Milei busca arrebatarle la bandera de Malvinas al peronismo pero su éxito depende de Trump e Israel
Javier Milei logró el primero de los objetivos que se había fijado con su mensaje en cadena: recuperar la agenda pública -dominada nuevamente por malas noticias de la economía y relaciones incómodas para el gobierno, como el caso Cerimedo- y, sobre todo, dar un golpe de impacto que le saque al peronismo la exclusividad de la causa Malvinas.
Desde el Mundial de Fútbol, y tras apoyar las sanciones de FIFA a la AFA por haber hecho manifestaciones políticas durante el partido frente a Inglaterra, la oposición había detectado la oportunidad de sacar rédito político del renovado sentimiento nacionalista. El tema fue objeto de estudio y de debate en el comando estratégico del gobierno, liderado por Santiago Caputo.
De manera que la táctica elegida fue la de ponerse al frente de la causa Malvinas, y llevar al peronismo a una situación incómoda en el Congreso, donde se tratará el proyecto que crea el Consejo de Seguridad Nacional. Si el peronismo se opone, será fácil para el gobierno jugar la carta nacionalista y acusarlo de insensibilidad en una causa sensible para toda la población.
Y, si el peronismo acompaña, entonces Milei sentirá que logró su cometido al acotar el margen de crítica en la oposición. No es, por cierto, una estrategia original. Ya la aplicó, con singular éxito, Cristina Kirchner en 2012 con la reestatización de YPF, una medida que contó con el apoyo del 80% de la población y un respaldo por amplia mayoría en el Congreso.
Todavía no está claro cuál será la postura del peronismo, aunque las primeras reacciones fueron de crítica hacia el "oportunismo" de Milei. Se le achaca al presidente el haber permanecido pasivo ante los avances británicos, a pesar de contar con elementos legales para aplicar sanciones. Y, por otra parte, genera suspicacia la iniciativa de una base militar en el Atlántico Sur.
Concretamente, la sospecha es que esa base sea la excusa para una mayor influencia de Estados Unidos en la región. Y esa presunción está abonada por el encadenamiento de gestos de Washington, en el sentido de incrementar su presencia en la Patagonia, al tiempo que manifestaba su inquietud por el avance de China en esa área.
Entre esos gestos destaca la visita de la general Laura Richardson a Tierra del Fuego en 2024, acompañada por Milei, así como un aterrizaje sorpresivo en Ushuaia de un avión del ministerio de defensa estadounidense, que traía una comitiva de legisladores.
El enigma del apoyo israelí
Milei envió mensajes a varios receptores. El primero fue el frente interno, pero también hubo otros destinatarios a nivel internacional. Y el gobierno de Londres no fue el principal.
Más bien, lo que quiso el presidente fue asegurarse que su lealtad y alineamiento automático con los gobiernos de Estados Unidos y de Israel se vea ahora correspondido con gestos explícitos de apoyo.
Para empezar, Israel deberá tomar una decisión difícil, dado que la empresa Navitas Petroleum, que tiene la mayor parte del consorcio que explotará el proyecto Sea Lion, es israelí y cotiza en la bolsa de Tel Aviv.
Milei avisó sobre sanciones y hasta juicios en ausencia para los empresarios, directivos, accionistas y proveedores de quienes hagan negocios en la plataforma marítima de Malvinas. Uno de los mayores interrogantes del momento es si, antes de realizar su anuncio, Milei coordinó una estrategia o, por lo menos, puso al tanto a las autoridades israelíes.
Hay indicios para creer que eso fue lo que ocurrió. En las últimas horas, el gobierno de Israel elevó notablemente la tensión con Gran Bretaña, a la que acusa de haber sido abiertamente hostil por apoyar a las fuerzas de Hamás en el conflicto de la franja de Gaza. El canciller Gideon Sa’ar fue particularmente duro, al anunciar que su gobierno estaba preparándose para dar una respuesta proporcional al daño que interpreta que le inflingió Gran Bretaña.
