¿Alivio a la clase media con Ganancias o apoyo a los pobres con bonos?: Massa y Grabois reeditan la pelea peronista

La urgencia de Massa por elevar el "piso" de Ganancias ya genera críticas internas por parte de quienes piden focalizar en los sectores de menores ingresos
03/07/2023 - 19:30hs
¿Alivio a la clase media con Ganancias o apoyo a los pobres con bonos?: Massa y Grabois reeditan la pelea peronista

¿Priorizar a la clase media con un alivio en el impuesto a las Ganancias o poner el foco en los más pobres, con ayudas en forma de bonos o de un "salario universal"? Esa cuestión fue un motivo de tensión interna permanente desde que el Frente de Todos asumió el poder en diciembre de 2019. Y los primeros movimientos de la campaña electoral dejan entrever que esa misma discusión volverá a plantearse, personificada en los candidatos Sergio Massa y Juan Grabois.

El ministro de Economía tiene en claro cuál es su estrategia: buscar el votante de clase media que en 2019 había votado la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner y que en las legislativas le dio la espalda al oficialismo. Medido en términos electorales, fue una pérdida de 14 puntos -casi cinco millones de votos- que ahora Massa se plantea recuperar.

El proyecto -según explicó el director de Aduanas, Guillermo Michel, tras una reunión junto al titular de AFIP, Carlos Castagneto, con el flamante candidato- es un alivio en el peso de Ganancias para los asalariados de nivel medio. El "piso" actual del impuesto es un ingreso bruto de $506.000 -unos $420.000 netos-, que es una cifra que coincide con la que, según la dirección de Estadísticas de la Ciudad, se necesita para ser considerado "de clase acomodada".

Esa escala, con valores a mayo, implica que un hogar de dos adultos y dos menores necesita un ingreso mensual mínimo de $320.278 para ser considerado de clase media tradicional, y que a partir de $1.024.892 –o dos salarios de $512.446- ya salta al sector más privilegiado.

De manera que un alivio que subiera el mínimo no imponible en Ganancias estaría beneficiando a un sector de trabajadores de ingresos medio-altos, y sólo dejaría en condiciones de pagar el impuesto a la "crema" compuesta por el millón de asalariados mejor pagos.

Michel argumentó que el costo fiscal de estas medidas es relativo porque "el mayor poder adquisitivo que se vuelca en el bolsillo del trabajador genera más actividad económica y se recauda más".

Ya en campaña, Massa se fijó como prioridad un nuevo alivio en Ganancias, que afecta al electorado de clase media-alta
Ya en campaña, Massa se fijó como prioridad un nuevo alivio en Ganancias, que afecta al electorado de clase media-alta

Reflotando el viejo debate peronista

Sin embargo, no todos comparten esa visión. Desde ya, no es la postura histórica de Cristina Kirchner, cuyos mayores conflictos con Hugo Moyano habían sido, precisamente, por el alcance que debía tener Ganancias, en un momento en el que gremios que no lo habían pagado empezaban a tributarlo. La entonces presidenta justificaba su política impositiva con el argumento de que gracias al aporte fiscal de Ganancias se podía financiar programas de asistencia social como la Asignación Universal por Hijo. Y acusaba de falta de solidaridad y de falsos peronistas a quienes cuestionaban su postura.

De hecho, los más veteranos del kirchnerismo recuerdan que cuando Massa se rebeló contra Cristina en 2013 y construyó la facción escindida que ganaría las legislativas de 2013, su "caballito de batalla" en la campaña electoral había sido el alivio en Ganancias para los sectores medios, con el argumento de que "el salario no es una ganancia".

Aunque pasaron los años, se perciben hoy reminiscencias de aquel debate, que en realidad ya había tenido sus episodios de discusión antes de que Massa asumiera como ministro. En la base militante kirchnerista, se empezó a cuestionar si era el mejor momento, dada la fragilidad fiscal del Gobierno, cuya recaudación viene cayendo en términos reales a un ritmo de 8%.

La recaudación de Ganancias representa el 22% en el total de la "torta" de la AFIP, y eso lleva a que en el ala izquierda del kirchnerismo resurja el debate sobre si es procedente sacrificar recursos fiscales al mismo tiempo que se está realizando un recorte del gasto público.

Para el kirchnerismo, que siempre ha sostenido la tesis "keynesiana" de expandir fiscalmente en momentos de crisis como forma de estimular la actividad, la austeridad que exhibe Massa es motivo de desconfianza y malhumor. En el acumulado del año, el déficit cayó un 27,7% en términos reales, con el agravante de que entre los rubros que lideraron ese recorte figura los pagos del sistema jubilatorio.

Los reclamos sociales, en lista de espera

Massa suele jactarse de que la cantidad de trabajadores que pagan Ganancias se redujo desde 2,4 millones al final de la gestión macrista, a un millón en la actualidad. Pero en el kirchnerismo no están seguros de que sea un dato a festejar, sobre todo por la férrea negativa que ha mostrado el ministro hacia los reclamos por un aumento salarial de suma fija establecido por decreto.

Fue un tema que calentó el debate interno durante todo el año pasado, ya desde que Martín Guzmán estaba en el ministerio, y argumentaba que una medida de este tipo podía ser contraproducente, tanto en el plano inflacionario como en el cambiario.

El debate se intensificó a partir de que el reclamo del movimiento piquetero por un "salario universal" que sustituyera a los planes como el Potenciar Trabajo fuera adoptado por Cristina Kirchner.

