MUNDIAL Y POLÍTICA

Del feriado que no fue a la falta de sintonía con el plantel, el regreso de la Selección incomoda a Milei

Lejos de la euforia prevista, el melancólico regreso del plantel no justifica el feriado. La oposición hace su juego y el "factor Chiqui Tapia" incomoda
Por Fernando Gutiérrez
POLÍTICA - 20 de Julio, 2026

Todo muy argentino: primero, como siempre, la pelea entre Gobierno y oposición por apropiarse de los éxitos deportivos. Luego, el anuncio de un feriado para homenajear a la Selección, y después la confirmación de la suspensión del feriado, mientras se hacía evidente un clima de poco ánimo de festejo en el plantel.

Y, de fondo, el incómodo protagonismo de Claudio "Chiqui" Tapia, a quien la ola de denuncias judiciales por corrupción no parece haberle hecho mella en su popularidad y poder político.

Como primera señal política post mundialista, la AFA difundió, desde su cuenta oficial, un video sobre las obras para renovar el Estadio Único de La Plata, ahora rebautizado "Tricampeones del Mundo". Todo un guiño para el gobernador Axel Kicillof -en quien recae la ejecución de la obra-. El pre candidato peronista no perdió su oportunidad: a la hora de felicitar a la Selección, eligió la foto de los jugadores con el cartel que, en abierta infracción a la disposición de FIFA, afirmaba "Las Malvinas son argentinas".

Al mismo tiempo, Javier Milei y sus ministros también publicaban mensajes de agradecimiento a Lionel Messi y compañía, pero resaltando los valores opuestos a los de ese gesto transgresor: desde el punto de vista del gobierno, la "Scaloneta" es un ejemplo de meritocracia, de humildad, de esfuerzo y de búsqueda por la excelencia.

Pero fue inocultable que, tal como le había ocurrido a Alberto Fernández en 2022 y a Cristina Kirchner en 2014, no solo resulta muy difícil para un gobierno sacar provecho político del éxito futbolístico, sino que, por el contrario, implica el riesgo de un "efecto boomerang" frente a la opinión pública.

Una historia de malas experiencias entre gobiernos y Selección argentina

Los antecedentes históricos son abundantes al respecto. En 1986, Maradona y el equipo de Carlos Salvador Bilardo estuvieron en la Casa Rosada, con el protagonismo absoluto porque el entonces presidente Raúl Alfonsín prefirió mantenerse al costado de la escena.

Hasta el día de hoy, los partidarios de Alfonsín reivindican ese gesto como un momento de grandeza por parte de un estadista. Sin embargo, sus opositores nunca olvidaron que, en medio de los festejos por el triunfo, el gobierno decretó subas de precios en las tarifas de los servicios públicos, para aprovechar la euforia popular como anestesia del golpe a los bolsillos. En todo caso, no parece haber sido suficiente: en la elección legislativa del año siguiente, el partido de Alfonsín sufriría su primera gran derrota.

Maradona volvió al balcón de la Casa Rosada en 1990, cuando el subcampeonato del Mundial de Italia se celebró como una victoria. El inquilino en ese momento era Carlos Menem, quien pasaba por su período de mayor popularidad. Pero cuatro años más tarde el clima social había cambiado y había una percepción de que el menemismo estaba manchado por la corrupción.

Fue por eso que, en el Mundial de Estados Unidos 1994, los referentes del plantel dijeron que, en caso de ganar la copa, no se la llevarían a Menem sino al escritor y activista por los derechos humanos Ernesto Sábato, considerado en ese momento un símbolo de la honestidad perdida en el país.

La siguiente recepción multitudinaria fue para la Selección subcampeona del Mundial Brasil 2014, ya con Cristina Kirchner en la presidencia. Cristina había desistido de ir a ver la final junto a sus colegas Angela Merkel y Dilma Rousseff, lo cual no implica que su gobierno no hubiera intentado exprimirle el jugo político al mundial.

Más bien al contrario: eran los tiempos del monopolio televisivo estatal de "Fútbol para Todos", que en los entretiempos difundía mensajes como el que, por ejemplo, hacía un paralelismo entre el torneo futbolístico y el conflicto del país con los "fondos buitres".

Al regreso del plantel, Cristina organizó un acto, en el cual, con un ánimo eufórico que desentonaba con la tristeza por la derrota, entregó el micrófono para que, uno por uno los jugadores improvisaran un pequeño discurso. La incomodidad de Lionel Messi y sus compañeros fue evidente, lo cual influyó para que, en 2022, Alberto Fernández haya desistido de todo intento de figuración junto a los campeones del mundo en Quatar.

Un festejo agridulce para la Selección y para Javier Milei

Ahora, Javier Milei intenta evitar los errores de sus antecesores, aparentemente no con mucho éxito.

Para empezar, lo que se había imaginado como una recepción eufórica y multitudinaria a Messi y sus muchachos, quedará diluida por la decisión del Capitán de no regresar al país. La vuelta de un plantel sin la mitad de sus jugadores y con sensación de "ciclo cumplido" para Scaloni, luego del deslucido papel en la final, no genera mucho ambiente de festejo, lo cual dejó "en offside" el anuncio oficial de un feriado de homenaje.

Pero, además, Milei no logró eludir del todo el riesgo de una falta de sintonía con la Selección. Si bien es cierto que se cuidó de no caer en los errores del kirchnerismo en 2022 -cuando desde los medios públicos hubo reproches por la falta de pronunciamientos políticos de los jugadores-, tampoco hubo una afinidad total. De hecho, la oposición celebró como una victoria política las declaraciones en las que Messi hizo alusión a los desempleados y la gente que tiene dificultades para llegar a fin de mes.

El episodio más incómodo fue el de la bandera alusiva a las Malvinas, luego de que la propia ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, hubiera llamado a respetar la normativa de la FIFA sobre no ingresar símbolos que pudieran generar controversia.

Así, los medios afines al peronismo sacaron tajada, presentando a los jugadores como portadores de una rebeldía que el gobierno carece. El hecho de que, en la ceremonia final, algunos jugadores hayan eludido el apretón de manos con Donald Trump agrandó esa interpretación.

Y, claro, está el "factor Chiqui Tapia". Erigido otra vez en máximo representante argentino, compartiendo palco con Trump, con Gianni Infantino, con los mandatarios de México y Canadá, el jefe de la AFA regresa blindado por la diplomacia futbolística mundial.

Es una situación que no sólo pone en duda el futuro de las investigaciones judiciales, sino que prácticamente entierra las pretensiones de reforma de Milei para instaurar las Sociedades Anónimas Deportivas en el fútbol argentino.

La dura vuelta a la rutina

Las vueltas a la rutina siempre son más duras cuando se vive un clima melancólico de "fin de fiesta", como el de la derrota en una final mundialista. Y Milei ya lo está sintiendo: por lo pronto, diversas corrientes sindicales acordaron hacer el miércoles una protesta masiva en la plaza del Congreso, y es probable que la CGT se sienta ahora con fuerza como para convocar a un nuevo paro general.

Mientras tanto, en el Congreso, el oficialismo saca cuentas sobre cuánto le costará recuperar los apoyos perdidos del peronismo dialoguista para aprobar el proyecto de inviolabilidad de la propiedad privada -al que la oposición ve como la puerta de entrada para la extranjerización de la Patagonia-. Hay quienes interpretan que el nacionalismo exacerbado por el Mundial hará que la opinión pública rechace esa iniciativa, lo que implica que a Milei se le hará más caro recuperar el favor de los gobernadores provinciales.

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