DENUNCIA

¿El algoritmo decide tu precio? La polémica de los precios dinámicos en Mercado Libre

Usuarios denuncian que Mercado Libre aplicaría precios distintos según perfil, generando dudas sobre ética, algoritmos y transparencia en compras online
Por iProfesional
TECNOLOGÍA - 09 de Marzo, 2026

¿Puede un mismo producto costar distinto según quién lo vea? Esa pregunta se viralizó en las últimas horas y colocó a Mercado Libre en el centro de la polémica.

La denuncia comenzó en X, donde un usuario aseguró que la plataforma estaría utilizando un sistema de "precios dinámicos" que ajusta los valores según el historial, ubicación y hábitos de navegación de cada comprador.

Según reportó U24, varios usuarios compararon un mismo artículo desde diferentes cuentas y dispositivos y encontraron diferencias notables en el precio.

Algoritmos que deciden cuánto pagarás

De acuerdo con los informes, el algoritmo de Mercado Libre podría calcular cuánto está dispuesto a pagar cada cliente, tomando en cuenta datos como compras previas, frecuencia de uso y suscripciones a servicios premium como Meli .

Para algunos medios, como Infocielo, esto se acerca a una "estafa oculta", porque más allá de la oferta y la demanda, la personalización podría perjudicar a compradores con mayor poder adquisitivo o a quienes muestran urgencia por ciertos productos.

"Se trata de un uso de la inteligencia artificial aplicado a la maximización de ganancias mediante la segmentación", indicó Infocielo, remarcando que la práctica podría rozar los límites legales de la Ley de Defensa del Consumidor en Argentina, que prohíbe la discriminación arbitraria de precios.

Falta de respuesta y vacío legal

Hasta ahora, Mercado Libre no emitió una aclaración detallada sobre las diferencias detectadas, según los medios que difundieron la denuncia

Si bien los precios dinámicos son comunes en aerolíneas o aplicaciones de transporte como Uber o Cabify, su uso en el comercio minorista digital genera más cuestionamientos y desconfianza entre los compradores.

Cada vez más usuarios optan por navegar en modo incógnito o sin registrarse para comprobar si el precio ofrecido es realmente el más bajo disponible.

La controversia sigue creciendo: los consumidores se preguntan si están comprando al mejor precio o si el algoritmo decidió cuánto pagar por ellos. La transparencia y la ética en la fijación de precios se colocan en el centro del debate.

El consumidor del futuro: la emoción es el nuevo algoritmo

Nos gusta pensar que elegimos con lógica. Que analizamos características, comparamos precios y tomamos decisiones racionales. Pero en un entorno saturado de información, la realidad es otra: decidimos con emoción y luego buscamos argumentos para sostener esa elección.

El consumidor actual vive expuesto a un flujo constante de noticias, reseñas, recomendaciones y contenido generado tanto por personas como por inteligencia artificial. Esa abundancia no solo informa; también agota.

Un estudio reciente del Pew Research Center señala que muchas personas describen su relación con la información como compleja y, en muchos casos, abrumadora, lo que las lleva a ser más selectivas frente a lo que consumen. Cuando todo compite por atención, la emoción se convierte en un atajo cognitivo: simplifica, filtra y permite avanzar sin analizar cada variable.

La evidencia académica respalda este comportamiento. Diversos especialistas en psicología del consumidor sostienen que más del 90% de las decisiones de compra están influidas por factores emocionales, incluso cuando las personas creen estar actuando de forma racional. Esta predominancia de lo afectivo sobre lo lógico refleja cómo el cerebro utiliza señales emocionales como mecanismo de reducción de riesgo en contextos de alta complejidad.

El error es creer que la emoción es un recurso creativo superficial. En realidad, es una señal de entendimiento cultural. Cuando una marca logra conectar con la emoción correcta, demuestra que comprendió el momento que vive su audiencia. Y esa comprensión pesa mucho más que cualquier argumento técnico.

La aceleración tecnológica ha intensificado este fenómeno. La inteligencia artificial multiplica estímulos, automatiza mensajes y personaliza ofertas en tiempo real. Sin embargo, la automatización no reemplaza la necesidad de conexión humana; la vuelve más urgente. Frente a un paisaje digital cada vez más homogéneo, la diferencia estratégica radica en interpretar tensiones sociales, aspiraciones colectivas y estados emocionales compartidos.

Las marcas que integran datos con inteligencia emocional entienden que la decisión no ocurre en una hoja de cálculo, sino en la mente y el contexto de la persona. Cuando una empresa logra traducir información en empatía, deja de competir solo por precio o innovación y empieza a competir por significado.

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