Preocupación por los ruidos alrededor de Caputo y una interna que crece sobre la economía
En la City y Wall Street hay intranquilidad por los rumores que involucran al ministro. Más que en Alberto Ades, las miradas van hacia Sturzenegger
"De 20 preguntas que los inversores le hacen a Caputo, 15 son sobre la economía real. Hay verdadero temor a que las cosas sigan sin funcionar y ponga en riesgo la reelección de Javier Milei. Es lo que más les interesa".
Javier Timerman, un financista con tres décadas de experiencia en Wall Street, refiere con contundencia el estado de ánimo de los financistas.
Timerman acaba de regresar desde Estados Unidos, donde fue testigo del último contacto entre el ministro de Economía y los inversores.
En Wall Street hay preocupación por la marcha de la economía. Los inversores creen que podría ser un obstáculo en el camino de Milei hacia la reelección, por el malhumor creciente de los electores. "Allá el Presidente tiene 100% de apoyo. Los financistas no ven otra alternativa. El mercado quiere la reelección de Milei", asegura Timerman en diálogo con iProfesional.
La mirada ya está puesta en las elecciones presidenciales de 2027
A mediados de abril, Caputo sorprendió con una definición cargada de optimismo: aseguró que la Argentina tenía por delante los mejores 18 meses de las últimas dos décadas.
Casi seis meses después, aquella promesa contrasta con una realidad que empieza a generar inquietud no solamente entre los empresarios y los economistas de la City, sino también dentro del propio Gobierno.
La economía no reacciona. Los sectores que más empleo generan siguen sin encontrar un piso firme desde el cual iniciar una recuperación sostenida. Y las últimas proyecciones de consultoras privadas encendieron una señal de alerta: la actividad podría ingresar en una recesión técnica, sin perspectivas de una mejora sensible en el corto plazo.
El problema es que el calendario político no espera. Milei ya tiene la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027, en una campaña que para el "círculo rojo" arrancó demasiado temprano.
A casi un año de las definiciones, la sospecha de que las decisiones empresarias quedaron en una especie de "wait and see" se generaliza.
La apuesta de Caputo y Milei: dólar tranquilo e inflación bajo control
Un economista con buen diálogo con el equipo económico, que mantuvo contacto durante las últimas semanas tanto en Nueva York como en París, resumió la estrategia oficial: Caputo y Milei están jugados a llegar a las elecciones con el dólar tranquilo y la inflación contenida.
La recuperación de la actividad, al menos por ahora, aparece relegada frente a esos dos objetivos.
En ese contexto se entiende que Federico Furiase haya reactivado en las últimas horas la idea de un plan "bazuca" de dólares: un escudo financiero destinado a convencer a los inversores de que el Gobierno contará con suficientes recursos para enfrentar una eventual corrida cambiaria.
La señal más tranquilizadora llegó desde Washington. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, volvió a dejar abierta la posibilidad de asistir a la Argentina si aparecieran turbulencias financieras antes de las elecciones.
El argumento es geopolítico. Para Estados Unidos, la Argentina de Milei constituye una apuesta estratégica en la región. Y el respaldo que Washington brindó el año pasado es presentado como una experiencia exitosa.
Sin embargo, en las mesas de banqueros locales y también en Wall Street también saben que la disponibilidad de dólares no resuelve por sí sola el problema de una economía que no consigue despegar.
Una interna incómoda que se agranda
A las dificultades de la actividad se sumó durante los últimos días otro elemento que comenzó a preocupar a los operadores de la City: los ruidos políticos alrededor de Caputo.
No se trata, necesariamente, de una amenaza inmediata a su continuidad. De hecho, Milei se siente cómodo trabajando con el ministro y no existen señales concretas de que esté preparando su reemplazo.
Pero hubo episodios que llamaron la atención.
Uno de ellos fue la convocatoria presidencial a una reunión de gabinete de Alberto Ades, un economista que desde hace tres décadas reside en Nueva York y mantiene diferencias con aspectos centrales del programa económico.
Luce improbable que Ades pueda convertirse en el reemplazante de Caputo. Entre otras razones, porque tiene radicada a toda su familia en Estados Unidos y no estaría dispuesto a instalarse nuevamente en la Argentina.
De todas maneras, su presencia en la Casa Rosada generó fastidio. Caputo prefirió no participar de aquel encuentro para evitar una situación incómoda frente a alguien que cuestiona algunas de sus decisiones.
Ades considera que el Gobierno debería permitir un tipo de cambio más elevado para mejorar las condiciones de sectores productivos que atraviesan una situación delicada, especialmente la industria y la construcción.
Es una mirada que choca con la prioridad que hoy tiene Caputo: evitar cualquier movimiento cambiario que pueda poner en riesgo la desaceleración inflacionaria.
Por qué Sturzenegger es un foco de tensión
La interna, acaso más relevante por sus implicancias políticas, involucra a Federico Sturzenegger.
Dentro del oficialismo reconocen que existen roces, algunos explícitos y otros menos visibles, con el ministro de Desregulación. No se cuestiona su capacidad técnica ni su cercanía con Milei, sino el impacto político de algunas de sus posiciones en público.
En el entorno de Caputo consideran que determinadas propuestas y declaraciones de Sturzenegger, por su rigidez ideológica, pueden complicar la llegada del mensaje del equipo económico a inversores y a gobernadores alineados con el oficialismo.
Se trata de un punto especialmente sensible. El equipo económico necesita preservar canales de diálogo con las provincias y con los inversores y evitar conflictos que puedan agregar incertidumbre a un escenario ya complicado por la falta de crecimiento.
No es una discusión menor cuando el Gobierno necesita mostrar cohesión y previsibilidad frente a los mercados.
En el mercado preferirían que, al menos, no se agregue un problema político a los desafíos económicos.