¿Qué le pasa a Milei?: desde el insulto a Lula y Sánchez al maltrato a una periodista

¿Está irascible por la marcha de la economía y el consumo o es una estrategia de marketing y posicionamiento como líder de la derecha en el mundo?
Javier Milei dando un discurso

Puntos importantes

Checkbox Checked Milei intensificó su confrontación en España insultando al Gobierno local y a periodistas, desatando dudas en su entorno sobre si es una estrategia de liderazgo radical o una reacción impulsiva.
Checkbox Checked El mandatario prioriza la batalla cultural sobre la diplomacia, aunque sus viajes internacionales carecen de resultados concretos y generan roces internos por la escasez de logros políticos tangibles.
Checkbox Checked Esta agresividad ocurre ante una compleja situación económica local, sugiriendo que la irritabilidad del Presidente refleja su dificultad para gestionar las críticas sobre el impacto de su administración.

El presidente Javier Milei escaló al máximo en España su estilo confrontativo, que excedió la habitual "batalla cultural" e ideológica contra la izquierda. Insultó al jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, descalificó a periodistas que le formularon preguntas incómodas y convirtió una consulta sobre los objetivos de su viaje en una nueva declaración de guerra contra los "liberticidas".

Según pudo saber iProfesional de fuentes oficiales, en la Casa Rosada, la novedad preocupó y no la tenían prevista: las reacciones oscilaron entre la preocupación por su estado de ánimo y la interpretación de que busca consolidarse como referente internacional de la derecha radical.

"Este enojo no es una estrategia, eso seguro. Y menos de Santiago Caputo, eso te lo aseguro", señaló a iProfesional un funcionario cercano a Karina Milei, hermana del Presidente y secretaria general de la Presidencia.

El episodio recordó lo ocurrido meses atrás durante su visita a Brasil, cuando Milei arremetió contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el acto de lanzamiento presidencial del candidato del Partido Liberal, Flavio Bolsonaro. Calificó al Presidente de Brasil de "corrupto y zurdo".

Esta vez, el destinatario principal fue Sánchez, al que llamó "impresentable dictador", "delincuente" y "ladrón". También ironizó sobre un eventual encuentro bilateral al afirmar que tendría que "coserse los bolsillos para no salir expoliado".

Entre las sorpresas que exhibió Milei, en una rueda de prensa se exaltó con una periodista de la Cadena SER, Julia Molina, y exhibió una venda adhesiva en el lado izquierdo de su cuello. En la Casa Rosada explicaron que había sido un accidente doméstico al salir de la bañadera, que le produjo un hematoma y que ocultó con ese adhesivo.

La escalada verbal no se limitó al jefe del Gobierno español. Durante una ronda de prensa en Madrid, el Presidente respondió con descalificaciones personales a Julia Molina, periodista de la Cadena SER, cuando le preguntó si su visita podía resultar incómoda para la derecha española por la ausencia de encuentros presenciales con algunos de sus principales dirigentes.

Milei calificó esa interpretación como propia de personas "muy cortas intelectualmente" y de "miserables políticos", y agregó: "Quizás vale para tu caso". La periodista fue consultada luego por varios medios periodísticos y aseguró que nunca había recibido una agresión semejante.

En otro intercambio, el mandatario arremetió contra el diario Clarín y sus periodistas. Cuando reconoció que una de las preguntas provenía de un corresponsal argentino, exigió que se la repitiera para responderles a "esos corruptos de Clarín" y acusó a los trabajadores del medio de ser "mentirosos seriados". La discusión volvió a desplazar el eje de las preguntas hacia la confrontación con la prensa.

El momento más significativo llegó cuando el periodista Ismael Juárez, del programa El Intermedio, de La Sexta, le preguntó por los objetivos concretos de su viaje a España. Milei respondió: "No pierdo el tiempo en estúpidos incompetentes zurdos empobrecedores".

Cuando el cronista intentó repreguntar y mencionó las encuestas sobre los argentinos que no llegan a fin de mes, el Presidente calificó el planteo como un "eslogan barato para afectar a la institucionalidad" y remató: "Si vos querés abrazarte a un eslogan emocional, amo tu corazón, pero no puedo respetar tu cerebro".

¿Qué le pasa a Milei?

Las respuestas abrieron interrogantes dentro del propio oficialismo. ¿Se trata de una estrategia deliberada para proyectar una imagen de liderazgo combativo frente a la izquierda internacional o de una reacción cada vez más difícil de contener ante las críticas políticas y económicas y la falta de resultados en su supuesto punto fuerte, la economía?

