JP Morgan prende alarmas por el IPC: qué cambia y qué puede alterar tus inversiones
En el arranque de febrero, el mercado local volvió a girar alrededor de una pregunta que ordena carteras, precios y expectativas: si la desaceleración de la inflación ya está garantizada o si todavía quedan baches capaces de torcer el camino. Cuando el pulso de los precios parece estabilizarse, cualquier decisión técnica o dato inesperado puede amplificar la incertidumbre.
En ese tablero, los inversores miran cada número del índice de precios con lupa, pero también siguen con atención señales menos obvias: el pulso del consumo que se filtra en los impuestos, los cambios metodológicos que pueden alterar la lectura del indicador y la credibilidad del proceso de desinflación. No se trata solo de cuánto suben los precios, sino de qué rubros empujan y qué hay detrás de esa dinámica.
Esa combinación volvió a quedar en primer plano cuando una decisión estadística escaló a tema de agenda y, al mismo tiempo, las mediciones de alta frecuencia empezaron a sugerir que el primer dato de inflación del año no sería tan dócil como el mercado quería creer. En paralelo, la recaudación real y los tributos ligados al comercio exterior ofrecieron pistas sobre el ritmo de actividad.
Con un calendario cargado de publicaciones, la atención se desplazó a qué números podrían sorprender, qué componentes volverían a presionar y qué indicadores fiscales anticipan cómo se está moviendo la economía real detrás de los precios. Para quienes toman decisiones financieras, el desafío es leer el conjunto: precios, impuestos y reglas de medición en una misma foto.
El cambio del IPC, en pausa y con impacto político
Desde JP Morgan señalaron que el Gobierno decidió postergar la actualización metodológica del IPC y que esa determinación detonó un hecho institucional: la renuncia de Marco Lavagna, por entonces titular del INDEC, que comunicó su salida tras la decisión oficial.
Los especialistas del banco de inversión explicaron que el cambio estaba previsto para entrar en vigencia con la publicación del dato de enero, pero que las autoridades argumentaron que la postergación buscó evitar interpretaciones erróneas. En esa línea, apuntaron que el nuevo esquema quedaría para cuando el proceso de desinflación esté más consolidado.
Para JP Morgan, el trasfondo técnico del debate es claro: la nueva canasta implicaría mayor peso de los servicios, lo que en su lectura habría elevado algo más el registro de inflación en el corto plazo. Aun así, sus analistas estimaron que el efecto total debería ser moderado, con un impacto anual del orden de 1,5 puntos porcentuales.
Sus estrategas también indicaron que no se trata solo de una discusión estadística. En su evaluación, el cambio de canasta podía incidir en la medición de la pobreza y, por esa vía, influir en negociaciones salariales. Ese conjunto de derivadas, remarcaron, ayuda a entender por qué el Gobierno eligió aplazar la modificación.
Inflación de enero: el freno en la baja y el sesgo al alza
Sus expertos detallaron que el contexto que rodea la decisión es el de una inflación que venía mostrando rigidez: describieron que, en el último trimestre, el índice general había tenido dificultades para perforar el 7% mensual desde agosto.
Con ese punto de partida, desde JP Morgan actualizaron su escenario para enero y ubicaron la inflación en 2,5% mensual. Según su lectura, el ajuste incorporó la última semana del mes y reflejó que, al postergarse la actualización metodológica, se mantuvieron los pesos vigentes del índice.
Los analistas del banco de inversión agregaron que, aunque ese número implicaría una leve desaceleración frente al mes previo, el comportamiento seguiría siendo pegajoso y alineado con un promedio reciente cercano a 2,5%. Además, marcaron que el balance de riesgos continuaba inclinado al alza.
Al desagregar por rubros, indicaron que el empuje principal vendría por precios regulados, que proyectaron en torno a 2,7% mensual por nuevas subas en electricidad, gas, medicina prepaga y transporte. También anticiparon que los estacionales se reactivarían por encima de 2%, con normalización de verduras tras meses de caída y con presión adicional por precios recreativos propios de la temporada turística.
Núcleo, alimentos y la inflación de fondo que sigue el mercado
En el tramo más fino del análisis, los especialistas del banco de inversión estimaron que el componente núcleo tendería a desacelerar hacia 2,5% mensual luego de la aceleración del mes anterior, convergiendo al promedio de los últimos tres meses.
Dentro del núcleo, sus analistas apuntaron que los alimentos subirían alrededor de 2,5% mensual, con la carne todavía en niveles elevados: la ubicaron en 3,6% mensual, aunque con señales de desaceleración en el margen.
Los expertos de JP Morgan también destacaron su medida preferida para seguir la inflación subyacente, el núcleo excluyendo alimentos. Para esa variable, proyectaron una baja hacia 2,3%, consistente con su promedio móvil de tres meses.
En conjunto, el diagnóstico que dejaron sobre la mesa es que la desaceleración no es lineal: puede haber moderación en la inflación de fondo, pero convive con regulados y estacionales capaces de sostener el registro general y de volver más sensible la lectura mensual.
Recaudación e IVA: el termómetro fiscal que vuelve al centro
El informe también se detuvo en los impuestos como termómetro de actividad y, bajo el foco en el IVA ligado al consumo, repasó la evolución reciente de la recaudación. Para JP Morgan, en enero la recaudación real cayó 7,5% interanual (bajo su estimación de inflación mensual del 2,5%), lo que marcó otro mes de contracción.
Los especialistas del banco detallaron que la mayor caída se vio en ingresos ligados a exportaciones, con un descenso de 40,6% interanual, que asociaron principalmente a la reducción anunciada de gravámenes hacia fines de 2025. En paralelo, mencionaron bajas en IVA (-12,3%) y en derechos de importación (-13%), que superaron el leve avance del impuesto a las ganancias ( 0,4%).
En la comparación secuencial y ajustada por estacionalidad, desde JP Morgan indicaron que la recaudación real retrocedió 1,2% mensual en enero, revirtiendo parte del salto de diciembre (cerca de 3% mensual). Aun con el arrastre negativo anual por efectos base, observaron un rebote secuencial fuerte en los ingresos por exportaciones tras la debilidad vista en el cuarto trimestre de 2025.
El contrapunto, agregaron, fue el desempeño de los ingresos asociados a importaciones, que estimaron en -9,7% mensual (ajustado por estacionalidad), amortiguando parte de la mejora del lado exportador. En esa foto, remarcaron que la lectura fiscal combina señales contrapuestas entre consumo interno y comercio exterior.
La agenda inmediata: cuándo llega el dato y qué números dejó la hoja de ruta
Con ese panorama, los analistas de JP Morgan recordaron que la publicación del dato de inflaciónes el martes 10 de febrero, que funcionaría como test del escenario de inflación pegajosa que venían describiendo.
En su cuadro de proyecciones, los especialistas del banco de inversión consignaron un sendero reciente de inflación mensual que ubicaron en 2,3% en octubre, 2,8% en noviembre, 2,5% en diciembre y 2,5% en enero, consistente con la revisión que realizaron sobre el cierre del primer mes del año.
El documento también revisó la información fiscal conocida en la semana previa y volvió a ponerla en el centro del análisis. Allí, se detuvo en la recaudación y, en particular, en el IVA y los tributos ligados al comercio exterior.
Así, la hoja de ruta que dejaron los estrategas del banco de inversión para Argentina se concentra en tres frentes: cómo se mide el IPC, qué pasa con los rubros que empujan el índice y qué dice la recaudación sobre la economía real.