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ALERTA

Primero Garbarino, ahora Musimundo: se acelera el derrumbe de un modelo que marcó una época

Las quiebras de ambas empresas y al achique de otras cadenas ponen en jaque a un negocio sostenido por sucursales, publicidad y financiación propia
04/09/2026 - 17:30hs
El ingreso de un local de Musimundo en una mitad y en la otra mitad, el local de Garbarino

Puntos importantes

Checkbox Checked Las grandes cadenas de electrodomésticos en Argentina enfrentan una crisis terminal, marcada por la quiebra judicial de Garbarino y de CARSA, operador de Musimundo en el nordeste.
Checkbox Checked El modelo de expansión basado en sucursales físicas, altos costos operativos y crédito propio colapsó tras una caída interanual del 18,6% en unidades vendidas en 2025.
Checkbox Checked La quiebra de estos gigantes y el cierre masivo de locales en el sector dejan el mercado en manos de competidores que han reorganizado sus operaciones y priorizan el canal digital.

Durante décadas, las páginas de los diarios argentinos estuvieron cubiertas por avisos de televisores, heladeras, lavarropas y equipos de música. Garbarino y Musimundo se disputaban esos espacios con ofertas, cuotas y promociones que se repetían en decenas de ciudades y la dimensión de sus redes comerciales era una de las principales ventajas de ambas compañías.

Ese escenario parece haber terminado a la luz de los últimos acontecimientos que, por ejemplo, dan cuenta de que Garbarino, que llegó a superar los 240 locales y a emplear a unas 4.500 personas, fue declarada en quiebra en marzo pasado.

Y que, seis meses después, la Justicia dispuso lo mismo para CARSA, la compañía que operaba alrededor de 70 sucursales de Musimundo y conservaba la licencia de la marca en el nordeste del país y parte de la provincia de Buenos Aires.

Si bien los dos procesos no son idénticos, agregan un nuevo capítulo al retroceso de las grandes cadenas de electrodomésticos que construyeron su escala mediante importantes superficies comerciales, planteles numerosos, publicidad masiva y financiación directa a sus clientes.

Pero Garbarino y Musimundo no son las únicas sociedades que atraviesan este tipo de problemas porque la crisis también alcanzó a Ribeiro; provocó el cierre de Saturno Hogar y Lucaioli y llevó a Start a abandonar sus locales físicos.

Además, las compañías que sobreviven, como Frávega, Cetrogar, Naldo, Pardo, Megatone y On City, se vieron obligadas a cerrar puntos de venta o a reorganizar enteramente sus redes y sus operaciones.

El tamaño se convirtió en una carga

Ocurre que el modelo que impulsó el crecimiento de estas cadenas necesitaba vender grandes volúmenes para sostener alquileres, salarios, inventarios, depósitos, distribución y publicidad. También dependía del crédito, porque una parte considerable de las compras se realizaba mediante cuotas otorgadas por las propias empresas o financiadas con tarjetas.

Mientras las ventas crecieron, esa estructura permitió extender las redes por todo el país y la escala garantizaba mayor capacidad de negociación con los fabricantes y una presencia territorial difícil de igualar.

Pero, cuando el consumo perdió volumen, los mismos locales que habían sostenido la expansión comenzaron a elevar el peso de los costos fijos.

De hecho, durante el cuarto trimestre del 2025, las unidades comercializadas por el sector retrocedieron 18,6% interanual, según un documento elaborado por la consultora NielsenIQ.

La baja alcanzó el 10,1% en línea blanca; el 22,1% en electrónica y televisores; el 26,8% en informática y el 25,2% en pequeños electrodomésticos.

El segundo trimestre de este 2026 mostró una recuperación nominal de la facturación, pero no restituyó el volumen perdido.

De acuerdo con la encuesta de comercios de electrodomésticos y artículos para el hogar, elaborada por el INDEC, las ventas a precios corrientes alcanzaron $1,54 billones entre abril y junio, con una suba interanual del 12,4%.

Los salones concentraron el 76,8% de la facturación y el canal digital el 23,2%, pero las operaciones online aumentaron 27,2% interanual, mientras que las ventas presenciales avanzaron 8,6%, cifras que revelan que locales conservaron la mayor parte del negocio, pero el canal digital creció a una velocidad mayor.

