El mapa energético con Brasil tras el triunfo de Lula con Vaca Muerta como eje bilateral
Puntos importantes
El capítulo energético de la relación bilateral entre la Argentina y Brasil vuelve a posicionarse en el centro de la agenda regional tras el triunfo en las elecciones presidenciales de ayer del mandatario Luiz Inácio Lula da Silva. La consolidación institucional en el país vecino genera el interés del mercado, dado que Brasil no solo representa la mayor economía de América Latina, sino que sus decisiones comerciales y macroeconómicas marcan el rumbo de todo el Cono Sur.
En esta nueva etapa, la necesidad mutua de consolidar un suministro de energía competitivo consolida a los recursos no convencionales de Vaca Muerta como el motor de la integración bilateral, más allá de las manifiestas diferencias políticas entre los actuales gobiernos de ambos países.
La industria pesada del gigante sudamericano enfrenta un déficit de gas natural, acentuado por la declinación histórica de los envíos de Bolivia y los altos niveles de reinyección en los yacimientos offshore del Pre-sal. Ante este escenario, programas emblemáticos de la administración brasileña como Gás para Empregar buscan abaratar los costos insulares y llevar los precios del insumo a valores competitivos de entre u$s5 y u$s7 por MMBtu.
Vaca Muerta emerge como la respuesta geoeconómica natural, dado que ofrece una cuenca con sobreoferta energética que requiere, con celeridad, colocar su producción en mercados de consumo masivo para monetizar su potencial.
Una política de Estado para el arco político de Brasil
La centralidad de Vaca Muerta dentro del tablero regional demostró ser un punto de convergencia que cruza a todo el arco político brasileño. En el marco de la campaña, referentes de la oposición encabezada por el otro candidato presidencial Eduardo Bolsonaro también posicionó la integración gasífera con la Argentina como un eje prioritario.
En encuentros con empresarios del sector y durante actividades internacionales compartidas con el presidente Javier Milei, el espacio bolsonarista respaldó activamente iniciativas privadas de gran escala, como el proyecto impulsado por el consorcio Gásbra para construir un ducto dedicado de 1.630 kilómetros y 35 millones de m³/día entre Tratayén y el estado de Río Grande do Sul.
Este interés alineado ratifica que, al margen de las lecturas ideológicas o las preferencias de gobierno, el abastecimiento energético regional desde la Cuenca Neuquina representa una necesidad industrial de Estado para el futuro económico de Brasil.
Tanto desde el oficialismo de Lula como desde la plataforma de sus adversarios políticos, la llegada del gas argentino es leída como la alternativa más competitiva para abaratar costos de producción y garantizar la seguridad energética del sur industrial brasileño.
Opciones de infraestructura para exportar el gas de Vaca Muerta a Brasil
Al analizar el impacto político de los comicios en el país vecino, el consultor energético Daniel Dreizzen destacó el peso determinante de Brasil, pero aclaró que las oportunidades de fondo van más allá de los ciclos políticos: "La política debe facilitar las inversiones y los acuerdos comerciales, en lugar de condicionarlos. Porque, más allá de quién gobierne en cada país, la integración energética puede generar beneficios económicos, empleo, inversiones y mayor competitividad para ambos países.
"Los intereses económicos y energéticos trascienden las diferencias políticas de los gobiernos. Existe una enorme complementariedad entre ambos países —agregó el titular de la consultora Aleph Energy—, especialmente en gas natural. Argentina tiene recursos extraordinarios en Vaca Muerta y necesita mercados de exportación, mientras que Brasil es un mercado enorme, con alta demanda energética e industrial y un potencial comprador de gas argentino".
Para dar respuesta a esta demanda, la agenda de infraestructura contempla diversas opciones de transporte. Desde la reversión del Gasoducto del Norte utilizando la red de Bolivia, hasta la traza Uruguaiana-Triunfo para abastecer al polo petroquímico del sur brasileño, el Gasoducto Bioceánico a través del Chaco paraguayo o la exportación indirecta de GNL.
A este entramado gasífero se le suma la histórica integración eléctrica binacional mediante las conversores fronterizas con Uruguaiana, que actúan como sistema de compensación (swap) técnica durante picos térmicos o sequías estacionales.
Una visión de largo plazo que traspase la frontera
Sin embargo, el salto cualitativo hacia contratos firmes de largo plazo —con metas de hasta 10 millones de m³/día hacia el final de la década y hasta 32 millones de m³/día a futuro— exige inversiones multimillonarias y marcos regulatorios estables.
En esa línea, Dreizzen hizo hincapié en que la visión de largo plazo debe prevalecer sobre las urgencias de la coyuntura política: "La continuidad de Lula no modifica sustancialmente los fundamentos de esta oportunidad energética. Puede haber diferencias en los enfoques regulatorios o en la velocidad de las decisiones, pero la complementariedad sigue existiendo".
"Estos proyectos no dependen solo de la voluntad política: para que el gas llegue en volúmenes significativos hacen falta inversiones en gasoductos, acuerdos comerciales de largo plazo, precios competitivos y reglas previsibles. La integración debe pensarse con una visión de largo plazo para generar beneficios económicos, empleo y competitividad a ambos países", reseñó el consultor.
Así, el nuevo mapa político iniciado con la jornada electoral en Brasil reafirma que las fuerzas de la oferta y la demanda energética imponen su propia lógica. Con certidumbre jurídica, infraestructura en marcha y tarifas armonizadas, la alianza gasífera entre la Argentina y Brasil promete transformarse en el proyecto de desarrollo industrial más importante de la región para las próximas décadas.