Metrogas: la pulseada entre dos ex hombres de Menem por una joya de u$s800 millones
La venta de Metrogas se transformó en mucho más que una transacción corporativa.
Detrás de la decisión de YPF de desprenderse de su participación en la principal distribuidora de gas del país se está desarrollando una pelea que combina energía, política, infraestructura y poder económico.
Si bien existe una importante lista de candidatos a comprar Metrogas, los protagonistas centrales son dos empresarios que supieron ocupar lugares destacados durante la década de los 90 y que, tres décadas después, vuelven a cruzar sus caminos en una operación que puede redefinir el mapa energético argentino.
De un lado aparece José Luis Manzano, ex ministro del Interior de Carlos Menem y actual accionista de uno de los conglomerados energéticos más importantes del país.
Del otro, Alberto Pierri, ex titular de la Cámara de Diputados de la Nación entre 1989 y 1999, histórico dirigente del peronismo bonaerense y creador de Telecentro, una de las mayores compañías de telecomunicaciones de la Argentina.
Ambos buscan quedarse con un activo considerado estratégico por el mercado y ambos entienden que Metrogas representa una oportunidad difícil de repetir.
La empresa que todos quieren
En la actualidad, Metrogas es la mayor distribuidora de gas natural del país.
Abastece a más de 2,4 millones de clientes en la Ciudad de Buenos Aires y gran parte del conurbano bonaerense, incluyendo hogares, comercios, industrias, hospitales y edificios públicos.
Su área de concesión concentra la región de mayor densidad poblacional y actividad económica de la Argentina.
Es decir, abarca toda la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y 11 partidos de la zona sur y oeste del conurbano bonaerense.
Por esa razón, históricamente fue considerada una de las joyas del sistema energético nacional, aunque durante más de 12 años la compañía atravesó dificultades derivadas del congelamiento tarifario, la inflación y las restricciones regulatorias.
Sin embargo, el escenario comenzó a cambiar a partir del desembarco de Javier Milei en la Casa Rosada, la normalización tarifaria impulsada por el Gobierno y de la implementación de la nueva Revisión Quinquenal Tarifaria.
Ese nuevo contexto mejoró las perspectivas de rentabilidad y volvió a colocar a la empresa en el radar de grandes grupos económicos e inversores internacionales.
El plan de YPF para salir
La venta forma parte de la estrategia impulsada por el presidente y CEO de YPF, Horacio Marín que tiene como objetivo concentrar recursos financieros y de gestión en los negocios considerados prioritarios para la petrolera.
Es decir, en Vaca Muerta, la producción de petróleo no convencional, el desarrollo del GNL y los proyectos exportadores, dejando la participación en una distribuidora regulada fuera de los activos estratégicos.
Por eso, YPF decidió avanzar con el proceso de desinversión y contrató al Citi para coordinar la operación.
La petrolera estatal busca vender su participación mayoritaria del 70% en el marco de una valuación total de la compañía que ronda los u$s800 millones.
Esto significa que el paquete accionario en venta tiene un valor esperado cercano a los u$s560 millones, fondos que YPF destinará a inversiones en Vaca Muerta.
La transacción comenzó a gestarse durante los primeros meses de este año.
Inicialmente participaron más de una decena de grupos empresarios locales e internacionales interesados en acceder a la información de la compañía.
Con el paso de las semanas el proceso fue depurándose hasta llegar a un grupo reducido de candidatos que ingresaron a la etapa de due diligence y actualmente permanecen en carrera cinco postulantes.
Además de los grupos liderados por Pierri y Manzano, participan:
- La alianza integrada por Central Puerto y Ecogas
- El grupo MSU de Manuel Santos Uribelarrea
- El consorcio conformado por Neuss Capital, Mubadala Capital y la española SIA Capital
La condición definitoria
Sin embargo, existe un detalle que puede alterar por completo el desenlace de la venta.
Las ofertas están condicionadas a la extensión de la licencia de distribución que vence el 28 de diciembre de 2027.
Para los potenciales compradores, esa definición es tan importante como los balances de la empresa o su nivel de rentabilidad.
La razón es sencilla y se basa en que una compañía con autorización para operar durante apenas un año y medio más, vale mucho menos que otra que tenga garantizada su actividad durante dos décadas adicionales.
Por eso todos los candidatos siguen de cerca las negociaciones entre la empresa y las autoridades nacionales.
La expectativa es que el Gobierno otorgue una prórroga de 20 años, una posibilidad contemplada dentro del nuevo esquema regulatorio.
En el mercado consideran que esa decisión podría incrementar significativamente la valuación de la compañía.
También explican que ninguna de las ofertas definitivas quedará completamente firme hasta que exista una definición concreta sobre ese punto.
De hecho, varias fuentes vinculadas al proceso sostienen que la extensión de la licencia es hoy el principal factor que determinará el precio final de la operación.
Manzano busca completar un imperio energético
Si existe un empresario que llega a esta competencia con una lógica industrial clara, ese es José Luis Manzano.
