Alfa Helados, la apuesta de un ex MasterChef Junior por sabores poco comunes

Alfa Helados nació de un proyecto de alfajores helados y hoy ofrece en Palermo sabores como yerba mate, garrapiñada de maní y mandarina criolla.
Uziel Utrera, prepara un helado en su heladería Alfa

Puntos importantes

Checkbox Checked Uziel Utrera, ex MasterChef, abrió Alfa Helados en Palermo creando sabores únicos y artesanales.
Checkbox Checked Gestiona su local de forma autodidacta, priorizando la calidad y la innovación constante en su menú.
Checkbox Checked El emprendimiento es un desafío diario que busca conectar con clientes mediante sabores de autor.

El helado de yerba mate no es para todos. Uziel Utrera lo sabe porque lo ofrece desde que abrió Alfa, su heladería de Palermo, y ve la reacción del otro lado del mostrador. Algunos lo prueban intrigados y aprueban; otros hacen una mueca. "Es como tomar mate cocido frío con leche", dice. A los 23 años, el exfinalista de MasterChef Junior encontró en esa apuesta, y en sabores como tomate de árbol, mandarina criolla o garrapiñada de maní, una forma de hacerse lugar en uno de los rubros más poblados de Buenos Aires.

De vez en cuando, entre un pedido y otro, alguien lo mira con atención y pregunta si es el chico que llegó a la final de MasterChef Junior. Utrera ya no se parece en nada a aquel participante de televisión. Ya no es un niño que hace diez años jugaba a ser chef, es chef. Tiene un negocio propio y pasa buena parte del día calculando cuánto helado le queda, qué fruta entró en temporada o cuál será el próximo sabor.

Trabaja solo. Cranea las recetas, produce los helados, negocia con los proveedores, atiende a los clientes, lleva las redes y cada noche vuelve a su casa en Martín Coronado, en la zona oeste del Gran Buenos Aires. No llegó al rubro por tradición familiar ni porque hubiera crecido entre tachos de crema americana, sino por el gusto de cocinar.

Su primer recuerdo en la cocina es con su abuela, cuando tenía cinco años. A los ocho hizo un curso de cocina y a los 13 se presentó a MasterChef Junior. En la primera temporada quedó a un puesto de entrar. Lo llamaron para la siguiente, llegó a la final y, un año después, ganó Food Hunters, un reality show gastronómico estadounidense creador por Nickelodeon.

"Ahí dejé de tomarme la cocina como un hobby y empecé a verla como una profesión", cuenta a iProfesional.

Estudió gastronomía en Mausi Sebess. Durante la pandemia, cuando aún no podía entrar a trabajar a un restaurante, preparaba viandas al vacío y se desempeñó como chef privado. Después hizo una pasantía en Pujol (Ciudad de México) y cuando volvió al país trabajó en Sacro y en Mengano. Le gustaba la cocina salada, aunque el ritmo de los restaurantes empezó a pasarle factura.

"Tenés que disfrutar mucho ese ambiente porque, si no, se vuelve bastante hostil. Me di cuenta temprano de que no quería poner la cabeza ahí", explica.

Cómo un proyecto de alfajores helados se convirtió en Alfa Helados

Alfa no iba a ser una heladería. El plan era elborar alfajores helados para vender en kioscos. Pero Utrera pasaba todos los días frente a un local vacío, a dos cuadras del restaurante donde trabajaba, y terminó por imaginarse detrás de ese mostrador.

"Lo veía siempre en alquiler. Un día dije ‘voy a poner algo’, aunque todavía no sabía qué. Como venía con la idea de los alfajores helados, me mandé con el helado", recuerda.

Abrió en julio de 2023. Según detalló Utrera, invirtió $1 millón en una máquina nueva de origen chino y $500.000 en una vitrina usada. El alquiler, directo con el dueño, que en ese entonces era de  $145.000 mensuales, más un depósito por el mismo valor. La apertura se financió con sus ahorros, los de su entonces novia, ayuda de las dos familias y regalos de gente cercana. Una batidora, una licuadora, una mesada.

Como no había estudiado heladería en la tecnicatura, aprendió a elaborarlos de manera autodidacta, con libros, tutoriales de internet y corrigiendo errores propios.

"Solo sabía que el helado era frío, punto. La teoría la aprendí rápido. La práctica la sigo ajustando día a día desde que abrí", admite.

Arrancó con 13 sabores y hoy la vitrina tiene unos 27. Algunos permanecen todo el año; otros aparecen y desaparecen según la estación. El tomate de árbol dejó el mostrador hace pocos días. Su reemplazo será chocolate con hibiscus, una flor ácida y de color rojo intenso que eligió para la primavera.

Los sabores de menor salida los prepara en tandas de cuatro kilos por semana. Los que más se venden llegan a ocho o doce kilos, según detalló Utrera. La producción cambia según la época del año y el ritmo de las ventas.

Aunque está conforme con la decisión que tomó, reconoce que como emprendedor no tiene un franco mental. "Antes salía de un restaurante y, aunque no siempre era fácil, hasta el día siguiente me olvidaba. Acá estoy las 24 horas pensando en el negocio. Es cansador, pero es distinto porque es para uno", dice. Produce de lunes a jueves y los viernes y sábados intenta dejar libre la mañana, antes de abrir hasta las 2.

El kilo de helado Alfa cuesta $28.000, el medio kilo $17.000 y el cuarto $10.000. Según contó, el primer año fue el más complicado y recién hacia marzo de 2024 empezó a sentir que el negocio encontraba una marcha más estable. Este año el consumo, reconoce, se resintió frente al año pasado. Aun así, Utrera dice que el negocio mejoró al sumar mesas, extender horarios y ajustar la calidad de los helados.

"Hay familias que vienen y me dicen que esta es su salida de la tarde. Eso vale mucho", dice considerando que hoy el bolsillo es el que manda.

Por qué el helado de yerba mate es la bandera de Alfa

El sabor que mejor cuenta la identidad de Alfa no es el dulce de leche. Es el de yerba mate. Utrera lo había pensado antes de abrir, para un trabajo final de la carrera. La idea era recrear un mate cocido con bizcochitos de grasa en formato postre.

"Cuando abrí, fue lo primero que pensé que tenía que estar. A partir de ahí empecé a imaginar los demás sabores", señala.

También está el tomate de árbol, una fruta poco habitual en Buenos Aires, pero reconocible para muchos clientes colombianos, venezolanos y ecuatorianos que pasan por Palermo. "Cuando lo prueban, algunos me dicen que les recuerda a su tierra. Para mí, es de las cosas más lindas que me pueden decir".

No busca repetir lo que ya hacen otras heladerías. Le interesa probar combinaciones que lo saquen de la rutina y usar ingredientes que no suelen aparecer en una heladería. "No quiero hacer lo mismo. Me aburro", dice. Esa inquietud explica que el menú cambie y que no todos los sabores estén pensados para gustarle a todo el mundo.

Por ahora, Utrera no piensa en una segunda sucursal. Le consultan por franquicias de gastronomía, pero prefiere seguir aprendiendo con un solo local y una escala que todavía puede manejar. "En el futuro me gustaría hacer un bar de postres y helados, algo que mezcle el movimiento de una cocina con la heladería. Es una idea que todavía estoy maquinando", anticipa.

Para Utrera, emprender en gastronomía exige constancia y cuidado por el producto y la atención. "Al final son los clientes los que te mantienen de pie. Hay altibajos, siempre. Si se puede tener una ayuda extra, mejor, pero hay que seguir hasta que el tren empieza a andar", plantea.