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iProfesional | Política

Patricia Bullrich no romperá con Milei pero las encuestas marcarán si va a unas PASO

La senadora no tiene interés en confrontar en unas PASO, pero no lo descarta si el Presidente pierde competitividad. ¿Un Plan B para el círculo rojo?

27/10/2026
Actualizado 15:34hs

El gobierno de Javier Milei sospecha que Patricia Bullrich, jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza, comenzó a tomar distancia del Presidente por si éste pierde competitividad de cara a 2027 y ella emerge como una figura de recambio: el "mileísmo sin Milei".

La senadora no quiere competir contra el jefe del Estado en una PASO, pero está dispuesta a marcar diferencias frente a sus arrebatos, sus agresiones a dirigentes políticos y periodistas y la marcha de la economía. En ese último terreno, buscará instalar un reclamo concreto: atender la situación de las pymes.

Patricia Bullrich piensa en su plan para 2027

"La postura que tiene Patricia en la economía es la misma de Ricardo Arriazu: monetizar la economía y aflojar la rienda con el ajuste", señaló a iProfesional una fuente cercana a la exministra de Seguridad que la conoce bien. Otro funcionario de su entorno agregó una definición que sintetiza la preocupación: "Hay que ayudar más a las Pymes con deudas".

Bullrich no quiere romper con La Libertad Avanza, pero pretende conservar el mismo lugar que reivindicó desde su llegada al Gobierno: el de una socia política, no el de una dirigente subordinada al Presidente. Si Milei se radicaliza, ella quedará naturalmente más lejos. La distancia, en definitiva, dependerá en buena medida de lo que haga el propio jefe del Estado.

"No sabemos qué va a pasar. Si siguen así de agresivos, Patricia va a hablar y dará su opinión. Las agresiones de Milei no le dejan margen para quedarse callada", señaló a iProfesional un viejo dirigente del bullrichismo.

"No es que sale a hablar porque se le ocurre, sino porque dicen boludeces", agregó, con mayor crudeza, otro dirigente cercano a la senadora. La explicación tiene un trasfondo político: Bullrich no quiere aparecer como una espectadora silenciosa de los movimientos del Presidente, pero tampoco está dispuesta a dinamitar la coalición que integró y que considera propia.

Con cuatro décadas de trayectoria política a sus espaldas, la senadora entiende que Milei no puede imponerle cuándo hablar y cuándo callarse. Su apuesta consiste en preservar la alianza mientras construye un margen de autonomía que le permita sobrevivir a un eventual desgaste presidencial.

En la Casa Rosada, sin embargo, la lectura es más inquietante. Funcionarios cercanos a Milei y a su hermana, Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, aseguran que el Presidente y Bullrich hablan más de lo que trasciende públicamente. Sostienen que ambos conocen los movimientos del otro y que las diferencias no necesariamente anticipan una ruptura.

En política, el que avisa no traiciona: según esas fuentes, Bullrich ya habría anticipado sus intenciones.

Hay otro dato que alimenta las especulaciones: tanto Milei como Bullrich mantienen interlocución con sectores del denominado círculo rojo empresarial, integrado por hombres de negocios de enorme influencia local e internacional. Los empresarios que respaldan el programa económico del ministro Luis "Toto" Caputo también conversan con ambos. Esa doble vía de diálogo alimenta la hipótesis de que algunos sectores del poder económico ya evalúan alternativas para 2027.

La sospecha que circula en el oficialismo es que ese círculo rojo habría transmitido un mensaje tanto al Presidente como a la senadora: si Milei se desgasta y pierde competitividad electoral, será necesario mover el banco de suplentes. El esquema sería sencillo: Milei como Plan A y Bullrich como Plan B. No se trataría de abandonar el modelo económico, sino de preservar su continuidad mediante una figura que pudiera retener parte del electorado oficialista y recuperar a los sectores desencantados.

Las señales de autonomía que encendieron alarmas en el Gobierno

Las versiones sobre un eventual distanciamiento comenzaron a tomar fuerza a partir de una serie de movimientos de Bullrich que, observados en conjunto, dibujan una estrategia de diferenciación política.