El ex ministro del Interior de Menem protagonizó una de las reconversiones más exitosas de la política a los negocios.
Tras abandonar la función pública construyó junto a Daniel Vila un conglomerado que fue creciendo en medios de comunicación, distribución eléctrica, petróleo, minería y energía.
El grupo controla activos estratégicos en distintas provincias y se convirtió en uno de los actores más relevantes del sector energético argentino.
La adquisición de Edenor fue uno de los hitos más visibles de esa expansión.
Pero no fue el único y a través de distintas sociedades también participa en empresas vinculadas a generación eléctrica, distribución y proyectos energéticos de largo plazo.
En los últimos años amplió además su presencia en hidrocarburos, minería y desarrollos asociados a la transición energética.
La compra de Metrogas encaja perfectamente dentro de esa estrategia no sólo porque ya posee participación accionaria en la distribuidora mediante una de sus empresas que controla casi el 9% del capital.
También porque le permitiría integrar bajo una misma estructura corporativa dos servicios esenciales para millones de usuarios del Área Metropolitana de Buenos Aires: electricidad y gas.
En otras palabras, consolidaría un esquema de infraestructura energética de enorme escala, luego de haber comprado los activos locales del grupo brasileño Raizen en la Argentina en sociedad con el gigante suizo Mercuria.
Esta operación, que se encuentra bajo análisis del ente regulador del país vecino, le permite al empresario participar del control de una red de más de 700 estaciones de servicio bajo la marca Shell y de una refinería en la localidad bonaerense de Dock Sud.
En la nueva sociedad que se está construyendo para operar este negocio, Manzano tendrá una participación directa y otra indirecta bajo el rol de Edenor, que será parte de la operación que, de todos modos, liderará el trader suizo Mercuria.
En este sentido, para muchos analistas del sector, quedarse con Metrogas sería el paso definitivo para convertir a Manzano en uno de los empresarios con mayor influencia sobre los servicios energéticos regulados del país.
Pierri y una nueva apuesta
La lógica de Alberto Pierri es distinta ya que su trayectoria empresaria estuvo vinculada históricamente a las telecomunicaciones.
Tras abandonar la política construyó Telecentro, compañía que se transformó en uno de los principales operadores de televisión paga, internet y conectividad de Argentina.
Durante décadas compitió con los mayores jugadores del mercado y su crecimiento estuvo basado en inversiones permanentes en infraestructura, redes y tecnología.
Por eso, dentro del sector energético consideran que el interés por Metrogas no es casual y recuerdan que las distribuidoras de gas comparten muchas características con los negocios de telecomunicaciones.
Se trata de actividades intensivas en infraestructura, con millones de clientes, ingresos recurrentes y barreras de entrada extremadamente elevadas.
Desde esa mirada, Metrogas representa una oportunidad única para diversificar sus negocios, además de que le permitiría ingresar en un sector históricamente asociado a la generación de valor de largo plazo.
Para Pierri, quedarse con la distribuidora significaría abrir una nueva etapa empresarial y construir una segunda gran plataforma de crecimiento más allá de Telecentro.
Los otros candidatos
La disputa entre Pierri y Manzano concentra la mayor atención porque involucra a dos figuras históricas del poder económico argentino.
Sin embargo, los otros competidores también cuentan con argumentos sólidos.
Central Puerto y Ecogas representan probablemente la propuesta con mayor experiencia específica en energía.
La primera es la mayor generadora eléctrica privada del país, mientras que la segunda posee una extensa trayectoria en distribución de gas.
MSU, por su parte, busca profundizar su diversificación desde el agro hacia los negocios energéticos.
En tanto, el consorcio integrado por Neuss Capital, Mubadala Capital y SIA Capital aporta otro elemento: el interés de grandes fondos internacionales por activos energéticos argentinos en un contexto de normalización macroeconómica.
La presencia de Mubadala resulta especialmente relevante por tratarse de uno de los mayores inversores soberanos del mundo.
Mucho más que una venta
En el mercado, la pelea por Metrogas refleja una transformación más profunda que tiene que ver con que durante años los negocios regulados fueron vistos con desconfianza por gran parte del mercado.
Hoy la situación comenzó a revertirse y la recomposición tarifaria, la expectativa de mayor estabilidad económica y el potencial de crecimiento energético volvieron a colocar a estas compañías entre los activos más codiciados.
Por eso, la disputa entre Pierri y Manzano excede largamente la venta de una empresa y representa la puja por una posición estratégica dentro de un sector que vuelve a atraer inversiones multimillonarias.
Tres décadas después de haber compartido una misma etapa política, ambos vuelven a encontrarse en una carrera donde ya no se discute poder partidario.
Lo que está en juego es el control de la principal distribuidora de gas de la Argentina y una pieza clave de la infraestructura energética nacional.
Y el ganador no sólo sumará un activo valuado en cientos de millones de dólares, también obtendrá una posición privilegiada en uno de los negocios más sensibles y estratégicos de la economía argentina.