• 30/7/2026
ALERTA

La Ciudad toma el control de una millonaria obra en Puerto Madero por falta de recursos

Modificó el esquema de ejecución del plan de reordenamiento urbano de Dique Cero, una de las intervenciones más importantes previstas para el sur porteño
30/07/2026 - 14:30hs
La Ciudad toma el control de una millonaria obra en Puerto Madero por falta de recursos

a Ciudad de Buenos Aires decidió cambiar el esquema de ejecución de una de las obras de infraestructura urbana más relevantes que tiene en marcha en el área de Puerto Madero y el sur porteño.

Mediante una resolución publicada en el Boletín Oficial de este jueves 30 de julio, la administración que orienta Jorge Macri aprobó la cesión del contrato de la obra "Reordenamiento Urbano - Dique Cero" a favor de Autopistas Urbanas S.A. (AUSA), que desde ahora será responsable de administrar, supervisar, fiscalizar y financiar el proyecto.

La decisión alcanza a una inversión algo superior a los $8.330 millones, que había sido adjudicada a comienzos de este año a la empresa Ricavial S.A., que de todos modos, continuará como contratista encargada de ejecutar los trabajos.

El cambio, por lo tanto, no modifica quién construirá la obra, sino quién tendrá el manejo integral del proyecto.

De hecho, el dato más relevante de la resolución es que el propio gobierno porteño reconoce que la modificación responde a un escenario de restricciones presupuestarias y a un proceso de priorización del gasto público.

En otras palabras, la Ciudad resolvió trasladar la gestión del proyecto a AUSA para reorganizar la forma en que financia y administra sus inversiones en infraestructura.

A quién favorece el nuevo esquema

La medida también confirma el creciente protagonismo que viene adquiriendo la sociedad estatal dentro de la estructura del gobierno porteño.

Nacida para operar la red de autopistas de la Ciudad, la empresa estatal fue ampliando progresivamente sus funciones hasta convertirse en el brazo ejecutor de algunos de los proyectos urbanos más importantes impulsados por la administración porteña.

La resolución revela además que la obra ya se encuentra formalmente en marcha a partir de un contrato firmado el 19 de marzo y del acta de inicio que se rubricó el 4 de mayo, con un plazo de ejecución previsto de ocho meses.

Incluso, la Ciudad ya había desembolsado un anticipo financiero de $1.666 millones, equivalente al 20% del monto contratado, mientras la empresa avanza con la elaboración del proyecto ejecutivo, la instalación de obradores y las tareas preliminares necesarias para iniciar la intervención sobre el terreno.

Según surge del expediente oficial, la contratista aceptó el cambio de esquema sin presentar objeciones.

De hecho, renunció expresamente a reclamar compensaciones económicas, mayores costos o eventuales indemnizaciones derivadas de la cesión del contrato, despejando así uno de los principales riesgos que suelen aparecer cuando una obra pública cambia de administrador durante su ejecución.

Estas cesiones quizá tengan que ver con la estrecha relación que une a los dueños de la empresa con las autoridades porteñas.

En la actualidad, Ricavial S.A. es propiedad de la familia López, figurando Ricardo Félix Salvador López como presidente y Javier Ricardo López como director suplente, según registros oficiales de asambleas.

En los últimos años han venido llevando a cabo varios negocios con el gobierno porteño como licitaciones de infraestructura y espacios verdes.

La empresa ha participado históricamente en llamados y contrataciones menores o en consorcios (como UTEs) relacionados con el Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad (por ejemplo, proyectos como la "Plazoleta del Árbol").

También ha cotizado en procesos de la Dirección General de Infraestructura de Transporte del Gobierno de la Ciudad, aunque diversas contrataciones en las que participó fueron dejadas sin efecto por la administración local bajo criterios de oportunidad y mérito presupuestario.

Una obra estratégica para el sur porteño

El proyecto "Reordenamiento Urbano - Dique Cero" forma parte del plan con el que la Ciudad busca recuperar y transformar uno de los sectores con mayor potencial de desarrollo urbano ubicado entre Puerto Madero, La Boca y Barracas.

Se trata de una zona que durante décadas estuvo marcada por la presencia de grandes infraestructuras viales, playas ferroviarias y espacios con escasa integración al tejido urbano.

La intervención oficial apunta a reorganizar el espacio público y mejorar la conectividad entre esos barrios mediante una serie de obras que permitirán ordenar la circulación vehicular y peatonal, generar nuevos espacios públicos y adecuar la infraestructura existente para acompañar el crecimiento inmobiliario y turístico de todo el corredor sur.

