INTELIGENCIA ARTIFICIAL

"Vaca Muerta virtual": Patagonia se posiciona como hub para proyectos de IA y centros de datos

Por el boom de la inteligencia artificial, el negocio de los centros de datos: en la Argentina podría llegar a u$s8.350 millones en 2035
Por José María Lamorte
TECNOLOGÍA - 11 de Mayo, 2026

La inteligencia artificial (IA) ya está cambiando la escala del negocio de los centros de datos y, con ella, el mapa posible de inversiones en la Argentina. En ese escenario, la Patagonia gana visibilidad por una combinación de clima frío, disponibilidad territorial y acceso potencial a energías renovables. Pero el factor que puede convertir esa ventaja comparativa en proyectos concretos es otro: la capacidad de generar y, sobre todo, transportar electricidad con estabilidad y previsibilidad.

Un mercado en expansión y concentrado en Buenos Aires

Según un informe de DC Market Insights, el mercado argentino de centros de datos fue estimado en u$s3.401 millones en 2025 y podría llegar a u$s8.350 millones en 2035. Buenos Aires se mantiene como el principal polo: distintos relevamientos privados le asignan la mayor concentración de infraestructura del país, con entre 18 y 30 instalaciones, según la base considerada.

A nivel regional, la Argentina todavía aparece detrás de Brasil y Chile en cantidad de centros de datos relevados por bases internacionales del sector. El dato indica que el mercado local ya entró en fase de desarrollo, pero también que compite desde atrás frente a países que lograron consolidar infraestructura, escala y previsibilidad para atraer inversiones tecnológicas de mayor volumen.

Entre las inversiones recientes figura el nuevo centro de datos modular de Claro en el barrio porteño de San Telmo, con una inversión de u$s30 millones. El mercado local combina infraestructura de operadores internacionales, empresas especializadas y desarrollos ligados a conectividad, nube y servicios corporativos.

La novedad es que, con la irrupción de la IA, el centro de gravedad del negocio empezó a correrse: ya no alcanza con suelo, conectividad y demanda empresarial. También hacen falta redes eléctricas con capacidad suficiente para sostener operaciones continuas, de alta densidad y gran consumo.

El cuello de botella: la energía

En ese escenario, la Argentina enfrenta una oportunidad, pero también una limitación concreta. El interés global por expandir capacidad de procesamiento empuja proyectos en distintos mercados, aunque en el caso local el interrogante central es si puede garantizar potencia disponible, estabilidad de suministro y redes de transmisión acordes con la demanda. La IA elevó los requerimientos energéticos de la infraestructura digital y convirtió a la disponibilidad de megavatios en una variable tan relevante como el costo del terreno o los incentivos fiscales.

En el panel "Los cimientos de la IA", organizado por Insight-LAC, en el que participó iProfesional, el tema apareció con claridad. Martín Olmos, ejecutivo principal de la Dirección de Transformación Digital en CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe), lo sintetizó así: "Financiar un data center hoy no es un problema de conectividad, sino de potencia eléctrica". La definición resume el cambio que atraviesa el negocio: la infraestructura dejó de medirse solo por capacidad de cómputo o acceso a redes y pasó a depender, de manera directa, de la robustez del sistema energético.

En la misma mesa de diálogo también se planteó la factibilidad de desarrollar una red de pequeños centros de datos para responder a nuevas demandas de procesamiento de proximidad ("edge computing"). La estrategia de infraestructura distribuida permitiría una inserción más ágil en la cadena de valor tecnológica, al complementar a los grandes nodos de alta densidad y ampliar cobertura en zonas donde las restricciones energéticas estructurales todavía limitan proyectos de gran escala.

En ese contexto, la CAF aprobó un financiamiento de hasta u$s400 millones, oficializado a través del Decreto 23/2026, para el "Programa de Enfoque Sectorial Amplio (SWAP) de Apoyo a la Sostenibilidad del Sector Energético". El objetivo del programa es fortalecer el marco regulatorio e institucional, mejorar la focalización de subsidios y promover eficiencia energética.

Para el negocio de los centros de datos, el impacto es indirecto pero relevante: mayor previsibilidad del sistema y mejoras de gestión en un sector donde la continuidad del suministro y la estabilidad de la red son condiciones de base para nuevos proyectos.

