La pandemia pone en jaque a la privacidad digital

La pandemia pone en jaque a la privacidad digital
Esta necesidad de generar más valor desde la ubicación del usuario se ha masificado a la mayoría de las aplicaciones que instalamos en el móvil
Por Enrique Parborell (*)
18.06.2020 12.56hs Tecnología

La siguiente es una historia ficticia basada en una sucesión lógica de hechos a partir de la pandemia del coronavirus.

Hecho 1: Comienzo de la georeferenciación

Hace unos pocos años hablábamos de cómo los smartphones estaban aumentando su participación en relación con la población total de celulares. Hoy hablar de smartphones es directamente hablar de celulares con georeferenciación.

¿Qué es? Es la utilización de coordenadas que identifican exactamente la ubicación de ese celular, a través de su chip de GPS. Cada app que tiene nuestro celular, cuando la instalamos, nos pregunta si permitimos que acceda a estas coordenadas de ubicación.

Hace un tiempo, la ubicación era esencial para sólo algunas aplicaciones como un Waze o Google Maps, o MercadoLibre por los puntos de entrega o cualquier aplicación de entrega a domicilio.

El tema es que, esta necesidad de generar más valor desde la ubicación del usuario, se ha masificado a la mayoría de las apps que instalamos. Por consiguiente, se aceleró y consolidó la tendencia tecnológica de proveer información desde la propia ubicación, facilitando los "servicios de proximidad", ya sean cajeros automáticos, restaurantes, motos, etc.

Hecho 2: Necesidad de detección temprana de síntomas de COVID-19

Ante el colapso de la capacidad hospitalaria para enfrentar el nuevo virus en países como China, Japón, Corea del Sur, EEUU, Italia, España, entre otros, emergen soluciones o apps, sobre todo en los países asiáticos, que permiten a potenciales afectados registrar sus síntomas.

En algunos casos, la misma aplicación recomienda al afectado acercarse a un centro de salud para hacer un test oficial de COVID-19, y en otros casos, directamente, reportan a las autoridades de salud un probable caso positivo, el cual irá al centro de salud XXX a atenderse, pudiendo éste prever su capacidad futura de corto plazo. Las aplicaciones de empresas privadas en todo el mundo empiezan a florecer, con jugadores tecnológicos importantes como Google y Apple que tienen el 99% del mercado de sistema operativos de celulares.

El smartphone es una herramienta de localización muy potente.
El smartphone es una herramienta de localización muy potente.

Hecho 3: Pedidos de los gobiernos para que la app de "detección" se masifique

Estas apps empiezan potencialmente a proveer más servicios como mapas de concentración de afectados, proximidad de individuos sanos con afectados, velocidad de registros de síntomas, modelos predictivos basados en inteligencia artificial de demanda vs capacidad sanitaria en las zonas infectadas....

Todos estos servicios son viables a partir de tecnologías de georeferenciación (para ubicación) y Bluetooth (para proximidad). A partir de la participación de empresas de Telecomunicaciones, técnicamente pueden hasta informar identidades (celular -> dueño), si bien éticamente no deberían...

Hecho 4: Liberación de cuarentenas a nivel mundial

La presión económica general en cada país y las necesidades básicas de los segmentos de población más vulnerable, llevan a los gobiernos a liberar gradualmente las cuarentenas, aún no habiendo sido erradicado el virus, ni tampoco teniendo una vacuna debidamente probada y, en algunos casos, autorizada.

Estos gobiernos empiezan a permitir la circulación a partir de la instalación "oficial" de la aplicación, inicialmente diseñada para informar centros de salud más cercanos o para autodiagnosticar.

Ahora informan ubicación del usuario y su día de salida. Como se autoriza gradualmente las salidas, se aplican criterios que segmenten a la población, por ejemplo, a través de la terminación de sus documentos versus día de la semana, se delimitan círculos de georreferenciación como lugares permitidos para circular (área de fábrica/oficina, supermercado, domicilio), último día de autodiagnóstico reportado a autoridades sanitarias, días transcurridos desde último contacto con afectado, etc.

Se impone la idea que "para ser libres, debemos ser controlados y ubicables". El control ahora es "legal y necesario para nuestra salud". No salir con la app y proveer de la ubicación en tiempo real es ilegal.... Silencio y reflexión ...Pensemos la siguiente jugada... ¡Jaque a la privacidad!

La aplicación CuidAr utiliza la localización del usuario.
La aplicación CuidAr utiliza la localización del usuario.

Hecho 5: Llegan las vacunas, se inmuniza a la población, pandemia erradicada, controles no liberados

Los gobiernos experimentan (algunos sólo viabilizan digitalmente algo que ya hacían en el pasado) el poder de los datos y sus múltiples usos, algunos políticamente redituables, como la detección de delincuentes perseguidos por la ley, o el control de personas violentas que se les ha prohibido acercarse a ex víctimas.

Varias de las compañías privadas involucradas en el diseño y objetivo original se ven sorprendidas por el uso no pensado de los datos. También se dan cuenta que no han establecido fechas de expiración para la cooperación con los gobiernos, ni indicadores claros de terminación de servicios.

Al mismo tiempo, empleados de estas compañías se unen para decidir no trabajar más en estos desarrollos, contrarios a sus valores. Los gobiernos se ven obligados de destinar recursos propios al mantenimiento y evolución de estas aplicaciones, con empresas estatales, constituidas especialmente para estos fines.

¡Jaque mate a la privacidad! Fin de esta historia distópica

Esta historia ficticia está terminando en algunos países y empezando en otros. Como apasionado de la transformación digital que estamos viviendo, soy un convencido que la tecnología es la mejor vacuna contra el coronavirus hoy.

Como líderes, sean de gobiernos o empresas, tenemos la responsabilidad de cuidar los más preciado que tenemos, nuestra libertad. La historia que les he contado es distópica.

La distopía viene del griego dys, que significa "malo", y tópos, que puede traducirse como "lugar", o sea lugar malo. Justamente la distopía plantea este mundo potencial, o lugar malo, donde las contradicciones de los discursos ideológicos son llevadas a sus consecuencias más extremas.

La solución no es claramente no ayudar tecnológicamente a desarrollarlas o difundirlas. O no descargar, como usuarios, estas aplicaciones que hoy nos ayudan. El tema es cuál es el residual que deseamos (y no deseamos) post pandemia, tanto como información para los gobiernos, para las empresas y para los mismos usuarios.

¿Cómo evitamos el residual no deseado? ¿Qué condiciones debemos plantear hoy para los objetivos o propósitos no cambien? Diseñemos el futuro que queremos, hoy...

(*) Director de Estrategia & Transformación Digital.