En el entorno presidencial conviven ambas interpretaciones, aunque algunos funcionarios rechazan de plano la hipótesis de una operación planificada. "No creo que haya un plan. Solo hay pulsiones. Estallidos de ira. Para los momentos de furia no creo que haya planificación", señaló un funcionario del Gobierno.

La frase sintetiza una de las miradas que circulan en el oficialismo: Milei no estaría ejecutando una estrategia diseñada de antemano, sino reaccionando de manera impulsiva frente a situaciones que interpreta como ataques personales o políticos.

Un funcionario del núcleo duro de Karina Milei fue todavía más explícito en declaraciones a iProfesional. "Estrategia no hay, la estrategia la marca Santiago Caputo y esto no es obra de él", sostuvo. Según su interpretación, el Presidente se pone nervioso porque las críticas golpean "su línea de flotación, que es la economía". "En España lo vi muy mal. Estrategia no es", concluyó.

La economía, detrás de la irritación

Las sospechas sobre el estado de ánimo presidencial aparecen en un contexto económico complejo para el Gobierno. En la Casa Rosada hay funcionarios que vinculan la creciente irritabilidad de Milei con las dificultades para consolidar una recuperación sostenida de la actividad, el deterioro del consumo y la persistencia de problemas en los ingresos de amplios sectores de la población.

La inflación continúa siendo un punto sensible. El índice de septiembre se ubicó en el 1,9%, por encima del 1,7% registrado en agosto, y volvió a alimentar las dudas sobre la velocidad de la desinflación. Aunque el Gobierno reivindica el equilibrio fiscal y la reducción de los desequilibrios macroeconómicos, la recuperación de los ingresos y del consumo sigue siendo una de las pruebas centrales de su programa económico. Tampoco puede disipar el "riesgo kuka", es decir el temor de los mercados a que pierda las elecciones presidenciales de 2027 frente al peronismo.

A eso se agregan las dificultades para reactivar sectores de la economía, la preocupación por el riesgo país en 674 puntos y las advertencias que el oficialismo sigue de cerca sobre las condiciones de financiamiento y las perspectivas de crecimiento. En ese escenario, las preguntas sobre la pérdida de poder adquisitivo o la cantidad de argentinos que no llegan a fin de mes parecen tocar un nervio especialmente sensible del discurso presidencial.

Casi tan incómodas como las que lo interrogan sobre si podría hacer frente a una corrida contra el peso en caso de turbulencias políticas. Milei comenzó diciendo que tenía una "bazuka" de 50 mil millones de dólares y ahora la incrementó a 175 mil millones de dólares.

Milei ha respondido a esas críticas con una defensa enfática de sus resultados. En sus exposiciones en España sostuvo que su administración devolvió a los argentinos cerca de 20 puntos del producto bruto interno, reivindicó el equilibrio fiscal y destacó la reducción de la pobreza y la indigencia según las mediciones que utiliza el Gobierno.

También pronosticó que, una vez estabilizado el contexto internacional, la Argentina podría alcanzar el grado de inversión y experimentar un crecimiento sin precedentes.

Sin embargo, el contraste entre esos pronósticos y las dificultades cotidianas de una parte de la población constituye un flanco político. Cada pregunta sobre el consumo, los salarios o el costo de vida obliga al Presidente a defender los resultados de su gestión frente a una realidad que todavía no ofrece señales uniformes de recuperación.

Una estrategia internacional con resultados desiguales

La confrontación con Sánchez también forma parte de la ambición de Milei de convertirse en una figura central de la derecha internacional. Durante su intervención en el Nueva Economía Fórum, el mandatario afirmó que viajaría a confrontar "en cada lugar donde haya un liberticida". La declaración dejó en claro que su agenda exterior no se limita a la diplomacia tradicional: también busca proyectar su batalla cultural contra el socialismo y construir una identidad política con alcance global.

En la Universidad Rey Juan Carlos y en otros escenarios de su visita, Milei volvió a cuestionar las políticas migratorias de la izquierda europea, a las que atribuyó efectos negativos sobre la seguridad y la cohesión social. Presentó al socialismo como una ideología orientada a concentrar poder y reivindicó sus coincidencias con dirigentes españoles como Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, y Santiago Abascal, líder de Vox.

Hubo tiempo también allí para recordar la fascinación que le generó en su momento un clásico texto de economía matemática (Teoría del valor de Gérard Debreu), y dijo: "Disfruté más leer el libro de Teoría del Valor de Debreu que mi primer Playboy". Y después de una pausa irónica agregó: "Es un libro que me gustó mucho".

