Economista cercano al Gobierno, Miguel Kiguel, lanzó advertencia por reservas y actividad
Considera que el Gobierno llega sólido en materia de inflación, pero sugiere que los próximos once meses estarán atravesados por una tensión creciente
El Banco Central arrancó la semana con una compra de u$s12 millones en el mercado, y lo que hasta ahora podía interpretarse como una cuestión puntual, ahora hay que seguirlo como una nueva tendencia.
Desde que arrancó el mes, la autoridad monetaria viene comprando la tercera parte de las divisas adquiridas durante agosto, que a su vez ya habían sido menos de la mitad que en julio.
La acumulación de reservas es seguida con lupa por los financistas: de ella depende la posibilidad de la Argentina de cumplir con los exigentes compromisos de deuda del año que viene. Sin chances de salir a los mercados internacionales, entonces habrá que conseguir los dólares por otras vías.
El Banco Central compra menos reservas
Después de ocho meses de fuertes compras de dólares, ahora la situación se puso más complicada. Un poco por una lógica cuestión estacional; pero también bastante por culpa de una demanda de divisas que empieza a recalentarse, aun cuando restan 11 meses para las PASO.
La actual dinámica genera preocupación en la City. El Banco Central compra menos reservas; el riesgo país volvió a subir en las últimas semanas y buena parte de la economía real continúa estancada, con la industria, la construcción y el comercio muy lejos del dinamismo que muestran Vaca Muerta, la minería o el agro.
En ese contexto, Miguel Kiguel, director de la consultora EconViews y un economista considerado cercano al pensamiento económico del oficialismo, elaboró un diagnóstico que funciona también como advertencia: el Gobierno deberá atravesar cuatro desafíos simultáneos si pretende llegar competitivo al año electoral.
El dilema de los dólares
Para Kiguel, el principal frente de batalla sigue siendo el cambiario.
Después de un comienzo de año excepcional, cuando el Banco Central logró acumular más de u$s14.000 millones, septiembre mostró un cambio de tendencia: las compras diarias cayeron con fuerza y el flujo de divisas ya no luce tan holgado.
Es exactamente la tensión que iProfesional viene describiendo en las últimas semanas: el Gobierno intenta mantener al dólar muy lejos del techo de la banda —hoy ubicado en torno de los $1.900— mientras al mismo tiempo necesita seguir engrosando las reservas para fortalecer el programa financiero y reducir la vulnerabilidad externa.
Kiguel sostiene que todavía existe margen para seguir acumulando dólares si reaparecen los flujos financieros y el contexto internacional acompaña. Pero advierte que sería un error relajarse justamente cuando las materias primas vuelven a ofrecer una ventana favorable.
El programa financiero todavía necesita más respaldo
Según el economista, el Tesoro deberá comprarle alrededor de u$s5.000 millones al Banco Central y además conseguir cerca de u$s8.000 millones mediante colocaciones para cubrir los compromisos del próximo año.
Se trata de un objetivo alcanzable, aunque mucho más exigente ahora que el riesgo país dejó de bajar.
En la City existe una sensación compartida: el Gobierno desaprovechó parte de las ventanas que tuvo entre febrero y julio para volver a financiarse en mejores condiciones. Si el EMBI permanece elevado, emitir deuda volverá a ser significativamente más caro.
Por eso la estabilidad del dólar dejó de ser un objetivo aislado y pasó a formar parte del blindaje financiero que diseña Luis Caputo para atravesar el proceso electoral.
La economía real sigue siendo la mayor deuda
Si el frente financiero genera preocupación, el diagnóstico sobre la actividad resulta todavía más incómodo.
Kiguel afirma que la economía necesita reaccionar porque difícilmente la desaceleración inflacionaria alcance por sí sola para mejorar el humor social.
Los últimos datos oficiales muestran caídas mensuales de 5% en la industria y de 4,6% en la construcción durante julio, mientras el empleo registrado volvió a retroceder y el crédito permanece prácticamente estancado, en medio de un salto de la morosidad de las familias endeudadas.
El propio Gobierno parece haber tomado nota de ese problema. La flexibilización de los créditos hipotecarios, el impulso al financiamiento en dólares y algunas señales sobre mejoras salariales forman parte de un giro mucho más pragmático que el observado durante 2025.
Sin embargo, Kiguel cree que esas medidas ayudan, pero difícilmente alcancen para producir una reactivación potente si no vuelve a crecer el crédito y si los salarios reales no recuperan capacidad de compra.
El equilibrio fiscal ya no luce tan cómodo
El tercer desafío aparece donde Milei construyó su principal bandera política: el déficit cero.
Para el director de EconViews, una desaceleración de la actividad inevitablemente afecta la recaudación. Y aunque hoy no ve un problema grave, sí advierte sobre el riesgo de ingresar en un círculo donde menos crecimiento obliga a nuevos ajustes, esos ajustes reducen aún más la actividad y el Estado termina recaudando menos.
Un reporte del IARAF, institución especializada en cuestiones fiscales, dirigida por el economista Nadín Argañaraz, detectó que el Gobierno viene aplicando ajustes permanentes en el gasto público, para compensar la caída real de la recaudación tributaria.
La advertencia no apunta contra el superávit fiscal. Todo lo contrario: plantea que la verdadera prueba será sostenerlo mientras la economía abandona la dependencia casi exclusiva de los sectores vinculados a las exportaciones.
La prioridad de Javier Milei: la inflación
El cuarto desafío sintetiza toda la estrategia oficial.
Kiguel sostiene que, cada vez que el Gobierno debió elegir entre impulsar la actividad o profundizar la desinflación, siempre optó por lo segundo. Y no espera que esa lógica cambie de aquí a las elecciones.
Eso implicaría la aceptación de tasas de interés relativamente elevadas durante eventuales episodios de tensión cambiaria y seguir defendiendo un tipo de cambio fuerte como principal ancla de expectativas.
Su escenario base es optimista respecto de los precios: la inflación continuaría descendiendo durante los próximos meses y recién podría mostrar alguna aceleración moderada a medida que avance la incertidumbre electoral de 2027.
Después de los primeros 1.000 días de Javier Milei en la Casa Rosada, la estabilización ya no parece ser el principal desafío.
El verdadero examen será demostrar que esa estabilidad puede convivir con una economía que vuelva a generar empleo, inversión y crecimiento sin poner en riesgo los dos pilares que el Presidente considera innegociables: el equilibrio fiscal y la inflación.