Entre el "riesgo kuka" y el factor Trump, a Caputo le conviene pedir dólares en el mercado local
Puntos importantes
Detrás del enésimo pedido de Luis Caputo a los ahorristas argentinos para que saquen sus dólares guardados debajo del colchón y los lleven a los bancos hay todo un reconocimiento de un límite con el que choca el gobierno: el mercado internacional de crédito sigue siendo prohibitivo para Argentina.
No por casualidad, esta apelación se hace cuando el Tesoro apuesta su estrategia financiera a un nuevo instrumento de deuda dirigido al mercado local, aprovechando la alta liquidez en dólares del sistema financiero argentino, que superaron los u$s40.000 millones, un récord en 25 años.
La volatilidad financiera que se vivió en los últimos días, causada por el cóctel de la reanudación de hostilidades en Medio Oriente, un nuevo cierre comercial de Donald Trump y otra disparada del petróleo dejaron en claro que hay un contexto desfavorable para salir a tomar deuda. La sola posibilidad de un agravamiento en la inflación estadounidense y una suba en las tasas de interés de la Fed hizo que se renovara el fenómeno conocido como "vuelo a la calidad". Significa, básicamente, que ante una situación de temor, los inversores abandonan las posiciones en activos de economías emergentes y corren a refugiarse en lo seguro: el dólar.
Visto desde el lugar de Argentina, esta situación implica una suba del índice riesgo país, una nueva frustración para un gobierno que se había ilusionado con la vuelta al mercado de deuda. Por cierto, no es la primera vez que Argentina sufre por una situación así. Fue, por ejemplo, el punto de inflexión para el gobierno de Mauricio Macri en 2018. Y se ha transformado en un recordatorio de por qué, como dijera Caputo el año pasado, "conviene ir eliminando la dependencia que tiene el país con Wall Street".
Lo raro, en todo caso, es que el nuevo contexto global -que echó por tierra con el sueño de que el índice de riesgo país quiebre el piso de 400 puntos- ya parece haber neutralizado también la euforia que mostraba el propio Caputo hace apenas un mes, cuando se confirmó el acuerdo por el cual el Banco Mundial saldría como garante de una toma de deuda argentina.
En ese momento, el ministro de economía celebró que podría endeudarse a una tasa de 6%, en vez del 10% que le habían pedido los inversores durante todo el año.
Luis Caputo busca eludir el "riesgo kuka"
Como el Banco Mundial como garante de Argentina por u$s2.000 millones, se lograba un sueño de Caputo: saltear el "riesgo kuka" y poder emitir bonos que vencieran después de la elección presidencial de 2027.
El esquema acordado implica que los inversores que compren títulos de deuda soberana ya no deban preocuparse de quién gane en las elecciones presidenciales porque, aun cuando hubiese un nuevo gobierno que decidiera declarar un default o "reperfilar" los pagos, estará el Banco Mundial para poner la cara -y los dólares- ante los acreedores.
Era algo que no se había conseguido el año pasado pese al contundente apoyo del secretario del US Treasury, Scott Bessent. Como el propio presidente Trump dejó en claro durante su reunión con Javier Milei, el paquete de ayuda para estabilizar al peso únicamente se mantendría si el oficialismo tuviera un buen resultado electoral en las legislativas. Ergo, lo que el mercado interpretó es que si el peronismo recupera su fuerza en las urnas, ese apoyo financiero de Estados Unidos no continuará disponible.
Para Caputo, esto constituía un problema, porque para hacer frente al pesado calendario de vencimientos de la deuda es necesario emitir bonos a mediano plazo. Y, hasta ahora, todos los pagos fueron hechos gracias a tomar crédito con vencimiento muy próximo.
Le ocurrió con los préstamos en modalidad "repo" -es decir, que piden bonos como garantía-, que fueron tomados el año pasado por u$s3.000 millones, en dos tramos. Acaban de ser renovados, de forma tal que vencerán en 2028, ya en el nuevo período de gobierno. La tasa es variable, y a valores de hoy ronda el 8%. Pero aun así no resulta suficiente frente al exigente calendario de pagos.
De plan B a plan A para conseguir dólares
Lo cierto es que el gobierno todavía no terminó de garantizar los más de u$s23.000 millones que vencen durante el año próximo -de los cuales una tercera parte corresponde a intereses y no podrán ser "rolleados".
Es por eso que genera tanta euforia el holgado saldo de la balanza comercial, que está dejando todos los meses un promedio de u$s3.000 millones, gracias al mix de la exportación petrolera récord y a un bajón en el nivel de importaciones. Eso permite que el Banco Central continúe su política de compras de divisas -ya supera los u$s13.100 millones adquiridos en lo que va del año-.
Pero, sobre todo, lo que Caputo necesita es que el Tesoro pueda adquirir dólares a una tasa que el gobierno considere aceptable. Esto implica que no haya un castigo excesivo por el riesgo político, sino que la tasa sea determinada por los fundamentales de la economía argentina.
Y Caputo está convencido de que sus argumentos serán mejor recibidos en el mercado local que en el exterior. Sobre todo, cuando solamente una porción de algo más de 50% de los depósitos fueron prestados como crédito al sector privado, y el resto permanece líquido.
Eso fue lo que convenció al ministro de lanzar el tercer tramo de su bono en dólares, que tiene el incentivo de pagar una renta mensual -lo cual lo hace apetecible para los fondos comunes de inversión-. En realidad, esa idea empezó como un "plan B" ante el cierre del mercado internacional, pero el ministro se encontró con que había conseguido con mucha facilidad completar el primer tramo de u$s2.000 millones, a una tasa llamativamente baja de 5,25%.
Claro que la situación fue distinta con el segundo bono, que ya no tenía vencimiento en 2027 sino en 2028 es decir, que incluye la posibilidad de que deba ser devuelto con otro presidente sentado en el sillón de Rivadavia-. En ese caso, la tasa subió sustancialmente, en torno de 8,6%.
Toto Caputo había argumentado que lo que explicaba esa gran diferencia de tasas en dos bonos idénticos, era el hecho de que el segundo vencía una vez terminado el mandato de Javier Milei. Y por eso acuñó la expresión del "costo financiero kuka", en alusión a que los 300 puntos básicos de diferencia reflejaban el temor del mercado a que un eventual gobierno peronista pudiera incurrir en default de la deuda.
El mercado local es mejor negocio
Sin embargo, esa situación no lo desanimó para lanzar otro bono con vencimiento en 2029, que hizo un prometedor debut -recaudó u$s470 millones a una tasa nominal de 7,9%- y que el próximo miércoles volverá a testear el humor del mercado.
El objetivo del ministro es completar otro cupo de u$s2.000 millones con el nuevo bono, algo que en el sistema bancario consideran perfectamente factible. La emisión se consideró como una señal del Tesoro en el sentido de que quiere estirar sus plazos de vencimiento con un costo financiero inferior al 8%.
¿Cuánto le pedirían hoy a Caputo si saliera a colocar un título en el mercado internacional? Teniendo en cuenta que el Treasury a 10 años -considerado la referencia internacional- ronda los 470 puntos, sería casi imposible que Argentina pudiera tomar crédito en dólares a menos de 9,20% nominal anual. Sigue siendo negocio alejarse de Wall Street y mirar los dólares del mercado local.