Pero la construcción de ese liderazgo enfrenta obstáculos. La ausencia de reuniones presenciales con algunos referentes de la derecha española alimentó versiones sobre una posible incomodidad ante la exposición junto al Presidente argentino cuyas formas no terminan de gustar en ciertos sectores del electorado de centro y derecha de España.

Para contrarrestarlas, Milei y Abascal difundieron una breve videollamada en la que Milei hablaba desde las oficinas de la Fundación Disenso, vinculada a Vox.

"¡Amigo! ¿Cómo andás? Che, dicen que no me querés más", comenzó Milei, en tono distendido. Abascal respondió que estaba de viaje por la campaña electoral y celebró las críticas del argentino a Sánchez: "Todo muy bien dicho". El dirigente español sostuvo que llamar "dictador" al jefe del Gobierno no le parecía un insulto y que la expresión "se acerca demasiado a la realidad".

Milei redobló la apuesta: "Le dije algunas cosas más, le dije ladrón también". La conversación terminó con otra frase de su repertorio habitual: "No hay nada más divertido que patear culos zurdos". La charla fue breve y Abascal la interrumpió rápido con la excusa de que se encontraba en plena campaña por La Coruña, puerto principal de Galicia donde tienen sus sedes las empresas pesqueras españolas que fueron denunciadas en la Argentina por la pesca en Malvinas.

La comunicación sirvió para exhibir la sintonía entre ambos, pero no reemplazó un encuentro presencial con foto y conferencia de prensa. La única fotografía política de alto perfil que Milei obtuvo durante la visita fue con Isabel Díaz Ayuso. En términos de imagen, el saldo fue más limitado que el que cabría esperar de una gira destinada a reforzar su proyección internacional. La presidenta de la Comunidad de Madrid puso las reglas: no conferencia de prensa ni equipo de prensa de Milei, todo manejado por la comuna de Madrid.

Trump, Malvinas y una relación que no ofrece todas las garantías

Las dificultades para consolidar ese liderazgo no se circunscriben a España. También aparecen en la relación con Estados Unidos, donde Milei ha depositado buena parte de sus expectativas de respaldo internacional, especialmente en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas.

En las últimas semanas, el Gobierno argentino recibió señales que generaron preocupación en sectores diplomáticos. Las discusiones en torno al Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas y las gestiones vinculadas con un proyecto de ley de Soberanía sobre Malvinas dejaron en evidencia los límites de la sintonía política con Washington. En el oficialismo preocupa que las sanciones previstas en esa iniciativa puedan afectar intereses empresariales estadounidenses y complicar la relación bilateral. La administración Trump lo hizo saber a Milei y el canciller Pablo Quirno suspendió la negociación en el Congreso con los diputados opositores.

Funcionarios norteamericanos habían pedido a la Argentina que evitara "escalar" el conflicto con el Reino Unido. La preocupación del Gobierno es que el respaldo político de Donald Trump no necesariamente se traduzca en apoyo a todas las iniciativas argentinas sobre la cuestión Malvinas. El presidente de los Estados Unidos confundió al Gobierno argentino cuando dijo que podría "revisar" el apoyo de los Estados Unidos al Reino Unido en la cuestión Malvinas. Pero lo hizo solo para negociar apoyo británico en Irán y la OTAN, objetivo que Trump logró en la asamblea de la ONU.

Milei empieza así a enfrentarse con una contradicción de su estrategia exterior: la cercanía ideológica con Trump puede abrir puertas, pero no garantiza coincidencias cuando entran en juego intereses geopolíticos y comerciales de Estados Unidos. La relación de Washington con Londres continúa siendo una prioridad y las expectativas de obtener un respaldo decisivo en la disputa por Malvinas chocan con los límites de la diplomacia estadounidense.

A esa dificultad se suma la falta de avances en la organización de una cumbre de dirigentes de derecha en Buenos Aires. Hace tres meses, Milei le pidió al canciller Pablo Quirno que trabajara en la convocatoria de líderes internacionales para que la Argentina pudiera convertirse en anfitriona de un encuentro de alto perfil. Hasta ahora, la iniciativa no logró una respuesta amplia de los dirigentes a los que buscaba reunir. La relación de Milei con algunos presidentes de derecha de la región se enfrió: José Antonio Kast, de Chile; Santiago Peña, de Paraguay; Rodrigo Paz, de Bolivia, y el ex presidente uruguayo Luis Lacalle Pou.