Además, a esa caída de las unidades vendidas se sumó el deterioro del crédito propio, que permitía a las cadenas atender a consumidores que no accedían con facilidad a préstamos bancarios, pero dejaba dentro de sus carteras el riesgo de que esos clientes no pagaran las cuotas.

Según un análisis de la consultora Eco Go realizado a partir de registros del sistema financiero, la morosidad promedio de las cadenas comerciales llegó al 41% al cierre del 2025, frente a alrededor del 15% registrado un año antes.

Ese aumento de los atrasos obligó a las empresas a absorber incumplimientos mientras sostenían locales, depósitos, personal y mercadería.

Un plan de expansión que terminó con tres locales

En ese contexto, Garbarino fue la primera gran cadena nacional en quedar atrapada por la combinación de pérdidas, deuda, falta de productos y una red comercial que ya no generaba los ingresos necesarios para sostenerse.

Fundada en 1951, la cadena pasó de ser un comercio familiar a convertirse en una de las mayores cadenas argentinas de electrodomésticos.

En su momento de mayor desarrollo superó las 240 sucursales, contó con aproximadamente 4.500 empleados y extendió su presencia a las principales ciudades del país.

Por esos años, no vendía solamente productos ya que su estructura incluía financiación, seguros, servicios, logística, comercio electrónico y una agencia de viajes.

Esa diversificación dependía del movimiento generado por la red comercial y de la capacidad de financiar compras en cuotas.

En 2018, facturó alrededor de $25.000 millones y en 2019 esos ingresos se incrementaron y alcanzaron los $28.359 millones, pero cerró el ejercicio con una pérdida de $8.665 millones y un patrimonio neto negativo de $5.365 millones.

Es decir, la facturación nominal había aumentado, pero la empresa ya registraba pérdidas y un desequilibrio patrimonial que se agravó a partir de junio de 2020, cuando la familia fundadora vendió la compañía al empresario Carlos Rosales.

Después del cambio de accionistas continuaron los atrasos salariales, los incumplimientos con proveedores y los cierres de sucursales.

Los problemas de abastecimiento limitaron la mercadería disponible y sin productos suficientes, las tiendas perdieron ventas y la caída de los ingresos profundizó las dificultades para pagar salarios, alquileres y obligaciones comerciales.

El escenario se profundizó a partir del 22 de diciembre de 2021, cuando el Juzgado Nacional en lo Comercial Nº 7 abrió el concurso preventivo de Garbarino.

El proceso quedó a cargo del juez Fernando D’Alessandro, con intervención de la Secretaría Nº 14, bajo el expediente 19121/2021.

La empresa no consiguió las conformidades necesarias para aprobar una propuesta de pago y cuando se abrió la instancia de salvataje, Vlinder Capital fue la única interesada que se inscribió para intentar quedarse con la compañía, pero no presentó una oferta que permitiera alcanzar un acuerdo con los acreedores.

Para entonces, la red se había reducido a tres locales y menos de 20 empleados y el expediente registró un pasivo de aproximadamente $25.422 millones, frente a activos declarados por $14.216 millones.

El deterioro se mantuvo hasta que el 4 de marzo pasado, la Justicia decretó la quiebra de Garbarino y ordenó la liquidación de la compañía.

El edicto fue publicado el 17 de marzo e identificó al Juzgado Nacional en lo Comercial Nº 7, la Secretaría Nº 14 y el expediente 19121/2021.

La resolución terminó con el concurso iniciado en 2021 y abrió una nueva etapa para los acreedores, teniendo en cuenta que las sindicaturas habilitaron el proceso de verificación de créditos de Garbarino para recibir las presentaciones correspondientes dentro de la quiebra.

Una división que no alcanzó para frenar la caída de Musimundo

Mientras la cadena desaparecía, Musimundo intentaba conservar su presencia mediante una estructura diferente, con una marca que estaba repartida entre dos operadores independientes.

El origen de la marca se remonta a Elgar Disquería, un comercio creado en 1952 que comenzó a usar su actual nombre durante la década de 1970, cuando el negocio todavía estaba concentrado en la venta de música.

Durante los años siguientes incorporó libros, tecnología, telefonía y electrodomésticos y en el 1998 fue adquirida por The Exxel Group, que impulsó una rápida expansión.

