VIDEO | Panorama económico financiero de hoy en menos de 90 segundos
El dólar volvió a acelerar y eso obligó al Gobierno a concentrarse otra vez en una prioridad muy concreta: que la suba no se desordene. En junio, el oficial ya avanza 5%, bastante más rápido que la inflación, en un contexto de mayor demanda privada de divisas. Importadores que se adelantan, empresas que giran ganancias al exterior, más compras para viajar y un dólar fortalecido en el mundo empujan un mercado que venía mucho más calmo durante el primer semestre.
La señal que hoy domina en la City es bastante clara. El Gobierno acepta que el dólar suba, pero quiere que lo haga de manera gradual y sin ruido. Por eso reaparecieron las sospechas sobre una mayor presencia del Banco Central en el mercado de futuros y por eso también la próxima licitación de deuda del Tesoro pasó a ser mucho más que una simple renovación de vencimientos.
El dólar se mueve más rápido y el Gobierno quiere evitar una suba desordenada
En las últimas ruedas, el tipo de cambio dejó de moverse a ritmo de ancla y empezó a correr bastante más rápido. El mayorista se ubicó en $1.479, el minorista quedó cerca de $1.500 y el MEP superó esa barrera. No parece una corrida, pero sí un cambio de etapa respecto de los meses en los que el dólar venía virtualmente planchado.
Detrás de esa suba aparecen varios factores al mismo tiempo. El primero es global: el dólar se fortaleció frente a otras monedas por la expectativa de una Reserva Federal más dura. El segundo es local: aumentó la demanda privada de cobertura, con importadores que se anticipan, empresas que remiten dividendos, pagos en moneda extranjera y más compras minoristas por viajes al exterior. A eso se sumó una dolarización de productores que vendieron soja, cobraron pesos y salieron a recomponer posiciones en divisas.
En paralelo, en el mercado de futuros volvió a crecer fuerte el volumen operado y el interés abierto, lo que reavivó las sospechas de intervención oficial para bajar tensión. El mensaje que el mercado lee es que Economía está dispuesta a dejar que el tipo de cambio recupere algo de terreno, pero no a permitir que esa corrección se convierta en ruido financiero o en una señal de descontrol.
Caputo llega al vencimiento de $16 billones con la licitación como prueba clave
En ese contexto llega el vencimiento de $16 billones de este viernes. Y Luis Caputo tiene un objetivo muy claro: renovar esa deuda y, además, sacar pesos de la plaza para que no terminen empujando todavía más al tipo de cambio.
Si repite la línea de las últimas licitaciones, el Tesoro no se va a conformar con cubrir los vencimientos. Podría absorber hasta unos $3 billones extra. La lógica oficial es conocida: cada vez que el Banco Central compra dólares, emite pesos, y el equipo económico quiere evitar que esa liquidez se convierta en presión sobre precios o sobre el mercado cambiario.
Por eso la licitación tiene hoy una función doble. Sirve para administrar vencimientos y también para reforzar la contracción monetaria. En el menú vuelven a aparecer Lecap, bonos duales, títulos atados al dólar y colocaciones en hard dollar, todo pensado para atraer demanda y, al mismo tiempo, extender plazos más allá de 2027. No es solo una operación financiera: es parte del intento de sostener la calma cambiaria justo cuando el mercado empezó a probar otro ritmo para el dólar.
Reservas frágiles, más mora y un crédito cada vez más exigido
El problema es el costo de esa defensa. El Banco Central volvió a comprar dólares, sí, pero las reservas igual sufrieron la mayor caída diaria en dos meses. Cayeron u$s532 millones y cerraron en u$s46.937 millones. Parte de esa baja se explicó por la caída del oro y por pérdidas de valuación de otras monedas, pero el dato dejó igual una señal incómoda: el Central compra, aunque la acumulación efectiva sigue siendo frágil.
Y al mismo tiempo aparece otra tensión más cercana a la economía cotidiana: el crédito. Caputo ya les pidió a los bancos que bajen tasas y estiren refinanciaciones después de que la mora de personas físicas saltara de 3,3% a 11,5% en apenas un año. Eso muestra hasta qué punto el frente financiero y el frente del bolsillo ya empiezan a tocarse.
Ahí está hoy el equilibrio más delicado. Para contener al dólar, el Tesoro vuelve a absorber pesos y mantiene una política monetaria dura. Pero esa misma estrategia tiende a sostener tasas altas, encarecer el financiamiento y complicar más a familias y empresas que ya vienen ajustadas. En otras palabras, el Gobierno necesita que el dólar no se desordene, pero tampoco puede seguir endureciendo tanto las condiciones sin afectar más el crédito.
Ese es el punto a mirar en las próximas horas: si Caputo consigue sostener la calma cambiaria sin volver más pesado el financiamiento y sin enfriar todavía más una economía que ya viene frágil. Porque el dólar puede subir de manera ordenada, pero cada vez que ese orden se defiende con menos liquidez y tasas más exigentes, la cuenta en la economía real se vuelve más difícil.