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Domecq: "Hay que entender las medidas del Banco Central como el mal menor"

Domecq: "Hay que entender las medidas del Banco Central como el mal menor"
El economista conversó con iProfesional sobre el impacto de las últimas decisiones del Gobierno y qué margen de maniobra tiene el próximo Presidente
Por Mariano Jaimovich
04.09.2019 00.10hs Economía

Las últimas medidas del Gobierno todavía siguen siendo miradas con recelo por el mercado. Al respecto, el economista Esteban Domecq, presidente de Invecq consultora, considera que las reglamentaciones oficiales para intentar controlar al dólar podrán ser efectivas para estabilizar el sistema financiero en caso que no haya nuevas señales pesimistas desde el ámbito político.

En una entrevista con iProfesional, el experto analiza en detalle qué puede pasar con el tipo de cambio y qué margen de maniobra tendrá la próxima gestión para intentar enderezar el rumbo del país.

"Una reestructuración de la deuda o un default es un escenario altamente probable", en caso que triunfe Alberto Fernández, afirma. Esto lo proyecta como consecuencia de la desconfianza de los inversores.

-¿Cuál es su opinión sobre las medidas tomadas por el Gobierno para limitar la pérdida de divisas?

-Las medidas del Gobierno implementadas durante el fin de semana en cuanto a la reglamentación del mercado de cambios apuntan estrictamente a reducir el drenaje de reservas internacionales del Banco Central. Tras el resultado de las PASO se agudizó la crisis de confianza política que está atravesando el país, lo cual se vio reflejado en una importante suba del tipo de cambio, pérdida de reservas, bruscas caída de acciones y bonos y salto de riesgo país a zona de default. En este escenario, el BCRA está perdiendo reservas por tres canales: venta de dólares producto de la mayor dolarización de los argentinos, pago de deudas del Tesoro nacional producto de que se cerró definitivamente el acceso a los mercados y reducción de encajes, consecuencia del retiro de los dólares de los bancos producto de la desconfianza que genera una eventual victoria de candidato que resultó ganador en las elecciones.

-Con esta situación cambiaria, ¿qué solidez tiene el sistema financiero?

-La conjunción de todos estos elementos está poniendo en riesgo toda la salud del sistema financiero, por lo cual hay que entender la medida como el mal menor para poder transitar todo el período electoral con menor inestabilidad cambiaria y financiera.

-¿Son suficientes las medidas que se han tomado?

-En tanto que las señales de la política no aumenten el nivel de desconfianza e incertidumbre hacia adelante, las medidas podrán ser efectivas para estabilizar el sistema financiero. En caso contrario, habrá que ir tomando medidas más severas en post de asegurar la estabilidad de todo el sistema. Es importante aclarar que el daño en la economía real ya está hecho, y esto se va a reflejar en un mayor deterioro en los próximos meses. Lo que está en juego es evitar que la situación empeore mucho más en los próximos meses.

-Al respecto, ¿cómo ve la economía en este momento tan volátil e incierto?

-Veo una economía que luego de entrar abruptamente en recesión en el segundo trimestre de 2018, venía transitando piso desde noviembre del año pasado y estaba intentando iniciar una nueva fase de recuperación en estos meses, pero ahora con el cimbronazo financiero, producto del shock electoral que generaron las PASO, va a quebrar ese piso. La actividad económica retoma así su sendero bajista en estos meses, agudizando el escenario recesivo y no veo posibilidades de que la tendencia se revierta hasta tanto no se resuelva el escenario político primero, y no se implemente luego un nuevo programa económico.

-¿Qué puede hacer Macri antes de octubre desde lo económico para intentar revertir el resultado?

-Desde el lado de la economía real, y más allá de los paliativos microeconómicos implementados en las semanas post PASO, no hay mucho margen para realizar política económica expansiva por la restricción presupuestaria y el escaso tiempo hasta las elecciones. En este sentido, todos los cañones deben estar apuntados al frente financiero, donde la prioridad sigue siendo la misma desde principio de año: la estabilidad cambiaria. Los movimientos del tipo de cambio en el frente financiero hacen mucho daño en la economía real, por lo que toda la política económica debe apuntar a mitigarlos.