La cantidad de locales pasó de 62 a alrededor de 120 en un año, pero la crisis de 2001 llevó a la empresa a presentarse en concurso y cerrar cerca de 30 sucursales.

Después de pasar por el fondo Pegasus, la marca fue adquirida en 2011 por Electrónica Megatone y CARSA, que comenzaron a reemplazar la identificación de Megatone por la de Musimundo en sus respectivas redes.

La expansión posterior llevó a la cadena a alcanzar 264 sucursales en 2017 y a emplear aproximadamente a 4.000 trabajadores.

Pero detrás de la misma marca convivían dos compañías con dos realidades diferentes ya que, por un lado, Electrónica Megatone controlaba una parte de la red, mientras que CARSA administraba los locales ubicados principalmente en Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones, parte de Santa Fe y algunas zonas de la provincia de Buenos Aires.

En 2019, Electrónica Megatone absorbió 37 sucursales que pertenecían a CARSA y, como parte de ese proceso, reabrió 16 establecimientos e incorporó alrededor de 140 trabajadores.

La reorganización continuó, pero en el 2021, Musimundo conservaba alrededor de 182 puntos de venta, lejos del máximo alcanzado cuatro años antes y a partir del 2024, Electrónica Megatone comenzó a reemplazar la marca Musimundo por On City en cerca de 200 locales.

Mientras tanto, CARSA mantuvo la licencia de Musimundo en los territorios donde continuaba operando, con una red estimada en alrededor de 70 sucursales y On City quedó como la marca de Electrónica Megatone y Musimundo permaneció vinculada con CARSA en el nordeste y otras plazas.

Esa estructura explica por qué la quiebra declarada a principios de este mes de septiembre afecta al operador de una parte de Musimundo y no a todos los establecimientos que alguna vez utilizaron ese nombre.

El segundo rescate nació sin ventas

En este contexto, CARSA llegó al concurso preventivo después de acumular pérdidas, deuda financiera, cheques rechazados y cierres, al punto que durante el 2023, informó ventas por $90.775 millones y en el ejercicio siguiente, cerrado en mayo de 2024, sus ingresos descendieron a $51.830 millones.

En el último período informado antes de la quiebra, registró ingresos por $51.269 millones, una pérdida de $4.109 millones y pasivos cercanos a $59.400 millones.

La situación se agravó con cheques rechazados por $1.593,4 millones y documentos diferidos por otros $2.480 millones, además de que cerró cerca de 20 sucursales en el nordeste, dejó a más de 120 trabajadores sin empleo y trató de transferir 45 establecimientos a otro operador como parte de una operación que fracasó.

El plan presentado para evitar la liquidación contemplaba un ahorro mensual de $1.420 millones pero para ese momento, la reducción ya había dejado a la compañía prácticamente sin actividad comercial y la estructura remanente estaba concentrada en la cobranza de créditos otorgados antes del cierre de los locales.

El 17 de julio pasado, el Juzgado Civil y Comercial Nº 23 de Resistencia, a cargo de Fernando Luis Lavenas, abrió el concurso preventivo, pero al revisar la situación operativa, el magistrado concluyó que la sociedad no conservaba una empresa en funcionamiento que pudiera ser reorganizada mediante ese procedimiento.

Por eso el 2 de septiembre pasado, revocó la apertura del concurso preventivo y declaró la quiebra de CARSA que fue comunicada mediante la presentación número 3565997 remitida a la Comisión Nacional de Valores (CNV).

El fallo sostuvo que "en este momento no existe Empresa que sea objeto del concurso" y consideró que no quedaba una operación que pudiera ser reestructurada dentro del concurso.

Un escenario que se repite

Pero este final no fue un episodio aislado ya que el achique del sector dejó de ser una excepción como también lo muestra el caso de Ribeiro, que llegó a operar 90 sucursales, emplear a unas 2.000 personas y facturar cerca de u$s370 millones anuales.

Al igual que el resto de las grandes cadenas, la caída del consumo, las restricciones financieras y los problemas de abastecimiento la llevaron a presentarse en concurso preventivo en 2021, con deudas superiores a $5.300 millones.

Su red llegó a quedar reducida a unos 16 establecimientos y poco más de 600 trabajadores, a pesar de lo cual continuó operando después del concurso, pero con una estructura muy inferior a la utilizada durante su expansión nacional.

