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Qué pasará con las míticas marcas de postres Shimy y de yogures Yogs tras el descalabro de SanCor

La reactivación de la planta de Arenaza forma parte del plan de un abanico de lácteas. Sin embargo, la quebrada SanCor aún incide sobre las marcas
28/07/2026 - 11:28hs
Qué pasará con las míticas marcas de postres Shimy y de yogures Yogs tras el descalabro de SanCor

Los movimientos, con caída y recuperaciones, se han vuelto una constante en el sector lácteo durante las semanas recientes. Desde la reactivación de La Suipachense y Sudamericana de Lácteos, hasta el rojo dramático que muestra Lácteos Verónica, el segmento atraviesa esta instancia del año enmarcado en un vaivén que no se toma respiro. Ahora, la liquidación judicial de Alimentos Refrigerados SA (ARSA) activó una carrera silenciosa entre los jugadores más pesados del negocio lácteo argentino. La empresa que operaba el segmento de postres y yogures refrigerados que alguna vez perteneció a SanCor quebró a fines de 2025 tras fracasar su concurso preventivo. ARSA dejó un tendal de deudas, más de 500 empleos perdidos entre sus instalaciones de Arenaza, en el partido bonaerense de Lincoln, y Monte Cristo, en Córdoba, y un expediente en el Juzgado Comercial N° 29 conducido por el juez Federico Güerri que hoy concentra la atención de la industria.

En línea con eso, cuatro grupos pesados ya hicieron sus movimientos. La cerealera Vicentin busca retomar el control total de la compañía y presentó una oferta de u$s2,5 millones para quedarse con el paquete completo: las dos plantas industriales, los inmuebles y la totalidad de los registros comerciales. En paralelo, la cordobesa Elcor SA, dueña de Tonadita, apostó por un esquema desglosado. Ofertó u$s1 millón por la unidad productiva de Arenaza y sumó otros u$s450.000 para adueñarse de las marcas que producía ARSA.

Dicha cifra implicó, en la práctica, colocarle un precio de mercado a las etiquetas de la lechera. En el sector no faltan los especialistas que afirman que Shimy y Yogs valen mucho más. Así, señalan que si las marcas vinieran con la licencia de uso otorgada por SanCor y garantizada a largo plazo, el paquete de marcas superaría tranquilamente los u$s1.5 millones en el mercado.

A la puja se sumaron Tregar y Vacalin. Ambas lácteas solicitaron autorización judicial para ingresar e inspeccionar las instalaciones de Arenaza y verificar el estado operativo de las máquinas antes de elevar sus números.

Tregar, que transita un plan de inversiones por 15 millones de dólares para aumentar su procesamiento de 800.000 a 1.3 millones de litros diarios de leche, mira de cerca la capacidad instalada para yogures. En tanto, Vacalin, en pleno proceso de expansión con inversiones proyectadas por u$s4 millones para este año, evalúa si la infraestructura le calza a medida.

"El atractivo de la subasta no son sólo los fierros o las instalaciones. El activo real acá son marcas con un altísimo nivel de recordación que llevan décadas en la mesa de los argentinos", comentaron a iProfesional fuentes al tanto de las negociaciones en el expediente judicial.

Sin embargo, detrás del interés por las instalaciones de Arenaza hay un cuello de botella que pocos percibieron en la góndola: el destino de, justamente, marcas emblemáticas como Shimy, Yogs, Sancorito, Sublime, Vida o Lechelita.

Para entender por qué el futuro de estos productos no depende únicamente de quién firme el cheque por la fábrica, hay que remontarse a 2016. En ese momento, y asfixiada por sus pasivos, SanCor le vendió su división de productos frescos al grupo Vicentin en una operación cercana a los 100 millones de dólares. De ese traspaso nació ARSA.

ARSA, SanCor y la licencia de los yogures

La venta incluyó la transferencia de las plantas productivas y el registro de las marcas del segmento de los refrigerados. Pero la transacción tuvo una condición jurídica determinante: SanCor no vendió su nombre comercial. Lo que le otorgó a ARSA fue una licencia de uso de marca para que pudiera fabricar y comercializar los yogures y flanes bajo el paraguas y la estética de la cooperativa de Sunchales.

Años más tarde, el manejo de ARSA pasó a manos de la venezolana Maralac, la crisis operativa se profundizó y el contrato de licencia se convirtió en un terreno pantanoso. Con la declaración de quiebra decretada por la Justicia, ARSA posee la titularidad de los registros de las etiquetas específicas, esto es, Shimy y Yogs, pero carece por completo de derechos sobre el nombre matriz SanCor.

Si la liquidación se concreta bajo la propuesta de compra parcial de un competidor, como el caso de Elcor adjudicándose la fábrica de Arenaza y el paquete de etiquetas, el comprador se enfrentará a un dilema operativo inmediato para volver a llenar las heladeras de los supermercados.

La empresa adquirente podrá encender las máquinas de Lincoln y utilizar legalmente los nombres Shimy o Yogs porque pasará a ser la dueña de esos registros de propiedad industrial en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). Pero al mismo tiempo no podrá imprimir la palabra SanCor en ningún envase ni utilizar el tradicional óvalo azul y blanco.

Para volver a poner en la góndola un SanCor Yogs o un SanCor Shimy, el nuevo dueño de la planta de Arenaza necesitaría la venia explícita de SanCor y la firma de un nuevo contrato de licencia con el pago de sus respectivas regalías. En el ámbito lechero afirman que se trata de un acuerdo altamente improbable en el contexto actual.

La disputa por las marcas de postres Shimy y de yogures Yogs

Por esa razón, la operación de venta derivará casi con certeza en una reingeniería de producto. La láctea que tome el control de la fábrica de Arenaza deberá ejecutar un relanzamiento integral. Esto implicará un rediseño completo de imagen y "packaging". Así, los nuevos dueños deberán eliminar toda referencia gráfica a SanCor en los potes, sachets y cartones.

En consecuencia, los postres y yogures saldrán al mercado bajo la denominación directa de Shimy o Yogs. Se comercializarán a secas para reposicionarlos como marcas independientes.

Por supuesto que toda esta jugada requerirá una fuerte estrategia comunicacional. Las empresas deberán encarar campañas publicitarias para explicarle al consumidor que el producto mantiene la receta y el sabor histórico, pero bajo una nueva identidad corporativa.

Cualquier intento de salir a vender los yogures y postres producidos en Arenaza manteniendo la tipografía o el logo de SanCor sin un contrato vigente derivaría en una demanda inmediata por infracción de marca y acciones judiciales que podrían frenar la distribución en supermercados y almacenes.

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