Los A-4AR que retiró la Fuerza Aérea podrían tener un negocio detrás, pero hay obstáculos
La desprogramación de los A-4AR Fightinghawk abrió una pregunta que va más allá de su reemplazo por los F-16: ¿qué destino tendrán los aviones, los repuestos y los equipos que la Fuerza Aérea Argentina dejó de utilizar?
La posibilidad de transferir algunas aeronaves a compañías privadas que prestan servicios de entrenamiento militar aparece como una alternativa, aunque todavía no hay una operación confirmada ni datos públicos sobre su eventual valor de venta.
La Fuerza Aérea anunció el retiro definitivo del sistema de armas el 14 de mayo. La decisión respondió, según la institución, a un análisis de planificación estratégica que priorizó la eficiencia operativa y la sostenibilidad económica, en el marco de la transición hacia los F-16. Desde entonces, el material asociado a los Fightinghawk quedó sujeto a un proceso de concentración, clasificación y evaluación para definir su destino.
Qué pasará con los aviones que dejó de utilizar la Fuerza Aérea
La desprogramación de los A-4AR incluyó la concentración en la V Brigada Aérea de las células disponibles, repuestos, herramientas y otros elementos asociados al sistema de armas.
Parte del material llegó desde el Área Material Río Cuarto, que ahora orientará sus capacidades al apoyo y mantenimiento de los F-16 que incorpora la Argentina. El proceso contempla clasificar y catalogar los componentes para definir su destino.
Según Zona Militar, la enajenación de los cazas es un proceso que ya empezó, lo que podría otorgarle a estos Halcones una segunda vida tras haber completado su servicio para la Institución.
Las compañías que ofrecen servicios de entrenamiento adversario proporcionan aeronaves y pilotos para simular las capacidades y tácticas de una fuerza enemiga durante ejercicios militares.
De esa forma, las fuerzas aéreas pueden entrenar frente a amenazas distintas de las que representan sus propios aviones, sin destinar toda su flota de combate a ese objetivo.
El modelo ya existe en el mercado internacional y el Skyhawk forma parte de esa actividad. Una de las empresas que lo utiliza es la canadiense Top Aces, que opera A-4N de origen israelí y modernizó sus sistemas para adecuarlos a los requerimientos de entrenamiento actuales.
Top Aces incorporó a sus A-4 capacidades como radar de barrido electrónico activo (AESA) y sistemas infrarrojos de búsqueda y seguimiento (IRST). Estas tecnologías permiten ampliar el tipo de amenazas que pueden representar durante los ejercicios.
De esta forma, la empresa muestra que un avión diseñado décadas atrás puede seguir teniendo una función dentro de un mercado especializado, siempre que la plataforma y su equipamiento se adapten a las necesidades de sus clientes.
Draken International también operó Skyhawks procedentes de las fuerzas aéreas de Nueva Zelanda e Israel. Su actividad incluye servicios de entrenamiento adversario para fuerzas militares.
Estos antecedentes muestran que hay operadores privados con experiencia en el uso de aeronaves de esta familia, aunque no confirman que alguna de esas compañías haya presentado una oferta por los ejemplares argentinos.
Sin embargo, los A-4AR argentinos no son idénticos a los modelos que utilizan esas compañías, por lo que una eventual incorporación al mercado privado requeriría evaluar su compatibilidad con las necesidades del operador, el mantenimiento necesario y la disponibilidad de repuestos.
Por qué la operación necesita autorizaciones de Estados Unidos
Una eventual transferencia también debe considerar el origen estadounidense de los aviones y de parte de sus sistemas. Las reglas de Estados Unidos sobre material de defensa pueden exigir autorizaciones para transferir equipos a terceros o modificar el destino previsto en la operación original.
El procedimiento aplicable depende de las condiciones bajo las cuales se entregó cada elemento y de las características de la transferencia propuesta. El antecedente del programa Fightinghawk es importante, ya que Argentina adquirió aeronaves A-4M y OA-4M que fueron modernizadas para incorporarse a la Fuerza Aérea.
Esa transformación involucró empresas y tecnología estadounidenses. Por lo tanto, la disponibilidad material de los aviones no garantiza que puedan venderse libremente a cualquier comprador ni que puedan operar sin restricciones una vez transferidos.
Una segunda vida posible, todavía sin una operación confirmada
La eventual utilización de los A-4AR por compañías privadas se vincula con dos procesos simultáneos. Por un lado, la disposición del material que dejó de utilizar la Fuerza Aérea y, por otro lado, la existencia de un mercado internacional de entrenamiento militar.
La transición hacia los F-16, por su parte, explica por qué la institución reorganiza instalaciones, personal y recursos asociados al sistema anterior. Según lo difundido por Zona Militar, el proceso de enajenación comenzó, pero no se tiene registro reciente de propuestas recibidas.