De acuerdo con el expediente, los trabajos ya comenzaron en su etapa preliminar y actualmente Ricavial desarrolla el proyecto ejecutivo, mientras avanza con la instalación de los obradores ubicados:

  • Bajo la Autopista Buenos Aires-La Plata
  • En la esquina de Wenceslao Villafañe y avenida Don Pedro de Mendoza
  • Sobre Gualeguay al 39, además de tramitar los permisos para los cortes de tránsito necesarios

Mejorar un importante corredor urbano

Entre las primeras tareas también figura el retiro de rejas perimetrales en el sector ubicado frente a la Usina del Arte, uno de los polos culturales más importantes del sur de la Ciudad y que en los últimos años impulsó un proceso de revalorización urbana de toda esa área.

La expectativa oficial es que, una vez terminada, la obra contribuya a consolidar un corredor urbano con mejores condiciones de circulación y mayor integración entre barrios que históricamente crecieron de espaldas unos a otros.

Se trata además de una zona donde durante los últimos años avanzaron numerosos proyectos públicos y privados, desde desarrollos inmobiliarios hasta nuevas oficinas, espacios gastronómicos y emprendimientos vinculados al turismo y la economía creativa.

Con un plazo de ejecución de ocho meses desde el inicio formal, el proyecto aparece como una de las principales apuestas del Ministerio de Movilidad e Infraestructura para este 2026.

Sin embargo, el cambio en su esquema de administración también refleja cómo el contexto fiscal obliga a la Ciudad a redefinir la forma en que ejecuta y financia sus inversiones de mayor envergadura.

El nuevo rol de AUSA

Más allá del cambio administrativo, la resolución deja al descubierto una tendencia que se viene consolidando desde hace varios años o por lo menos desde que AUSA dejó de ser solamente la empresa encargada de operar la red de autopistas porteñas para transformarse en uno de los principales ejecutores de las grandes obras de infraestructura de la Ciudad.

En distintos proyectos, el gobierno porteño recurrió a la sociedad no solo para administrar contratos, sino también para gestionar licitaciones, coordinar la ejecución de trabajos y estructurar su financiamiento.

La empresa cuenta con una estructura técnica, administrativa y financiera propia que le permite ejecutar proyectos de gran escala con mayor flexibilidad que la administración central.

Ese argumento aparece reflejado en la propia resolución, donde se sostiene que AUSA posee la capacidad técnica, operativa, administrativa y financiera necesaria para llevar adelante el proyecto Dique Cero.

Sin embargo, el documento también incorpora otro elemento que resulta difícil de pasar por alto: la referencia explícita al proceso de priorización presupuestaria que atraviesa la Ciudad.

Una medida para despejar dudas

En ese contexto, la transferencia de la obra puede interpretarse como una forma de reorganizar la ejecución de inversiones sin frenar proyectos considerados estratégicos.

En lugar de cancelar o postergar la intervención, el Gobierno decidió modificar quién administrará los recursos y supervisará los trabajos, preservando el cronograma previsto.

Pero la decisión también despeja incertidumbres sobre la continuidad del proyecto ya que le mantiene a Ricavial el contrato original para que siga siendo la responsable de ejecutar las obras.

Con este nuevo esquema, la Ciudad apuesta a que Dique Cero mantenga su ritmo de ejecución pese al escenario de restricciones fiscales.

La evolución de los trabajos durante los próximos meses permitirá medir si el cambio de administración logra acelerar una obra llamada a convertirse en una de las transformaciones urbanas más importantes del frente sur porteño.

Una obra pensada para transformar el frente costero

El proyecto Dique Cero no es una intervención aislada sino que se integra al proceso de renovación urbana que desde hace años impulsa la Ciudad sobre el borde costero sur.

Es decir, sobre una zona que pasó de concentrar antiguos espacios industriales y logísticos a convertirse en uno de los principales polos de desarrollo inmobiliario, turístico y cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

En ese corredor conviven iniciativas públicas y privadas que buscan potenciar la conectividad entre Puerto Madero, San Telmo, La Boca y Barracas, barrios que en la última década comenzaron a recibir fuertes inversiones, aunque todavía presentan importantes desafíos en materia de infraestructura y movilidad.

La decisión de transferir la administración de la obra a AUSA también puede marcar el camino para futuros proyectos.

En un contexto de recursos más limitados, el Gobierno porteño parece apostar a que la empresa estatal asuma un papel cada vez más relevante en la ejecución de obras estratégicas, concentrando funciones de administración, financiamiento y control que antes permanecían en distintas áreas de la administración central.

Tras la firma del contrato en marzo pasado y el inicio formal de los trabajos en mayo, el plazo previsto para finalizar la obra es de ocho meses, siempre que no se produzcan demoras derivadas de cuestiones técnicas o de la propia dinámica de ejecución.

Si ese calendario se cumple, Dique Cero se convertirá en una de las principales obras urbanas inauguradas por la Ciudad durante este año.

Pero además del avance físico del proyecto, la norma está cambiando el modelo con el que el gobierno porteño financia y gestiona las inversiones de mayor escala, en un escenario donde la restricción presupuestaria empieza a influir de manera cada vez más visible sobre las decisiones de infraestructura.