Entre ellos aparecen:

  • El Presupuesto: las diferencias surgidas cuando la Casa Rosada envió el proyecto sin contemplar el acuerdo con sectores de la oposición para otorgar más recursos a las personas con discapacidad.
  • La construcción de una figura propia: la difusión de videos desde su despacho en el Senado que exaltan su trayectoria y preparación política, en un formato que algunos interpretan como un anticipo de una eventual candidatura presidencial.
  • La posibilidad de competir en 2027: sus declaraciones sobre una eventual postulación presidencial y su afirmación de que se preparó toda la vida para esa responsabilidad.
  • Los ataques a la prensa: su rechazo a los insultos de Milei a periodistas Natalia Volosín, Carlos Pagni, Hugo Alconada Mon, Paulino Rodríguez y Luis Novarescio, a los que amenazó con una "hoguera". Bullrich sostuvo entonces que "se pasaron los límites" y advirtió que «hay que cuidar las palabras».
  • La ausencia en la reunión de Gabinete del lunes: su decisión de no participar del encuentro posterior a los ataques presidenciales a periodistas y a la derrota de Flavio Bolsonaro, en un contexto en el que Milei tampoco había felicitado a Luiz Inácio Lula da Silva. Bullrich mantuvo silencio desde el lunes, una actitud que en el oficialismo no pasó inadvertida. En su entorno tambien lo atribuyen a "razones personales".

Ninguna de esas señales, por separado, alcanza para probar una ruptura. Pero, juntas, refuerzan la percepción de que Bullrich quiere construir una posición propia ante un escenario electoral que todavía está abierto.

La vicepresidencia, una posibilidad con condiciones

La última conversación relevante entre Milei y Bullrich en Olivos fue el viernes 16 de octubre. Según las versiones que circulan en el oficialismo, allí se habló de la posibilidad de que si el Presidente confirma que busca la reelección en 2027 le ofrezca a la senadora acompañarlo como candidata a vicepresidenta. Bullrich habría aceptado considerar esa alternativa, aunque con condiciones.

La senadora quiere autonomía para expresar sus opiniones sobre la marcha del Gobierno, independencia operativa, una agenda propia como vicepresidenta y capacidad para incorporar funcionarios de su confianza a la administración nacional, incluidos uno o dos ministros. Según esas versiones, Milei se mostró dispuesto a escuchar sus planteos.

Pero la conversación tendría una segunda dimensión, mucho más estratégica. Ambos habrían contemplado, de manera implícita, la posibilidad de que el Presidente no llegue en condiciones competitivas a las elecciones. En ese caso, Bullrich podría convertirse en la candidata natural de La Libertad Avanza, con el objetivo de mantener unida a la coalición y evitar que el desgaste de Milei arrastre al conjunto del oficialismo.

En ese escenario, la senadora buscaría también una alianza más sólida con el PRO y con el macrismo que la que hoy ofrece el Presidente. La operación tendría una lógica electoral: preservar la identidad del proyecto libertario, pero ampliar su base política hacia sectores que acompañaron el cambio de Gobierno y que podrían sentirse incómodos con los modos presidenciales o con la evolución de la economía.

Por ahora, nadie en la Casa Rosada admite públicamente que Milei pueda abandonar su proyecto de reelección. Sin embargo, en los pasillos oficiales se comenta que el Presidente sabe que Bullrich recibe señales de sectores empresarios interesados en que construya un perfil propio. Sus videos y las insinuaciones de que "se vienen otras cositas" son interpretados en ese contexto.

¿Quiénes integran ese círculo rojo? Entre las referencias que aparecen en las conversaciones reservadas figuran empresarios que participaron de la cena de la Fundación Faro, en la que Milei amenazó con una "hoguera" a los cinco periodistas citados en medio de sus críticas por la cobertura del caso Libra.

No estaban todos los integrantes de ese universo empresarial, pero algunas de las presencias alimentaron las especulaciones sobre la existencia de interlocutores interesados en preservar una alternativa política dentro del oficialismo. Incluso, también estaba Bullrich en una mesa, que tuvo que salir a diferenciarse.

Bullrich no quiere quedar pegada a los exabruptos presidenciales ni pagar el costo de una eventual crisis económica. Su estrategia, según las fuentes consultadas, consiste en mantenerse dentro de la coalición, marcar diferencias cuando lo considere necesario y evitar una ruptura prematura. Cuanto más se radicalice Milei, más espacio tendrá para tomar distancia sin necesidad de anunciar un enfrentamiento.

El límite de Javier Milei y la diferencia con Victoria Villarruel

En la Casa Rosada hay una interpretación adicional: Bullrich no se diferenciaría públicamente con tanta libertad si no contara con algún tipo de respaldo o señal de sectores de poder. Y Milei, sostienen algunos funcionarios, no mantendría una actitud pasiva y contenida frente a sus movimientos si no supiera que se trata de un juego político que excede a ambos.

La lectura que circula es que el mensaje hacia el Presidente sería inequívoco: él sigue siendo el Plan A, pero, si deja de ser competitivo, habrá que preparar un Plan B. "Exacto. Entiendo que va por ahí la lectura", admiten interlocutores que conocen esas especulaciones.

