio.

Lo cierto es que en hay probabilidades de que las exportaciones de julio sean menores que las de junio, y así sucesivamente. No será una situación que sorprenda a los expertos en comercio exterior: es el típico efecto estacional del segundo semestre, cuando ya pasado el mejor momento de la cosecha gruesa, empieza a aminorar la liquidación de los productos agrícolas.

Pero, además, este año incide otro efecto, el de la exportación de petróleo, el rubro estrella que ayudó a que se equilibrara, por fin, la cuenta corriente.

La exportación del rubro hidrocarburos obedece al gran boom productivo del yacimiento Vaca Muerta, como lo acredita el hecho de que, en meses como mayo, los volúmenes vendidos hayan aumentado un 78% en términos interanuales. Pero, sobre todo, lo que hizo que este fuera un año extraordinario para la exportación fue el conflicto de Medio Oriente, que disparó la cotización del barril de crudo en el mercado internacional.

Exportaciones de Vaca Muerta y el "efecto precio"

Y hay un efecto que aparece en la "letra chica" de la estadística, y que los economistas suelen pasar por alto: hay un desfasaje, de aproximadamente 45 días, entre el momento en que se produce la venta y el momento en que se fija el precio. Esto llevó a que en marzo y abril, cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán estaba en su momento más intenso, los precios del petróleo argentino todavía no reflejaban plenamente el pánico de los mercados, que había llevado el crudo Brent por encima de los u$s120.

Y también ese efecto determinó que en marzo las exportaciones de petróleo argentino fueran de u$s1.235 millones y en abril de u$s1.554 millones. Son cifras excelentes, pero que no se explicaban por el aumento en el precio internacional -de hecho, en marzo hubo una caída en términos interanuales- sino por el mayor nivel de producción.

Fue recién en mayo cuando el "efecto Irán" se notó a pleno. Ese mes el petróleo aportó divisas por u$s1.745 millones, lo cual representó un 18,3% del total exportado. Todo un logro, en plena liquidación de la cosecha agrícola, que parecía confirmar el pronóstico de Caputo en el sentido de que el rubro de combustibles se dirige a disputarle el protagonismo al campo como proveedor de dólares en la economía argentina.

Claro, en mayo aparecieron reflejados los precios de inicios de abril, que se ubicaban en u$s110 para el tipo Brent. Ese mes, la exportación petrolera marcó una impactante suba interanual de 167%, lo cual se explica por una suba de precios de 49,9% y un aumento en las cantidades por 78,5%. Fue el mejor momento del año, y hay indicios de que no se volverá a repetir.

¿Lo mejor ya pasó para el petróleo?

Por lo pronto, los números de junio ya cayeron un escalón: se vendieron u$s1.406 millones. Y cuando se analiza cómo se compuso ese número, aparece una luz amarilla: hubo una mejora interanual de precios de 47,8%, pero las cantidades vendidas cayeron un 11,7%.

Los precios que refleja la estadística de junio corresponden al de inicios de mayo, cuando el crudo oscilaba en torno de u$s100. Es decir, todavía un precio alto, pero que ya daba señales de estar buscando los niveles previos al inicio del conflicto bélico.

¿Qué implica esto? Que, de acuerdo con ese desfasaje de precios, la exportación de julio reflejará el bajón del precio del petróleo ocurrido en junio, cuando la expectativa de una reapertura del estrecho de Ormuz llevó a la cotización del crudo al nivel de u$s80. Una situación similar podría ocurrir en agosto, cuando las ventas reflejen los precios de julio, que si bien están al alza por la incertidumbre sobre el conflicto, tuvieron un piso de u$s70 a inicios de mes.

Los bancos de inversión que analizan el mercado energético plantean un escenario de un precio en torno de u$s80 para el segundo semestre, y una caída para inicios del año próximo. Por supuesto que en el mundo petrolero hay una incidencia política mucho más alta que en otros productos pero, aun así, los analistas observan que el momento de mayor volatilidad ya pasó y que, aun con las amenazas de Donald Trump sobre un recrudecimiento del conflicto, difícilmente se repitan los precios récord de inicios de año.

Lo que viene

¿Cuál es la consecuencia de esta situación para Argentina?: que ese "plus" aportado por los altos precios en las exportaciones de mayo y junio ya no será tan fuerte, y que para que se mantenga el flujo de entrada de dólares se dependerá de un alto volumen de producción en Vaca Muerta.

Desde ya, no es que se trate de un objetivo imposible. Más bien al contrario, el boom inversor que se está produciendo en la cuenca neuquina está llevando a que se superen los récords de producción.

Con un volumen superior a los 630.000 barriles diarios, Vaca Muerta está mostrando un crecimiento de más de 35% en comparación con el año pasado. Y casi a diario se conocen nuevos proyectos, como el desarrollo de un bloque capaz de procesar 40.000 barriles de petróleo, a cargo de la empresa Vista bajo el régimen RIGI, por un monto de u$s5.800 millones.

El tema es que para que estos nuevos proyectos se concreten se requiere tiempo. Por caso, para que haya una exportación masiva de gas licuado, falta todavía dos años de obra que permitan transportar el gas hasta la nueva planta de licuefacción en la costa de Río Negro.

En definitiva, el largo plazo sigue siendo optimista. Pero en lo que refiere al programa económico de este año y el próximo -que incluye un exigente calendario de pagos por la deuda-, hay probabilidades de que el mejor momento en cuanto al aporte del petróleo ya haya quedado atrás.

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