La apuesta de Bullrich con su "renunciamiento": perfilarse como candidata opositora a presidente para 2023

La apuesta de Bullrich con su "renunciamiento": perfilarse como candidata opositora a presidente para 2023
La estrategia de la titular del PRO: transferir a Vidal la responsabilidad de repetir la performance de 2017, mientras lidera una agenda de oposición dura
Por Fernando Gutiérrez
03.07.2021 22.45hs Política

Hay "renunciamientos" que, lejos de significar un paso al costado o un gesto de humildad, dejan traslucir grandes ambiciones.

La historia política argentina ha tenido muchos ejemplos de ello a lo largo de su historia política: sin ir demasiado atrás en el tiempo, Cristina Kirchner, al proponer a Alberto Fernández como presidente, logró una jugada estratégica en la cual cedía el cargo pero no el poder.

De la misma manera, cuando Sergio Massa decidió apoyar la fórmula Fernández-Fernández, para aceptar un cargo aparentemente menor en la lista de diputados, avisó que él era joven y tenía tiempo para esperar hasta 2023.

Y, de hecho, toda su estrategia ha revelado cómo desde la presidencia de la cámara ha acumulado poder, alianzas y un protagonismo en la agenda que le resulta imprescindible para ponerse en carrera a la presidencia que realmente aspira, la nacional.

En las últimas horas, desde la vereda opositora se vio una situación análoga. Patricia Bullrich, tras meses de polémica, negociaciones y discusiones internas, decidió que lo que más le convenía era no liderar la lista de diputados para un seguro triunfo en la Ciudad de Buenos Aires y dejarle ese espacio a María Eugenia Vidal.

Pero no dejó dudas sobre su ambición. En la carta dirigida a sus adherentes -en la que no menciona a la ex gobernadora ni tampoco al ex presidente Mauricio Macri- deja en claro su perspectiva del rol en el que se ve a sí misma: liderando a la oposición para disputar la presidencia en 2023.

El texto de la carta que Bullrich difundió en las redes da señales muy fuertes en ese sentido. Primero, reafirma que su vocación es dirigirse a los argentinos de todo el país y no limitarse a la militancia de una provincia o distrito en particular.

Esto implica, por un lado, que mantendrá su rol de polemista sobre los grandes temas de la actualidad nacional y que no sentirá limitaciones para ceñirse a una agenda de temas regionales. En otras palabras, aun sin ser candidata, podrá polemizar en terrenos como la crucial provincia de Buenos Aires, bastión kirchnerista donde se ponen en juego 35 bancas de diputados. 

Pero, además, es un mensaje en clave para la militancia opositora: quiere transmitir que el no encabezar una lista en la Ciudad de Buenos Aires no implica haber perdido una puja interna contra Vidal, sino que se siente por encima de ella.

Después de todo, la ex gobernadora cargará con la contra -que los peronistas explotarán al máximo- de haber cambiado de distrito, una contradicción para quien una vez se declaró "orgullosamente bonaerense" -era la autodescripción de sus cuentas en las redes sociales, que luego borró-. La interpretación que hace todo el arco político es que Vidal decidió la seguridad de jugar "de local" en la Ciudad, donde es casi imposible perder, antes que arriesgarse a una segunda derrota en la provincia.

Un ajedrez contra Vidal y Rodríguez Larreta

La realidad es que Bullrich no tenía muy en claro cómo le hubiese ido en una interna abierta contra Vidal. Las encuestas eran contradictorias, por el alto número de indecisos a esta altura del año. Pero si bien algunas, como la de la consultora Giacobbe, la mostraban mejor posicionada, eran más las que mostraban una preferencia para la ex gobernadora.

Con el "renunciamiento", Bullrich se evita el riesgo de perder contra una adversaria interna. Y, mucho más importante, le transfiere la responsabilidad de acercarse a la performance de las legislativas de 2017, cuando el entonces oficialismo de Cambiemos, con la candidatura de Elisa Carrió, arrasó con 48% de los votos. Si se suman los del espacio liderado por Martín Lousteau, el macrismo obtuvo hace cuatro años un contundente 63% de los votos, con lo cual obtuvo 10 bancas de las 13 que estaban en disputa.

Esto implica que, por más que todos den por segura una victoria de Vidal, no se la considerará realmente exitosa si no logra la marca de hace cuatro años.

Bullrich evitó la confrontación con Vidal, y le transfiere la responsabilidad de una victoria amplia en la Ciudad
Bullrich evitó la confrontación con Vidal, y le transfiere la responsabilidad de una victoria amplia en la Ciudad

Lo cierto es que entre los opositores antikirchneristas, la carta de Bullrich generó decepción. Basta con ver los mensajes que recibió la titular del PRO para ver que el sector más radicalizado quiere una oposición "a cara de perro" y rechaza los gestos conciliadores del jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, quien por estas horas hace de padrino político de Vidal.