En el mismo sentido, Bazar Avenida, una de las compañías que había integrado Red Megatone, comenzó el 2009 con 86 locales pero sus problemas financieros la obligaron a cerrar sucursales y reducir la red a poco más de 60 establecimientos.

En 2010 ingresó en concurso preventivo con una deuda financiera aproximada de $150 millones como parte de un proceso que se extendió durante más de 15 años, hasta que la Justicia declaró cumplido el acuerdo concursal en junio de 2025 y dispuso el levantamiento de las limitaciones correspondientes.

Otros dos casos son los de Saturno Hogar y Lucaioli, que en el 2019 cerraron 30 locales y dejaron sin empleo a más de 500 personas.

Ambas marcas tenían una presencia relevante en la Patagonia y otras provincias, pero no consiguieron sostener sus operaciones.

El caso de Start, especializada en tecnología, tomó otro camino ya que en agosto del 2025 cerró sus 30 locales físicos distribuidos en nueve provincias, dejó sin empleo a alrededor de 200 trabajadores y concentró la continuidad de la marca en el canal digital.

Achicar la estructura para seguir operando

Por debajo de esos procesos se encuentra otro grupo formado por cadenas que continúan operativas, pero que comenzaron a cerrar establecimientos para reducir costos y concentrarse en las plazas con mayor volumen de ventas.

La cadena Pardo es uno de los ejemplos más claros, ya que pasó de 74 sucursales a 62 puntos de venta y durante el año pasado cerró establecimientos en Río Cuarto y General Deheza, en Córdoba; Rafaela, en Santa Fe; Cipolletti, en Río Negro, y otras localidades.

La compañía no se presentó en concurso ni interrumpió sus operaciones, pero continuó trabajando con una red más pequeña que la alcanzada durante su etapa de expansión.

On City también revisó la estructura heredada de Electrónica Megatone y, entre fines de 2025 y los primeros meses de este 2026, cerró más de 11 sucursales en el AMBA y distintas ciudades del interior.

La empresa vinculó la reducción con la finalización o el aumento de contratos de alquiler, la baja rentabilidad de algunas ubicaciones y la existencia de establecimientos cercanos que atendían el mismo mercado.

En el mismo sentido, Frávega cerró establecimientos en Pergamino, Temperley y Villa Ballester, entre otras plazas.

La empresa, que conserva más de 100 sucursales, continuó operando mediante sus tiendas, su plataforma digital, un marketplace, servicios logísticos y Frávega Pay.

En tanto Megatone redujo su presencia en Rosario y cerró puntos de venta sobre la avenida Cabildo y en el barrio porteño de Once, mientras que Cetrogar y Naldo mantienen sus operaciones y su presencia territorial, aunque el aumento de la morosidad también elevó el riesgo de sus carteras de financiación.

En los dos casos, el aumento de los atrasos obliga a administrar el crédito sin acumular incumplimientos que comprometan el funcionamiento comercial.

Las ofertas cambiaron de vidriera

El próximo movimiento del sector permitirá observar de manera más clara esa transformación que se está "llevando" el formato de gran cadena tradicional.

Del 7 al 9 de septiembre próximos se realizará la novena edición de Electro Fans, una campaña que precisamente reunirá a Cetrogar, Coppel, Frávega, Megatone.net y On City durante esos tres días en los cuales ofrecerán descuentos de hasta 50% y financiación de hasta 12 cuotas sin interés.

La promoción abarcará televisores, celulares, computadoras, productos de gaming, heladeras, lavarropas, cocinas, equipos de aire acondicionado, pequeños electrodomésticos, colchones, herramientas, artículos de cuidado personal, productos para bebés y bazar.

Las ofertas estarán disponibles en los locales y en las plataformas digitales, con envíos a distintas partes del país y retiro de las compras en sucursales.

Pero Garbarino y Musimundo, las dos marcas que durante décadas encabezaron esta clase de promociones y llenaron páginas completas de los diarios, no estarán entre las cinco cadenas participantes.

Las ofertas serán presentadas por los competidores que conservaron sus operaciones, mientras las dos empresas que convirtieron esas campañas en una presencia cotidiana quedaron fuera del evento.

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