-En caso de que se confirme en octubre a Alberto Fernández como nuevo Presidente, ¿qué plan podrá poner en práctica sin contar con el financiamiento necesario de los mercados por la desconfianza que ronda sobre su partido?

-Sin acceso a los mercados y sin posibilidades de obtención de mayores fondos del FMI, el frente financiero de Argentina será muy complejo en los primeros seis meses de un eventual gobierno de Alberto Fernández. Los pasivos del BCRA (Leliqs) y del Tesoro nacional (Letes y bonos) ya están enfrentando una situación de stress financiero que se irá agravando a medida que el resultado electoral se resuelva a favor de Fernández, y que será muy complejo en los primeros meses del 2020. Una reestructuración de la deuda o un default es un escenario altamente probable en este caso. Sin financiamiento, será muy difícil que la corrección macroeconómica no tenga costo, y de no lograr un importante shock de confianza en el inicio de su mandato, se corre el riesgo de que la economía entre en una espiral recesiva muy difícil de revertir. Dado los problemas coyunturales y estructurales que enfrenta esta economía, no veo mucho espacio para que Fernández no continúe el sendero de equilibrio fiscal y monetario y de normalización macro hacia adelante.

-Más allá del signo político que gobierne, ¿cómo ve la economía que nos espera?

-La economía que nos espera depende inexorablemente del signo político por dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, porque los lineamientos e ideologías de los dos principales candidatos, Macri y Fernández, son diametralmente opuestos en términos de política económica. Y, en segundo lugar, porque Macri cuenta con mucha credibilidad que Fernández no tiene y deberá construir desde cero, producto de lo que dejó el gobierno kirchnerista. No es inocuo no tener acceso a los mercados y todo el historial de políticas económicas aplicadas durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Por eso son dos escenarios totalmente distintos con cada uno.

-Entonces, ¿qué aspectos deben definirse con una nueva gestión desde lo económico y financiero?

-Para que la economía revierta el ciclo bajista, primero debemos despejar el escenario político y tener a un Presidente electo. Una vez despejada la incertidumbre en este aspecto, debemos abrir el frente financiero, ya sea recuperando el acceso a los mercados (alternativa buena) o a través de una reestructuración, amigable o no (default), de la deuda (alternativa mala). Y, por último, necesitamos que el próximo equipo económico implemente un programa económico, integral y consistente, que pueda destrabar y resolver todos los problemas que enfrenta la economía para que pueda empezar a moverse.

-¿Cómo puede seguir el dólar en este contexto tan incierto?

-El dólar se mueve en función de los fundamentals de la economía, de la incertidumbre política y de las expectativas de los agentes. Podríamos pensar que en términos de fundamentals y de solvencia macroeconómica externa estamos ante un tipo de cambio adecuado. Pero lo cierto es que estamos dentro de un proceso inflacionario que se acelera, en un escenario de altísima incertidumbre política, por lo que el dólar difícilmente encuentre un equilibrio estable en los próximos seis meses. Tendremos mayor depreciación nominal y con persistente volatilidad cambiaria.

-¿Esta situación cómo puede trasladarse a la inflación y tasa de interés?

-La inflación se acelerará en los próximos meses producto del salto cambiario, con riesgo de espiralización hacia fin de año ante la llegada de un nuevo gobierno, sobre todo si no maneja con prudencia el frente monetario. Hasta que no haya un cambio en la política monetaria, la tasa de interés acompañará la mayor inflación. No hacerlo reduciría el rendimiento esperado descontado por inflación y aumentaría el riesgo de los activos en moneda doméstica, lo que produciría un desarme masivo de plazos fijos y estaríamos ante un escenario de disrupción cambiaria.-

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