VIDEO | Panorama económico financiero de hoy en menos de 90 segundos
El Gobierno quiere que la economía entre en una nueva etapa: menos pesos atrapados en la deuda pública y más crédito llegando a empresas y consumo. El problema es que ese giro todavía choca con una realidad bastante más áspera en la calle. Hoy el oficialismo gana margen financiero, pero todavía no logra que esa mejora se traduzca en más ingresos, más ventas o más empleo.
Caputo consiguió dólares para julio y mantuvo cerrada la canilla de pesos
La última licitación dejó dos señales clave para el equipo económico. Por un lado, el Tesoro captó u$s700 millones a través de los Bonares AO27 y AO28, una caja que apunta a reforzar el frente financiero antes del vencimiento de u$s4.300 millones previsto para julio de 2026. Por otro, refinanció la deuda en pesos con un rollover de 102,15%, sin liberar más liquidez al mercado.
Esa combinación no fue casual. Economía busca seguir absorbiendo parte de los pesos que el Banco Central emite para comprar reservas, al mismo tiempo que se asegura dólares para afrontar pagos de deuda sin desordenar la plaza. En la práctica, ganó aire para el frente financiero sin resignar control monetario.
El plan oficial ahora apunta a que más pesos vayan al crédito
Pero ese esquema no está pensado para quedarse igual mucho tiempo. El objetivo oficial es que en el segundo semestre vuelva el llamado "Punto Anker": que el Tesoro deje de absorber sistemáticamente pesos y que una mayor parte de esa liquidez quede en los bancos para canalizarse hacia préstamos al sector privado. La apuesta es que el crédito al sector privado aumente el equivalente a 0,3% del PBI hacia fin de año, unos u$s21.000 millones o $30 billones.
Ahí aparece una tensión concreta. El Gobierno necesita que los bancos presten más, pero el sistema todavía se está acomodando después de una primera ola de expansión crediticia que dejó una mora muy alta, sobre todo en préstamos personales. Bausili aseguró que esa mora fue una consecuencia directa del aumento del crédito y del proceso de aprendizaje de bancos y clientes, y señaló que en marzo y abril ya empezó a verse una desaceleración en el deterioro de las carteras.
La calle sigue mostrando otra cosa: ingresos débiles, consumo flojo y bancos cautos
El problema es que, para que el crédito despegue de verdad, del otro lado tiene que haber familias con más margen y empresas vendiendo mejor. Y eso todavía no aparece. Según un informe de la Fundación Mediterránea la masa total de ingresos sigue 4% por debajo de octubre de 2023, mientras los asalariados continúan entre los más golpeados.
La misma fragilidad aparece en el consumo. En marzo, el consumo masivo cayó 5,1% interanual y en supermercados la baja fue de 7%. En cambio, el comercio electrónico creció 34,3% y las compras puerta a puerta vía courier llegaron a u$s103 millones, con un salto de 123,1% interanual. Esa reconfiguración del gasto ya empieza a dejar marcas visibles: la cantidad de locales vacíos en las principales zonas comerciales de CABA subió 38,5% interanual y casi la mitad de las pymes evalúa reducir personal en los próximos seis meses.
Con ese cuadro, la cautela de los bancos no sorprende. Aunque el Central ve una mejora marginal en marzo y abril, los privados siguen mirando con atención la mora y dudan de que pueda haber un boom de préstamos en el corto plazo si la recuperación no se afirma primero en ventas e ingresos.
En síntesis, el Gobierno ganó aire para la deuda y quiere empujar el crédito. Pero la recuperación todavía no logra afirmarse en algo más básico: ingresos, consumo y empleo.