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Luis Caputo consiguió algo de aire financiero, pero todavía no el alivio económico que necesita. El Gobierno avanzó con una garantía del Banco Mundial para refinanciar vencimientos en dólares a una tasa más baja que la que hoy enfrentaría en el mercado y, además, captó otros u$s500 millones en la plaza local. Traducido: gana margen para cubrir deuda, cuidar reservas y sostener la calma cambiaria sin salir a endeudarse más caro afuera.
Banco Mundial y mercado local: la doble vía que le da aire al Gobierno
La pieza más importante de esa estrategia es el acuerdo con el Banco Mundial. Caputo explicó que la garantía sería por hasta u$s2.000 millones y serviría para refinanciar capital, no para tomar deuda nueva. La tasa estimada se ubicaría entre 5,5% y 6,5% anual, bastante por debajo del costo cercano al 10% que debería convalidar hoy la Argentina si volviera al mercado voluntario.
A eso se sumó una nueva señal del mercado local. En su última licitación en dólares, el Tesoro logró completar un cupo de u$s500 millones y lo hizo a una tasa menor que en la colocación anterior. El dato le sirve al oficialismo por dos motivos: refuerza la idea de que todavía hay liquidez doméstica para seguir financiándose y le evita, al menos por ahora, una salida prematura a Wall Street.
Menos pesos sueltos y más margen para que los bancos presten
Pero el plan no termina en los dólares. El Gobierno sigue cuidando el frente monetario. En la última licitación en pesos, vencían títulos por $7,8 billones, pero el Tesoro colocó además un excedente de $2,1 billones, con un rollover de 127%. La señal fue clara: seguir absorbiendo liquidez para evitar que sobren pesos en la economía.
Al mismo tiempo, el Banco Central aflojó encajes para que los bancos tengan más margen para prestar. La integración diaria mínima bajó de 75% a 65%, en una decisión que apunta a normalizar el sistema y a dar algo más de espacio al crédito sin resignar el sesgo monetario contractivo. Ahí está hoy una de las tensiones más delicadas del programa: secar la plaza para no alimentar la inflación, pero sin frenar del todo el financiamiento.
La inflación mayorista y la recaudación muestran el límite del plan
El problema es que la inflación no afloja al ritmo que necesita el Gobierno. En marzo, el índice mayorista también subió 3,4%, en línea con el IPC, y el principal impulso vino del rubro energético: petróleo crudo y gas saltaron 27,3% frente a febrero. El dato confirma que el shock externo ya pegó en la estructura de costos y que puede seguir trasladándose a la cadena productiva.
Tampoco el ancla fiscal luce tan sólida como en el discurso oficial. Marzo dejó un superávit primario de $930.000 millones y uno financiero de $484.000 millones, pero el ingreso tributario acumula ocho meses consecutivos de caída real. A eso se suma otro límite: el propio FMI recortó la meta fiscal del año de 2,2% del PBI a 1,4%, una corrección que implica una baja de 36% en el saldo esperado frente a la proyección anterior.
En síntesis, el Gobierno ganó tiempo para manejar deuda, reservas y dólar. Pero la prueba más difícil sigue siendo otra: bajar la inflación sin quedarse sin margen fiscal.