Sueldos están comenzando a ganarle a la inflación y Milei sueña con la reactivación

Tras el IPC de agosto, Milei necesita que la economía vuelva a moverse. Y, sobre todo, que esa recuperación se sienta en el bolsillo de los votantes
Javier Milei con billetes de pesos sobre un fondo azul. Imagen generada por iProfesional

Puntos importantes

Checkbox Checked El Gobierno debe reactivar el consumo interno para las elecciones de 2027, priorizando la actividad económica sobre la sola baja de inflación.
Checkbox Checked La estrategia clave es lograr una inflación del 1% con aumentos salariales del 2% para recuperar gradualmente el poder adquisitivo.
Checkbox Checked Si no funciona, habrá equilibrio sin mejora popular, afectando la recaudación fiscal y la sostenibilidad del plan a largo plazo.

Lo reclaman desde Domingo Cavallo a Martín Redrado. Desde Miguel Kiguel a Carlos Melconian. El Gobierno necesita reactivar el consumo interno si pretende sostener el plan económico y ganar las elecciones de 2027.

En líneas generales, los economistas referentes de la City aseguran que, así como están las cosas, el Gobierno podría asegurar cierta estabilidad cambiaria gracias a los dólares de vaca Muerta y a la estrategia de Luis Caputo, pero corre el riesgo de que los votos se corran hacia otra alternativa política, si es que no hay combustible para el consumo de las familias.

El plan de Javier Milei, a punto de cumplirse: los sueldos vencerían a la inflación este año

Javier Milei enfrenta un desafío muy distinto al que tenía hace un año. La batalla por bajar la inflación ya no alcanza: ahora necesita que la economía vuelva a moverse. Y, sobre todo, que esa recuperación se sienta en el bolsillo de los votantes.

La estrategia oficial no pasa por un plan de estímulo clásico; nada de "plan platita". Todo lo contrario. En la Casa Rosada creen que el mayor impulso al consumo puede venir de una combinación mucho más delicada: una inflación mensual que empiece con "1" y paritarias que se ubiquen sistemáticamente por encima de ese nivel.

Es la gran apuesta económica de los próximos meses. Por lo pronto, la inflación de agosto arrojó un índice de 1,7%. Si funciona, el consumo podría comenzar a reaccionar, la actividad recuperar dinamismo y la recaudación volver a crecer.

Si falla, el Gobierno llegará a la recta final hacia las elecciones de octubre de 2027 con una economía que mantiene el equilibrio financiero, pero sin mostrar una mejora perceptible para la mayoría de la población.

El problema ya no es la inflación: es la actividad

Los economistas coinciden en que el gran gran indicador de cara a las próximas elecciones es la economía real.

Un informe de Fundación Capital -dirigida por Martín Redrado- sostiene que la actividad crece apenas alrededor del 2% interanual y de manera muy desigual.

Los sectores vinculados al agro, la energía y la minería lideran la expansión, mientras que la industria y el comercio siguen rezagados, justamente las actividades con mayor generación de empleo urbano.

Ese diagnóstico explica buena parte de las decisiones recientes del Gobierno: flexibilización del crédito en dólares para empresas, impulso a los préstamos hipotecarios y una batería de medidas destinadas a reactivar el financiamiento sin alterar el ancla monetaria.

Pero ninguna de esas herramientas tendrá impacto masivo si las familias no recuperan capacidad de compra.

La hoja de ruta del Gobierno: inflación de 1% y salarios de 2%

Las negociaciones salariales empiezan a mostrar el escenario que viene imaginando el Palacio de Hacienda.

De acuerdo con el relevamiento de la consultora del economista Fernando Marull, los acuerdos que se están cerrando para el segundo semestre convergen hacia aumentos mensuales cercanos al 2%, mientras la inflación proyectada desciende progresivamente hasta estabilizarse en torno al 1,6%.

El promedio de las paritarias privadas muestra una dinámica elocuente, de acuerdo a Marull.
El promedio de las paritarias privadas muestra una dinámica elocuente, de acuerdo a Marull.

La lógica oficial es sencilla: aunque los salarios no tengan aumentos espectaculares, una diferencia de medio punto porcentual mensual frente a la inflación genera una mejora gradual del ingreso real. Después de varios meses, ese efecto comienza a traducirse en mayor consumo.

La Fundación Capital también llega a una conclusión similar. Según sus estimaciones, las últimas paritarias del sector privado registrado rondan el 2,3% mensual durante el tercer trimestre, por encima de una inflación promedio cercana al 1,9%.

El salario real mejoraría, aunque todavía de manera insuficiente para recuperar completamente el poder adquisitivo perdido durante la primera parte del año.

Ojo con el superávit: cae la recaudación y el Gobierno ajusta

La urgencia oficial por levantar los ingresos de los asalariados persigue además una explicación fiscal.

Desde hace varios meses la recaudación tributaria crece por debajo de la inflación, un fenómeno que refleja la debilidad de la actividad económica. IVA, impuestos ligados al consumo y varios tributos asociados al mercado interno muestran un desempeño mucho más flojo que el esperado.

Esa situación empezó a achicar el superávit primario. Y en el mercado ya aparecen proyecciones que anticipan que el resultado financiero —el que incluye el pago de intereses— podría cerrar levemente negativo, en torno al 0,2% del PBI.

Hasta ahora el Gobierno compensó esa menor recaudación con una poda permanente del gasto público. Funcionó. Pero incluso dentro del oficialismo admiten que ese camino tiene límites: resulta difícil seguir ajustando indefinidamente sin afectar áreas sensibles de la economía.

Por eso la prioridad cambió. Hoy el equilibrio fiscal necesita menos motosierra y más crecimiento.

La cuenta regresiva hacia las elecciones de 2027

Los mercados ya empezaron a mirar ese horizonte político.

El último reporte de Fundación Capital detecta una diferencia muy marcada entre los bonos que vencen antes de las elecciones presidenciales y aquellos que lo hacen después.

Mientras el riesgo implícito hasta octubre de 2027 permanece por debajo de los 100 puntos básicos, para los doce meses posteriores supera ampliamente los 1.000 puntos.

Esa brecha refleja una pregunta que empieza a dominar las decisiones de inversión: si el programa económico será sostenible más allá del actual mandato.

La respuesta, paradójicamente, podría depender menos de Wall Street que de los supermercados.

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