"Es nuestro país. No está a 30.000 kilómetros de nosotros, como las islas Malvinas, una disputa que ustedes no han resuelto con Argentina hasta hoy", dijo el canciller, en referencia a las posibles sanciones diplomáticas de Londres a Israel por los asentamientos en zonas disputadas. Desde Argentina, el mensaje se leyó como un guiño diplomático, en el sentido de que Israel podría abandonar su neutralidad y apoyar el reclamo argentino.
Una apuesta de máxima por Malvinas que depende de Trump e Israel
Si, efectivamente, Navitas Petroleum diera marcha atrás en su proyecto de inversión de u$s1.800 millones en el proyecto para extraer petróleo, Milei tendría su mayor victoria diplomática. Eso significaría un potente mensaje para el resto de las empresas petroleras, en el sentido de que hacer negocios en Malvinas puede tener mayores costos que beneficios.
Para empezar, porque entenderán que estarán vedadas las posibilidades de entrar en el yacimiento petrolífero y gasífero de Vaca Muerta. Y, por cierto, porque involucrarse en un negocio de ese tipo arrastraría al país sede de la petrolera en un conflicto diplomático con Argentina.
En otras palabras, la estrategia diplomática de Milei es la de aislar a Gran Bretaña, de manera que le resulte casi imposible conseguir socios para proyectos en las Malvinas.
Es una apuesta de máxima, que le serviría a Milei para demostrar que su viraje diplomático tuvo consecuencias concretas para la causa Malvinas, como ningún otro gobierno haya logrado.
Pero claro, Israel es sólo una parte de esa apuesta. La otra, más impredecible acaso, es la del gobierno estadounidense. En Gran Bretaña existe la convicción de que las amenazas de Donald Trump sobre un cambio en la postura tradicional de EE.UU. no van en serio, y que sólo tienen el cometido de forzar a que Londres eleve su presupuesto de defensa.
Trump se mostró ofuscado por la falta de apoyo militar británico en su incursión en Irán, y le recordó lo frágil de su situación al depender en un 80% del petróleo proveniente del estrecho de Ormuz. Si, además, a Gran Bretaña se le dificulta la explotación petrolera de las Malvinas, se vería forzada a revisar su política exterior, tanto en Medio Oriente como con las Américas.
¿De qué lado está Trump en el tema Malvinas?
Pero, como todo el mundo ha comprobado, Trump es impredecible. Puede que su postura sea negociadora y que rápidamente llegue a un acuerdo con Londres. ¿Qué consecuencias habría en ese caso para Argentina? Sin dudas Milei quedaría en una situación incómoda. Sobre todo, si una empresa de capitales estadounidenses decidiera sumarse a los negocios en Malvinas.
De momento, no es algo que parezca probable. Sobre todo, si se tiene en cuenta que para los estrategas del Pentágono debería ser más valiosa una base militar binacional en el Atlántico Sur que un proyecto de exploración que podría dejarlos fuera de Vaca Muerta y regalarles el campo a las empresas chinas.
De todas formas, con Trump nunca se sabe. Y es probable que la mención que hizo Milei sobre las palabras del presidente estadounidense hayan pecado de exceso de entusiasmo. El párrafo del mensaje en cadena en el que Milei compara la situación de "decadencia" británica frente al futuro "floreciente" de Argentina parece dirigido a la clase política estadounidense. Pero pensar que EE.UU. llegue a plantearse una ruptura con su principal aliado histórico es algo que no se ve como realista en el ámbito diplomático.
De todas formas, no se descarta que Washington quiera erigirse como mediador, con alguna solución de acercamiento que no implique el tema soberanía en el corto plazo, pero que tampoco cierre esa posibilidad a futuro, tomando como modelo otros casos de descolonización británica.
En síntesis, Milei hizo una jugada arriesgada, que bien puede llevarlo a los libros de historia o dejarlo como impulsor de una nueva frustración. Si Trump e Israel no responden como él espera, entonces las amenazas enunciadas en el discurso tendrán escaso efecto real.