La búsqueda de una imagen con Trump también expone las limitaciones de la estrategia presidencial. En sus dos últimos viajes a Estados Unidos, Milei no consiguió fotografiarse con el mandatario norteamericano, pese a que, según versiones de su entorno, la posibilidad fue buscada y gestionada.

Durante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Presidente argentino mantuvo un contacto con el secretario de Estado, Marco Rubio, en un encuentro informal que se produjo de pie, en un pasillo de hotel. Para un Gobierno que reivindica su alineamiento con Washington como uno de los pilares de su política exterior, la ausencia de una imagen presidencial con Trump constituye un dato político y comunicacional.

El último viaje a Washington, la semana pasada, tuvo como motivo central la participación en una gala hispánica organizada por La Derecha Diario, del empresario periodístico Javier Negre, y Tony Delgado, un empresario de Miami vinculado con círculos republicanos. La agenda no incluyó reuniones oficiales de alto nivel con las autoridades estadounidenses. Era un viaje para respaldar al ala dura republicana de Trump para las elecciones legislativas de medio término del 3 de noviembre así como el reciente viaje de Milei a Madrid fue para respaldar a la derecha española para las elecciones del 29 de noviembre.

Entre los dos desplazamientos, Milei acumuló 40 horas de vuelo. Estimaciones difundidas sobre el costo de combustible situaron el gasto conjunto en unos 440.000 dólares, aunque esa cifra no equivale al costo total de los viajes, a los que hay que sumar otros gastos de mantenimiento del avión ARG 01, hoteles y viáticos. La única actividad política destacada en España fue la reunión con Ayuso; en Estados Unidos, la expectativa de un encuentro con Trump volvió a quedar sin concretarse.

Esta preocupación se suma a que la utilización de recursos nacionales para viajes de proselitismo internacional también puede ser considerada fuera de la ley: los viajes de los Presidentes deben tener objetivos de interés nacional y no partidario proselitista abierto, tal como hizo en Brasil.

La sucesión de viajes y la escasez de resultados diplomáticos visibles alimentan una pregunta dentro del oficialismo: cuánto rédito político obtiene Milei de su exposición internacional cuando no consigue traducirla en acuerdos, respaldos concretos o imágenes que refuercen su relación con los principales líderes mundiales. Esta contradicción también expone al canciller Pablo Quirno a forzar logros que no son tales, como una foto en Madrid con dos embajadores, de Estados Unidos y de Israel, que no sumaron al contenido.

La interna y los límites del poder

En el frente doméstico, el Presidente también enfrenta dificultades que podrían contribuir a la tensión política. La eliminación de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) sigue dependiendo de una negociación parlamentaria compleja, que por ahora no arroja resultados concretos, mientras el oficialismo necesita reunir apoyos para avanzar con su agenda legislativa.

En ese escenario, la capacidad de Patricia Bullrich para ordenar voluntades en el Congreso aparece como una variable relevante. La senadora y jefa del bloque oficialista anticipó que no consigue los votos y que eso lo debe garantizar el jefe del Gabinete, Diego Santilli, que tiene la relación con los gobernadores: Bullrich debe demostrar que puede convertir su peso político en resultados legislativos, en momentos en que el Gobierno busca consolidar una mayoría que le permita avanzar con las reformas pendientes.

La relación entre Milei y Bullrich también tiene una dimensión electoral. Ambos acordaron integrar una fórmula presidencial para 2027, con Milei como candidato a presidente y Bullrich como postulante a la vicepresidencia. Sin embargo, la distribución de roles y las condiciones políticas de ese entendimiento siguen abiertas. En el entorno presidencial observan, además, que Bullrich busca preservar su autonomía y que sus movimientos pueden ser leídos como parte de una construcción política propia.

Para Milei, la cuestión no es menor: necesita aliados capaces de garantizar gobernabilidad, pero también dirigentes que no disputen su centralidad. La tensión entre conducción personal y construcción de un equipo con peso propio atraviesa buena parte de la dinámica oficialista.

La pregunta que dejó el viaje a España es si Milei está dispuesto a convertir la confrontación permanente en su principal herramienta de liderazgo. Sus ataques contra Sánchez, Lula y los periodistas que lo interpelan forman parte de una identidad política que le permitió construir una base de apoyo y diferenciarse de sus adversarios. Pero esa misma estrategia puede tener costos cuando el tono de la discusión desplaza los resultados de gestión y los objetivos diplomáticos. El electorado español no es tan tolerante a los insultos como el electorado argentino.

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