En pleno reclamo piquetero por un
En pleno reclamo piquetero por un "salario universal", Cristina se había diferenciado de la política salarial de Massa, que rechazó aumentos por fuera de las paritarias

En aquel momento, a mediados del año pasado, el argumento de Cristina era que los bonos de única vez -como que el se había pagado tras un repunte inflacionario- no implicaban realmente una política de defensa del ingreso y que era necesario pensar en una solución de tipo permanente.

Fue así que la vice atendió la propuesta para que el universo de informales y de monotributistas de bajo ingreso -calculado en unos siete millones de personas- tuvieran un ingreso equivalente al de la canasta de indigencia -que, a precios de hoy, equivaldría a $100.000-. Los economistas calcularon que eso implicaría un esfuerzo fiscal de un punto del PBI, algo imposible de financiar justo cuando se intentaba hacer "buena letra" con el recién firmado acuerdo con el FMI.

Al frente del reclamo por el salario universal se ubicaba Juan Grabois, el líder piquetero que hoy se muestra como la antítesis de Massa y que intenta ganarse la simpatía de los kirchneristas que quedaron desilusionados tras la abrupta "bajada" de la candidatura de Wado de Pedro.

"Por origen, convicción y militancia, sin haber sido parte activa ni funcionarios de ningún gobierno, tenemos mucho más que ver con ese proceso que nuestro contrincante", escribieron Juan Grabois y Paula Abal Medina, en una carta a la militancia, haciendo alusión a que se consideran la continuación histórica del primer kirchnerismo.

Y, por si quedaban dudas sobre si se suavizaría el tono con el cual se referirán a Massa durante la campaña, agregan: "Nuestro rival tiene recursos y medios infinitamente superiores. Nosotros no gozamos de la simpatía de círculos rojos ni poderes externos".

Desde el punto de vista de Grabois, Massa "no busca expresar a la sociedad ninguneada en sus derechos sino darle tranquilidad al 1 por ciento privilegiado y seguridad a los mercados".

Grabois y Massa, visiones encontradas

Lo cierto es que Grabois ha jugado el rol opositor interno, que se encarga de recordar las promesas incumplidas en el área de la "inclusión social". Su estilo discursivo agresivo le ha ganado un lugar protagónico en el ámbito político y es reconocido como un referente por los kirchneristas que no se sienten representados por Massa.

"La relativa estabilidad que se mantuvo durante el tiempo de la pandemia, lograda por algunas medidas del Gobierno y la formidable red de cohesión comunitaria que por décadas tejimos movimientos sociales e iglesias no podrá evitar por mucho más tiempo el estallido del pueblo pobre que quiere algo más que el plato de comida que nuestras ollas populares ofrecen cotidianamente", es una de las frases más recordadas de Grabois, en ocasión del día de San Cayetano, patrono del trabajo.

Desde la base de apoyo al kirchnerismo surgen cuestionamientos sobre si es el mejor momento para el alivio en Ganancias, con una caja de AFIP que cae en términos reales
Desde el kirchnerismo surgen cuestionamientos sobre si es el mejor momento para el alivio en Ganancias, con una caja de AFIP que cae en términos reales

Desde el punto de vista de este sector, la propuesta de Massa por aliviar Ganancias mientras sigue "cajoneado" el reclamo por un bono salarial -y, además, después de un recorte en la cantidad de beneficiarios del Potenciar Trabajo que enojó a las organizaciones sociales- aparece más como un motivo de crítica que de elogio.

Pero del otro lado de la interna la situación se ve diferente. Massa, que siempre ha establecido a la clase media como su electorado objetivo, tiene en claro que la pirámide de ingresos se ha achatado, de tal forma que hay muy poco espacio entre la línea de pobreza y la que determina el acceso al sector medio.

Hablando en plata, la canasta básica que mide el Indec establece que un hogar de dos adultos y dos menores necesita $217.916 para no estar en situación de pobreza. Es una cifra peligrosamente cercana a los $320.278 que se requieren en Buenos Aires para sostener un consumo de clase media tradicional.

Con una inflación promedio de 7% mensual y más de un tercio de trabajadores en situación informal y sin la protección de paritarias, el pasaje desde la clase media a la franja inferior puede producirse mucho más rápido que en una situación normal.

Puede fallar

En todo caso, lo que no resulta tan claro es si el esfuerzo de Massa será realmente efectivo desde el punto de vista electoral. Ante cada medida focalizada en Ganancias, desde el kirchnerismo se argumentó que se estaba beneficiando a un sector que nunca daría su voto al peronismo.

Es un debate complejo. Massa recuerda que él sí se benefició en 2013, mientras que Cristina, que como reacción a una PASO negativa, accedió a subir el mínimo no imponible, no sólo no mejoró su performance sino que la empeoró.

Pero si se toma como referencia el debate de 2016, durante la gestión macrista, tanto Massa como el kirchnerismo salieron perdiendo: lograron que la cámara de Diputados aprobara un proyecto que subía sensiblemente el mínimo no imponible, aunque luego el Senado, con el apoyo de los gobernadores, suavizó el texto original. Aun así, de los 2,2 millones de asalariados que tributaban, pasaron a pagar solamente 1,4 millón. Pero en la elección legislativa de 2017 ambos sectores peronistas sufrieron un revés en las urnas.

Y el antecedente más reciente, el de las legislativas de 2021 también mostró que, a pesar de haber cuidado que el mínimo no imponible siguiera el ritmo inflacionario para que la cantidad de aportantes no superara el millón de trabajadores, el Frente de Todos sufrió una dura derrota.

¿Quién tiene razón, entonces, en el debate interno? Es algo que sólo se dilucidará en las próximas elecciones, pero Massa parece dispuesto a no descuidar al que considera "su" electorado, aun cuando eso pueda generar rispideces con el kirchnerismo en plena campaña.