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Macri asimiló la derrota y está obligado a cogobernar junto a Alberto F. para evitar el caos económico

Macri asimiló la derrota y está obligado a cogobernar junto a Alberto F. para evitar el caos económico
Las PASO definieron la elección: octubre será apenas un trámite formal. El mercado financiero se prepara y aguarda las señales de Fernández
Por Fernando Gutiérrez
12.08.2019 00.10hs Política

Terminó la campaña electoral. Alberto Fernández es el próximo presidente de la Argentina.

No importa que el calendario electoral marque que falta la votación "de verdad" en octubre. Al igual que había pasado tras las PASO de 2011 cuando Cristina Kirchner había arrasado en las urnas, la elección será apenas una formalidad, un trámite.

La diferencia que le sacó el kirchnerismo al Gobierno es ilevantable: la suma de los votos de Mauricio Macri, la de Roberto Lavagna, la de José Luis Espert y la de Juan José Gómez Centurión no llegan a empardar el contundente 47% que obtuvo Fernández.

Las caras de Macri y sus principales dirigentes era el canto a la derrota. No se necesitaron muchas palabras para entender que todo había terminado. Fue evidente que el "efecto decepción" de votantes del macrismo de hace apenas dos años fue mucho mayor que lo que sospechaban hasta los más optimistas militantes del kirchnerismo.

Hasta las obligadas arengas para levantar la moral de la tropa con vistas a octubre parecieron más una formalidad que algo realmente sentido.

Y, a esta altura, a todo el mundo le quedó en claro que el objetivo único, fundamental y obsesivo de Macri será poder completar su mandato sin que el país estalle en un caos económico. No será fácil porque restan cuatro meses para la asunción del próximo gobierno.

Ese lapso en la Argentina es una eternidad. Los más veteranos recuerdan con claridad cómo Raúl Alfonsín debió adelantar la entrega del poder a Carlos Menem en 1989 porque los siete meses que restaban para el cambio de mando se hacía imposible de transitar.

Macri quedará severamente afectado por el síndrome del "pato rengo", y la contundencia de los resultados se encargó de disipar muchas de las dudas que se planteaban en la previa. Cuando todavía se creía que la diferencia de la fórmula Fernández-Fernández podría ser de cinco o seis puntos, en la City se preguntaban si el Banco Central estaría dispuesto a defender el tipo de cambio a cualquier precio (es decir, vendiendo los dólares del Fondo Monetario Internacional) o si convalidaría una devaluación.

Esa pregunta ya dejó de ser relevante. Al conocerse los resultados, ya los bancos de inversión que cuentan con apps para comprar dólares antes de la apertura de los mercados orillaron los $49. Y con tendencia al alza.

Los informes de los bancos en las últimas semanas eran lapidarios respecto de lo que ocurriría si ganaban los Fernández: se veía un dólar por encima de los $50 en lo inmediato y de $70 a fin de año, un riesgo país de 1.500 puntos y una huída masiva desde los títulos argentinos hacia el dólar.

Por otra parte, se descuenta que las cuentas en dólares del sistema bancario podrán sufrir una merma en la medida en que los ahorristas teman algún tipo de política intervencionista a alguna variante del recordado cepo cambiario.

Hoy hasta parecían increíblemente optimistas los pronósticos de las últimas semanas que hablaban de un 42% de los votos para el kichnerismo y una diferencia de seis puntos, el escenario que los bancos preveían como el peor imaginable desde el punto de vista de la estabilidad macroeconómica.

Una coordinación obligada

Es por eso que ni bien se insinuó cuál sería el resultado de las urnas, desde los medios de comunicación y desde operadores del mercado se empezó a escuchar un reclamo fuerte hacia Macri: señales claras de que la prioridad sería la gobernabilidad y que eso debía incluir a algún tipo de coordinación con el equipo de Alberto Fernández.

El discurso de Macri al reconocer la derrota dio alguna pista en ese sentido, al aludir a la "responsabilidad de todos".

A esa hora ya pocos recordaban que, cuando todavía se preveía una elección pareja, el jefe de gabinete, Marcos Peña, decía: "Hasta que se defina la elección va a haber inestabilidad porque el riesgo político que genera la vuelta de un populismo autoritario es algo que deja un susto e incertidumbre".

Lo cierto es que, conocidos los resultados de las PASO, a los inversores ya no les importa tanto qué planes tienen los actuales funcionarios sino qué piensan los asesores de Fernández.

Para empezar, si efectivamente Guillermo Nielsen será el ministro de economía –o el encargado de renegociar la deuda- y si habrá un manejo racional de las finanzas públicas o si se incurrirá en actitudes que puedan ser consideradas default.

Por lo pronto, en su discurso de victoria, Fernández repitió sus polémicas declaraciones respecto de los intereses de las letras del Banco Central como responsables por la falta de ayuda estatal a segmentos postergados como el de los jubilados.

El desafío de llevar calma

El de Fernández fue el discurso de quien se sabe presidente electo. Fue la noche de la victoria y el momento de las promesas. La de un gobierno junto con la "liga de los gobernadores" y la del fin de la grieta.

Pero ahora empieza el momento de las definiciones. En los próximos días llegará al país la misión del Fondo Monetario, y obviamente los técnicos tendrán muchos más interés en reunirse con Alberto que con el ministro Nicolás Dujovne. El mismo Alberto que, en su última reunión les dijo que eran unos irresponsables por haber permitido que sus dólares se destinaran a "financiar la campaña electoral de Macri" y a convalidar una fuga de capitales.

En definitiva, empezó una nueva etapa. Terminó el ciclo macrista, que ahora aspira a salvar su honor. Macri tiene el gran desafío de mantener la cohesión sin que empiecen a salir a la superficie las fisuras internas, los reproches y las disidencias.

Porque ahora vendrá la "autopsia" de la gestión macrista y de la estrategia electoral. Desde la forma en que se realizó el ajuste tarifario hasta la decisión de no desdoblar la elección nacional con la de la provincia de Buenos Aires (como pedía María Eugenia Vidal), todo es pasible de ser objeto de pases de facturas.

La arenga mística de Elisa Carrió ante una militancia deprimida fue la prueba definitiva de lo irreversible de la situación desde el punto de vista electoral.

En adelante, el objetivo es evitar una crisis. Hay que convencer a los argentinos y a los extranjeros que el país, pese a las pasiones políticas, llegó a ciertos consensos básicos y aprendió las lecciones de sus traumas recientes.

Eso es lo que está por verse en los próximos días.

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