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¿Vinos con soda o hielo?: los enólogos también lo hacen

¿Vinos con soda o hielo?: los enólogos también lo hacen
Ponerle cubitos o "sodear" un vino está generando una "grieta" entre puristas y descreídos de los rituales. Sin embargo, ellos también lo hacen
Por Juan Diego Wasilevsky
21.01.2019 17.10hs Vinos & Bodegas

La cava en la temperatura correcta; la copa bien fajinada; el ritual de los tres movimientos para retirar, con precisión, la cápsula que cubre el corcho; el vino servido hasta el nivel exacto y en la copa indicada para que se oxigene bien y despierte los sentidos...

El folklore alrededor del disfrute del vino es amplio. Y el repertorio de pasos a seguir antes de llevar el vino a la nariz o a la boca puede ser incluso más amplio. Hay consumidores que ven esto como un derrotero de costumbres completamente snobs. Otros, en cambio, encuentran justificación en cada paso y en cada costumbre que se ha instalado tras el paso de décadas. 

En definitiva, disfrutar o no de la ceremonia alrededor de una copa de vino es algo tan subjetivo y personal como lo es el vino.

El punto central es que, conforme comenzó a apretar un poco más el calor, en las redes comenzaron a verse vasos o copas, cargados con vino blanco, y… hielo. ¡O soda!

Esto disparó el debate, por el hecho de que algunos de los promotores de estas costumbres que los puristas no aprueban, eran justamente los responsables de que bebamos vinos: los propios enólogos.

Bastó un par de imágenes para que se dispararan las preguntas, se abriera el debate y surgieran otros enólogos, con manifestaciones a los cuatro vientos, pidiendo que al mundo del vino ingresen más personas "con menos prejuicios y más anárquicos". 

Los enólogos también lo hacen

Muchas veces, hay que decirlo, los consumidores se vuelven más papistas que el Papa. O más defensores de las ceremonias que los propios enólogos.

Es cierto. Hay segmentos de vinos que en general no se prestan tanto al "sodeo" o a ponerle hielo. Básicamente porque no fueron consumidos para ser bebidos en esas circunstancias.

Trazando paralelismos, es como intentar transitar un camino lodoso con un auto italiano de colección y de tracción simple. Ninguna de las dos variables en esta fórmula fueron pensadas originalmente para coincidir en tiempo y espacio.

No por una cuestión de precios, sino porque es probable que, en ese terreno con barro, nunca se destaquen los atributos con los que fue concebido ese vehículo. Pero a veces ocurre. 

Seguramente ningún enólogo en una degustación opte por sacar un sifón de debajo de la mesa. Pero sí posiblemente en un asado entre amigos.

Mauricio Vegetti, quien comanda su propio proyecto, Lui Wines, y uno de los enólogos más destacados de la nueva generación, señala que "dependiendo la hora del día, yo empiezo con un blanco bien frío. Y si le falta temperatura, un hielo siempre salva el momento".

"Realmente disfruto agitar la copa y sentir el golpe del hielo contra el cristal, el vidrio o el plástico, que también en algún asado de montaña me tocó usar", desmitifica.

En paralelo, Claudio Maza, uno de los referentes del Valle de Cafayate y uno de los responsables del proyecto de vinos Mugrón, asegura no tener reglas: "Hay veces que me gusta tomar un Torrontés con soda y hielo y, a veces, bien frío pero sin agregados. Lo importante es que es una cuestión de gustos, es algo personal, y no es algo marketinero".

Volviendo al ejemplo de un auto clásico italiano, seguramente el diseñador que lo concibió y lo llevó a la práctica lo imaginó recorriendo, con una mezcla de aplomo y sofisticación, una ruta europea. Y no un camino lodoso.

Lo mismo pasa con los vinos: muchos profesionales se plantean alumbrar grandes vinos, de espíritu austero y plagados de detalles sutiles que, obviamente, se tienden a perder en cuanto se les agrega un elemento externo. Llámese hielo, soda o frío excesivo.

"Uno como enólogo aconseja beber ciertos vinos de determinada manera, para encontrarle los mejores atributos. Y lógicamente si se le suma hielo o soda se van a diluir esos atributos", plantea Maza.

Sin embargo, plantea otro buen debate: ¿es el consumidor el que debe adaptarse al vino, o es el vino el que, en definitiva, está llamado a darle placer al consumidor?

"Podemos aconsejar pero el límite lo pone el consumidor. Es algo muy personal y no somos quiénes para censurar cómo se disfruta un vino. Si agregarle soda o hielo satisface una necesidad, entonces está cumpliendo su única función", subraya el enólogo.

Vegetti también es de los que plantea que no hay que hacer distinciones ni discriminar entre vinos caros y baratos a la hora de discutir si pueden ser "sodeados" o no.

"Hay una moraleja: el vino se disfruta como más nos gusta, sin importar el precio", plantea, para luego recordar que en la casa de sus pares siempre estaba el sifón Drago cargado sobre la mesa para acompañar tanto etiquetas de alto precio como ejemplares envasados en damajuana.

"Hemos llenado de adornos al vino y se hizo complicado beberlo. Pero lo importante es que quien prueba esta bebida y se deja seducir, difícilmente deje de consumirla. Lo importante es que el vino sirva para acompañar momentos", subraya Vegetti.

Maza, en tanto, vuelve a recalcar que no busca que se vuelva cool una costumbre histórica y muy difundida como es la de ponerle un poco de soda o unos cubitos al vino.

"No me interesa que esa sea la tendencia. Es algo que sucede en las mesas de los argentinos y es algo que está bien. Porque si alguien no obtiene placer del vino, seguramente se irá alejando y buscará eso mismo en otras bebidas", plantea el enólogo que conoce Cafayate como la palma de su mano.

"En definitiva, queremos que se tome más vino", concluye, recordando que el consumo acaba de perforar los 20 litros per cápita, el nivel más bajo del que se tenga registro.

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