Muchos de los mensajes en las redes sociales le avisaron a Bullrich que no estarían dispuestos a votar por candidatos a quienes consideran "tibios". E incluso se empezó a esbozar una oportunidad impensada para que ese enojo se canalice en las PASO hacia un apoyo a Ricardo López Murphy.

Pero Bullrich ya contaba con esa reacción. Es por eso que dejó en su carta un sugerente párrafo: "Yo les planteo a mis conciudadanos el desafío ético y práctico de que me acompañen hacia un cambio que los represente. A ser Cambiemos de verdad y no ‘Sigamos’".

Es una frase deliberadamente ambigua, que no sólo plantea el objetivo obvio de que quiere derrotar en las urnas al peronismo, sino que también está advirtiendo que ella será la garante de que la oposición no "ablande" sus posturas para transformarse en un continuismo de las actuales políticas.

En su jugada estratégica, planteó además que, si ella se hubiese presentado en una interna y hubiese derrotado a Vidal, le estaría haciendo el juego al peronismo, porque Rodríguez Larreta quedaría debilitado políticamente después de haber impulsado la candidatura de la ex gobernadora bonaerense.

Desde el punto de vista de Bullrich, la movida sólo deja ganancias políticas: si la victoria de Vidal es estrecha, será la ex gobernadora quien deba cargar la responsabilidad, se le atribuirá una condición de "piantavotos" y quedará muy debilitada para integrar una fórmula en 2023. En cambio, si el triunfo en la Ciudad es contundente, Bullrich reivindicará su gesto de promover la unidad opositora y tratará de afianzar un liderazgo a nivel nacional.

Estilo duro, con el 2023 en la mira

No es una jugada exenta de riesgos, claro está. Como le hicieron saber muchos de sus adherentes desilusionados, "sin 2021 no hay 2023". Es decir, las chances de que la oposición desbanque al peronismo en las próximas presidenciales quedarán debilitadas si no se gana fuerza parlamentaria para enfrentarse al Gobierno.

Es por eso que Bullrich explicó en su carta que, como el triunfo en la Ciudad está asegurado, su contribución puede ser mayor si recorre el país para ir a dar la pelea en los distritos donde "juega de visitante".

"La tarea más importante en esta elección es generar un equilibrio que no le permita al Gobierno avanzar sobre la república, la Constitución y la población. En ese sentido, quedarme sola como diputada en la ciudad me restaría la posibilidad de representar a toda la sociedad. Con lo cual, voy a recorrer el país y voy a trabajar para que ese triunfo que la sociedad nos pide sea real", declaró luego de conocida su carta.

Rodríguez Larreta, aludido indirectamente por Bullrich, quien planteó que la oposición no puede ser
Rodríguez Larreta, aludido indirectamente por Bullrich, quien planteó que la oposición no puede ser "Sigamos"

Pero, sobre todo, el mensaje de la titular del PRO es que su tarea central en el futuro inmediato es "presentar y perfeccionar un programa de gobierno que sea una bisagra en la historia argentina".

El tono es su carta no deja lugar a dudas: está dispuesta a liderar el mensaje del anti-populismo, lo que implica dar el debate contra las políticas asistencialistas con las que puedan llegar a identificarse incluso parte de los políticos del espacio opositor.

Por eso declara que luchará contra "un sistema asistencial que estanca a millones en la miseria" y que promoverá un modelo "que promueva el trabajo, que permita que cada ciudadano sienta que su vida tiene sentido y que su futuro no es durar, sino crecer, y dejar de marchar toda la vida para lograr que algún funcionario -al que no cabe sino calificar como demagogo- le dé un plan social a cambio de que renuncie a la dignidad de un proyecto de vida para él y sus hijos".

No deja de ser llamativo, además, que en sus declaraciones esté insinuando que el rol de Mauricio Macri no será el de candidato presidencial. En todo momento remarca su condición de ex presidente y le reclama equidistancia en las internas. Al tiempo que enfatiza en su propia condición -la de ella- de presidente del PRO.

La vocación de Bullrich de forjar un rol protagónico a nivel nacional ya se venía insinuando desde hace tiempo. No faltó a ninguno de los "banderazos" autoconvocados desde las redes, incluso cuando el propio Rodríguez Larreta o la propia Carrió pedían no asistir en atención a la prevención sanitaria del covid.

Por otro lado, asumió un tono de oposición dura que reflejó en críticas y denuncias sobre todas las iniciativas gubernamentales, desde las propuestas de reforma judicial hasta la gestión de la campaña vacunatoria.

Sus adherentes defienden el argumento, por ejemplo, de que sin la denuncia de Bullrich sobre presunta corrupción en la negativa a firmar un contrato con Pfizer, no se habría generado la corriente de opinión pública que forzaron a Alberto Fernández a emitir el decreto que permitirá el ingreso de la vacuna estadounidense.

En definitiva, Bullrich, como tantos otros, decidió una jugada al todo o nada. Un gesto grandilocuente de "renunciamiento" en el que aspira a transformar debilidades en fortalezas. Y, con una ambición ya cada vez más difícil de disimular, ponerse en carrera para las presidenciales de 2023.