La cuestión no pasa solo por generar más energía, sino por llevarla a las zonas donde podrían concentrarse consumos intensivos. En la industria señalan que la expansión de centros de datos asociados a IA dependerá de subestaciones, líneas de alta tensión y esquemas de provisión que acompañen la demanda de megavatios. Ahí aparece uno de los principales cuellos de botella: la Argentina puede reunir condiciones atractivas para albergar infraestructura digital, pero todavía necesita robustecer la red física que debe sostenerla.

El desafío, además, no se limita a la infraestructura eléctrica. El sector también observa la necesidad de actualizar marcos regulatorios, acelerar procesos administrativos y mejorar la previsibilidad para iniciativas de largo plazo. En un mercado donde las decisiones se toman comparando países, la energía pesa cada vez más, pero no opera sola: también cuentan la estabilidad normativa y la velocidad de ejecución de las obras.

Patagonia, renovables y competencia regional

Dentro de ese mapa, Chubut aparece como uno de los casos que más atención concentra. En la provincia se menciona un plan de inversiones privadas por u$s10.000 millones que combina centros de datos de alta disponibilidad (Tier IV), generación eólica y mayor conectividad, incluida la alternativa de nuevos enlaces submarinos. La iniciativa busca posicionar al distrito como una plaza apta para desarrollos intensivos en procesamiento, apoyada en recursos energéticos, condiciones climáticas y escala territorial.

El interés no es casual. La Patagonia ofrece bajas temperaturas, que reducen necesidades de refrigeración, disponibilidad territorial y un perfil renovable en expansión. Ese combo mejora la ecuación operativa de los centros de datos, en especial en un momento en que los costos energéticos ganan peso en la rentabilidad de este tipo de infraestructura.

A eso se suma la posibilidad de articular proyectos digitales con abastecimiento renovable. En los desarrollos de nueva generación, la combinación entre centros de datos y fuentes limpias dejó de ser solo un atributo reputacional: también incide en costos y acceso a financiamiento. Para operadores globales, contar con energía firme y, al mismo tiempo, reducir huella de carbono es un criterio cada vez más relevante al evaluar destinos.

Pero la oportunidad regional también tiene competencia. En el mismo panel, el consultor Guillermo Peirano advirtió que "sin capacidad de distribución en zonas estratégicas, los grandes jugadores elegirán mercados vecinos". La frase resume la presión competitiva que enfrenta la Argentina: la mejora del sistema eléctrico y la aceleración de obras (subestaciones, ampliaciones de transporte y refuerzos locales) pueden definir si el país llega a tiempo a la ventana de inversión que abrió la IA.

La expectativa del sector también se apoya en la expansión global del negocio: las proyecciones internacionales anticipan que la inversión en centros de datos seguirá creciendo de la mano de la IA, y que América latina todavía tiene margen para captar parte de esos desembolsos. La competencia entre países, sin embargo, se define por condiciones concretas de infraestructura y por la capacidad de ejecutar proyectos en plazos razonables.

En la Argentina, el interés por este mercado convive con limitaciones conocidas: macroeconomía inestable, cambios regulatorios y antecedentes de restricciones energéticas siguen pesando en cualquier evaluación de proyectos de escala. Por eso, el debate ya no gira solo en torno de recursos naturales o capital humano, sino sobre si el país puede garantizar condiciones materiales (energía, redes y reglas de juego) para que las inversiones efectivamente se instalen.

Otro aspecto central es el de los costos operativos. En los centros de datos orientados a IA, el consumo energético y los sistemas de enfriamiento explican una porción sustancial del gasto total. De allí que la importación de equipos, los beneficios fiscales para componentes críticos y la eficiencia de la infraestructura eléctrica impacten de forma directa sobre la rentabilidad y el atractivo de cada localización.

Con ese telón de fondo, el negocio de los centros de datos dejó de analizarse solo como una derivación del crecimiento digital. Cada vez aparece más atado a la política energética, a la infraestructura física y a la capacidad del Estado y del sector privado para sostener inversiones de largo plazo.

Para la Argentina, la oportunidad existe. Pero la discusión ya no pasa solo por dónde crecerá la demanda de procesamiento, sino por qué países estarán en condiciones reales de alimentarla con energía firme, redes disponibles y previsibilidad para ejecutar obras e inversiones.

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