La comparación con Victoria Villarruel resulta inevitable. En el oficialismo sostienen que, si la vicepresidenta expresara algunas de las mismas diferencias que plantea Bullrich, sería mucho más probable que la Casa Rosada la acusara de conspiración o de intentar desestabilizar al Gobierno. Milei, en cambio, sabe que no puede tratar a Bullrich del mismo modo que a Villarruel sin abrir un conflicto con una dirigente que conserva vínculos propios con sectores políticos y empresariales que son apoyos comunes e internacionales.

"Patricia no va a romper con el Gobierno. Pero va a seguir dando sus opiniones. Ella sigue igual. Va a seguir planteando sus puntos de vista, sobre todo por la economía", resumen funcionarios del bullrichismo.

En materia económica, la senadora buscaría instalar una agenda más enfocada en la actividad real, la liquidez y el alivio financiero de las pequeñas y medianas empresas. En su entorno vuelven a citar la coincidencia con el economista Ricardo Arriazu respecto de la necesidad de monetizar la economía y moderar el peso del ajuste sobre determinados sectores productivos.

La diferencia no implica, necesariamente, una impugnación del programa de Caputo. El propio ministro de Economía suele esbozar estas alternativas en privado, pero Milei se opone a "hacer populismo" y es lo que repitió en la última reunion de Gabinete en la cual Bullrich pegó el faltazo. Se trata más bien de introducir matices sobre el ritmo y los efectos del ajuste, con una mirada que permita recuperar a empresarios y votantes que respaldan el equilibrio fiscal, pero reclaman señales de reactivación económica.

La hipótesis más extendida entre quienes siguen sus movimientos es que Bullrich está ejecutando un juego político clásico: si Milei se desgasta y pierde competitividad, ella puede convertirse en la garante del modelo libertario sin el propio Milei. Sería la continuidad del proyecto, pero con otros modos, mayor apertura política y una relación más fluida con sectores del PRO y del empresariado.

Si, en cambio, el Presidente llega fortalecido a las elecciones, Bullrich tendrá que decidir cómo jugar sus últimas cartas presidenciales. Una posibilidad es aceptar la vicepresidencia, con las condiciones de autonomía que ya habría planteado. Esa fórmula le permitiría conservar poder dentro del oficialismo y atraer a sectores que hoy se sienten incómodos con Milei, pero no quieren volver al kirchnerismo.

La segunda alternativa sería competir contra el Presidente en una PASO, si ese mecanismo continúa vigente para 2027 y no es eliminado por el Congreso como quiere Milei. Esa opción le permitiría medir su fuerza electoral, pero supondría un riesgo evidente: desafiar al líder de la coalición.

La tercera, pero casi descartada, sería buscar una candidatura por fuera de La Libertad Avanza, con algún entendimiento con el PRO y el macrismo. Pero esa vía implicaría romper la alianza y asumir el costo político de una fractura que podría perjudicarla tanto como al propio Milei.

En su entorno no creen que Bullrich quiera avanzar ahora por ese camino. La senadora sabe que una ruptura anticipada podría ser interpretada como una deserción de su propio proyecto político y otro cambio de bando en su historial. También conoce los riesgos de una aventura electoral en soledad, sin estructura partidaria consolidada y con un electorado que, en buena medida, todavía identifica el programa libertario con la figura presidencial.

Hay, además, una hipótesis electoral que circula en la Casa Rosada: un escenario de tercios en el que Bullrich consiga llegar a una segunda vuelta. En ese caso, su capacidad para atraer votos dependería del adversario. Frente a un candidato kirchnerista, podría recibir el respaldo de los votantes de Milei; frente al propio Milei, podría captar a sectores opositores y a ciudadanos desencantados con el Presidente.

Esa posibilidad explica por qué algunos dirigentes consideran que Bullrich podría tener una oportunidad real si logra convertirse en una alternativa competitiva. Pero llegar al balotaje no garantiza una victoria automática: dependería de la distribución de los votos, de la polarización y de la capacidad de la senadora para construir una mayoría más allá del electorado propio.

Bullrich apuesta a que la economía, los modos presidenciales y el desgaste político terminen hablando por ella. No necesita romper con Milei para construir una alternativa; le alcanza, por el momento, con mostrarse como una dirigente capaz de garantizar la continuidad del modelo si su creador deja de ser electoralmente viable.

El Presidente sigue siendo el Plan A. Pero en la política argentina, cuando el poder empieza a dudar de su candidato, el Plan B deja de ser una especulación y se convierte en un seguro. Patricia Bullrich parece decidida a que, si llega ese momento, nadie tenga que salir a buscarla porque ya estaría instalada.