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Garbarino: del gigante de electrodomésticos a la quiebra

De líder del retail a la quiebra. Cómo Garbarino pasó de dominar el mercado argentino a desaparecer luego de varios años de crisis
Por IM
NEGOCIOS - 21 de Abril, 2026

La historia de Garbarino es, en muchos aspectos, un reflejo de los cambios que atravesó el consumo en la Argentina durante las últimas décadas. Durante años, la empresa logró posicionarse como una de las principales cadenas de electrodomésticos del país, con fuerte presencia territorial debido a sus múltiples sucursales, una marca fuerte e incluso financiamiento propio para sus clientes.

Sin embargo, detrás de ese crecimiento sostenido se fue gestando un proceso de deterioro que combinó decisiones empresariales, cambios en el mercado y un contexto macroeconómico cada vez más complejo.

De la expansión al cambio de dueños: el inicio del quiebre

Fundada en 1951, Garbarino creció hasta convertirse en uno de los grandes jugadores del retail argentino. Su modelo de negocio se apoyó en la venta de electrodomésticos en cuotas, una estrategia clave en un país con alta inflación y restricciones al crédito.

Durante su etapa de mayor expansión, llegó a contar con más de 240 sucursales, emplear a 4.500 personas y una fuerte presencia tanto en grandes ciudades como en plazas del interior, llegando a tener el 25% del mercado minorista.

De hecho, en 2005, lanzó su proyecto industrial en Tierra del Fuego (aire acondicionado, televisores, etc.), aprovechando los beneficios del programa de sustitución de importaciones. Entre 2007 y 2012 abrió unas 35 nuevas sucursales, consolidando su liderazgo.

Para 2016-2018 todavía presentaba balances positivos: en 2018 ingresó $21.977.000.000 con una ganancia de $25.000.000. De hecho, en ese año, los dueños, los hermanos Daniel y Omar Garbarino, figuraban en la lista Forbes de los hombres más ricos de la Argentina

No obstante, paradojicamente se trato de los años en los que el negocio ya estaba cayendo y mostraba un deterioro evidente respecto de sus años de auge. La devaluación, junto con la elevada inflación y las altas tasas de interés afectaron la demanda de los consumidores.

De hecho, entre 2016 y 2019 las ventas internas del sector cayeron casi un 50%. En 2019 la crisis se reflejó en los números de Garbarino: la empresa tuvo ingresos por $28.359 millones y terminó con una pérdida de $8.665 millones. Para ese entonces, mostraba un patrimonio neto negativo de $5.365 millones.

En diciembre de ese año, la compañía tenía una deuda bancaria que superaba los 3.600 millones de pesos, siendo los bancos Santander y Galicia los principales acreedores. En paralelo, la firma tenía una deuda de $7.000 millones con sus proveedores.

Frente a dicho contexto, surgieron los rumores de una supuesta adquisición por el fondo Inverlat, dueños de Havanna en Argentina, algo que finalmente no se concretó. No obstante, en 2020 la empresa cambió de manos.

El empresario Carlos Rosales, presidente de la aseguradora Prof y dirigente del club San Lorenzo, se convirtió en el propietario y presidente del grupo. Según trascendió ese año, la empresa se compró por un valor simbólico de 1 peso, pero a cambio se hizo cargo de las deudas de la empresa y se comprometió a pagar los salarios atrasados, algo similar a lo ocurrido con el Parque de la Costa.

Sin embargo, poco después llegó la pandemia COVID-19. Durante los meses más duros de 2020 las ventas de electrodomésticos cayeron hasta un 75%, agravando el desequilibrio financiero de la empresa.

El plan de la nueva gestión fue recortar locales, pasando de 246 tiendas a tan solo 60, como también enfocarse en logística y comercio electrónico. "Refinanciamos deuda con los bancos por cerca de $500 millones, con entidades como Banco Santander y Banco Galicia, que equivalía a unos cinco o seis millones de dólares", detalló en ese entonces Rosales.

En julio de 2021 se intentó vender Garbarino a un fondo liderado por Facundo Prado (empresario de medios y fintech), pero la oferta se cayó antes de cerrarse. Con las siguientes cuarentenas, la situación empeoró.

En abril de 2021, por ejemplo, un nuevo cierre obligatorio golpeó duramente a la empresa: como admitió Rosales, esa "segunda cuarentena fue un golpe muy fuerte" para una empresa que apenas empezaba a recuperarse

A fines de 2021 la crisis se hizo irreversible: en noviembre la firma despidió 1.800 empleados (bajo telegrama) y anunció el cierre definitivo de casi todas sus sucursales. Ante miles de reclamos por sueldos impagos, el Ministerio de Trabajo dictó conciliación obligatoria entre el gremio de Comercio (Cavalieri) y Garbarino por 15 días.

Finalmente, Garbarino ingresó en concurso preventivo de acreedores el 17 de noviembre de 2021. A lo largo de 2022-2025 se sucedieron negociaciones judiciales sin éxito. En agosto de 2025 la Justicia habilitó un "cramdown" para que terceros ofrecieran un rescate definitivo.

Solo dos interesados se anotaron: la financiera Vlinder (creada en 2024) y, en un giro insólito, la propia controlante Rosales, que propuso quedársela a sí mismo mediante un nuevo esquema de quitas. Sin embargo, ninguna oferta consiguió los avales legales necesarios y los plazos vencieron sin acuerdos.

Con el concurso estancado y solo tres tiendas abiertas (de las más de 200 originales), en marzo de 2026 el Juzgado Comercial Nº7 —a cargo del juez Fernando D’Alessandro— decretó la quiebra definitiva de Garbarino.

El fallo judicial determinó el cese inmediato de la actividad: se clausuraron los tres locales restantes y se congelaron los bienes de la empresa. Asimismo, ordenó la liquidación total de todos sus activos para pagar a los acreedores.

Entre ellos figuran tanto activos tangibles (inmuebles, plantas industriales) como intangibles: las reconocidas marcas Garbarino y Compumundo.

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