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Carne: el debate de los relatos políticos se trasladó a las góndolas

Carne: el debate de los relatos políticos se trasladó a las góndolas
El Gobierno salió en defensa de su cuestionado plan de cortes cárnicos baratos. De esa pelea depende en parte la suerte del acuerdo de precios y salarios
Por Fernando Gutiérrez
04.02.2021 17.30hs Economía

La "guerra de relatos" se mudó a las góndolas. Y probablemente haya caído en uno de sus puntos más bajos: si en alguna época se confrontaba sobre modelos de país y estrategias de inclusión social, lo que hoy se discute es si las bandejas de carne a precios rebajados tiene, efectivamente, algo de carne o es pura grasa.

Y, para colmo, a eso se agrega si los famosos ocho cortes con 30% de descuento están realmente disponibles en una cantidad tal como para satisfacer la demanda o si se trata de una presencia simbólica para cumplir con un objetivo político.

Es el tema que recalienta en este momento las redes sociales. Y el Gobierno está dando muestras de tomárselo muy en serio. Por lo pronto, la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, hizo cuestión de hacer una recorrida por las principales cadenas de supermercados, donde fue fotografiada inspeccionando las bandejas, el contenido y el precio.

La Asociación de Supermercados Unidos (ASU), que está en una estrategia de evitar conflictos con el Gobierno, aclaró que los ocho cortes ya están disponibles en todo el país y que, a lo sumo, podría haber alguna dificultad logística para hacerla llegar a algunos puntos del interior.

El Mercado Central, por su parte, prometió que ni bien termine de coordinar con los frigoríficos tendrá los cortes baratos disponibles.

Y en clara demostración de la relevancia que el Gobierno le asigna a este tema en la agenda nacional, los medios oficialistas dedicaron extenso espacio a hacer la cobertura sobre el debut de la carne rebajada y las cámaras hicieron foco sobre las bandejas con mejores cortes.

La incómoda militancia en la góndola

Pero la polémica es inevitable. Ya el ánimo estaba recalentado por el pronóstico de Alberto Williams, el presidente de la agremiación de carniceros, que dijo que "ni loco recibimos el kilo de asado para venderlo a 400 pesos".

Claro, el acuerdo implicaba apenas 6.000 toneladas de carne -apenas un 3% del mercado total nacional- a ser repartidas en 1.600 bocas de expendio.

Se estima que hay en el país 100.000 carnicerías. Los conocedores del mercado cárnico no tuvieron más que ver estos números para llegar a la conclusión de que el acuerdo anunciado se asemejaba más a una operación de marketing político que a un intento serio por abaratar la carne vacuna.

Y, de hecho, la propia Paula Español salió a aclarar que no debe considerarse esta rebaja como un plan completo sino como apenas la primera parte de una estrategia por abaratar los alimentos. Y, previendo que habrá errores que corregir, ya adelantó que se hará una evaluación del acuerdo cárnico el 31 de marzo.

"Este primer acuerdo con los productores, distribuidores y comercializadores es un punto de partida para encontrar consenso con más actores en cuanto a los precios", dijo la funcionaria.

La secretaria de comercio interior, Paula Español, se encargó personalmente de monitorear el arranque del plan de cortes cárnicos baratos
La secretaria de comercio interior, Paula Español, se encargó personalmente de monitorear el arranque del plan de cortes cárnicos baratos

En realidad, ese es uno de los puntos fundamentales: el mayor punto débil del actual acuerdo cárnico es que privilegió como interlocutores a grandes corporaciones exportadoras y a las cadenas supermercadistas con capacidad de faena propia.

En cambio, no tuvo en cuenta a matarifes del conurbano, que son abastecedores del mercado interno. Los carniceros -que venden el 70% de lo que se consume en el mercado- se quejan de haberse enterado del acuerdo por los medios de comunicación.

Esa alianza con los grandes supermercadistas dejó entrever cierta incomodidad para la militancia kirchnerista. No dejó de ser irónico ver en los medios oficialistas las imágenes aportadas por La Anónima, la tradicional cadena de la familia Braun a la cual se fustigó durante toda la gestión macrista, tanto por su posición dominante de mercado en toda la zona sur como por el parentesco que los accionistas tenían con Marcos Peña, el ex jefe de gabinete.

Lo cierto es que las redes sociales ardieron en reclamos de mayores controles, ya fuera por falta del producto a los precios publicados oficialmente o directamente por la mala calidad. Y ahí empezó la "guerra de las fotos". Tomadas con celular en las respectivas góndolas y subidas luego a Twitter, los ciudadanos comparaban y discutían sobre cantidades de grasa en las bandejas.

Más grasa que carne: algunas de las imágenes que se compartieron con indignación en las redes sociales.
Más grasa que carne: algunas de las imágenes que se compartieron con indignación en las redes sociales.

El kirchnerismo puso su aparato propagandístico a defender su postura. Por caso, Roberto Navarro, uno de los referentes mediáticos, escribió: "Es mentira que la carne en oferta que promovió el gobierno es de mala calidad. Es la misma carne de siempre. Y son seis millones de kilos. No es la solución a la suba de alimentos, que es dramática. Pero no es cierto que sea carne de mala calidad".

Y a continuación aportó las imágenes. Que luego, claro, merecieron la respuesta de otras fotos en las que, efectivamente, se veía más color blanco que rojo. Por su parte, frigoríficos y supermercados se defendieron con el argumento de que la carne a precios promocionales mantiene la calidad habitual y que lo que circuló en las redes obedece a situaciones excepcionales, con ánimo de generar controversia.

"Hagan algo"

En todo caso, lo que la polémica dejó nuevamente en evidencia es que, para el Gobierno, el tema de la alimentación ha pasado a ser la preocupación política central. Convencidos de que de una mejora en ese tema depende la suerte en los próximos comicios legislativos, los funcionarios están supeditando el resto de las políticas a ese objetivo.

Lo cual es comprensible en un país en el que la pobreza supera el 40% y en el que el consumo de carne vacuna cayó a uno de sus mínimos históricos en el consumo de carne, con 50 kilos anuales por habitante.

Es una cifra que -tal como surge de las estadísticas de la Cámara de la Industria de Comercio de Carne y Derivados (Ciccra)- hace empalidecer incluso a los años más críticos, como el 2002 posterior al colapso de la convertibilidad -58 kilos- al 2011 posterior al fracaso del plan Moreno -55 kilos- y al y al desordenado final del kirchnerismo, cuando en 2019, devaluación mediante, se cayó a 51,7 kilos.

Para colmo, la turbulencia inflacionaria le aporta una nota de urgencia a la necesidad de "mostrar que se está haciendo algo". La inflación de enero, que se conocerá la próxima semana, estará más cerca del 4% que del 3%, según la mayoría de las consultoras privadas.

Con un agravante: el rubro alimentos sigue a una velocidad mayor a la promedio. La proyección es del 4,7% para el mes. Y los productos en los que se constataron mayores suban fueron, precisamente, las carnes, con un 9,1%.

Lo irónico del tema es que todos los indicadores marcan que, en la comparación internacional, la carne sigue siendo relativamente barata en Argentina. Así, Juan Manuel Garzón, de la Fundación Mediterránea, llegó a la conclusión de que el precio promedio de una muestra comparada da en Argentina $781, versus los $832 de Brasil y $845 de Uruguay.

Se trata de países que, igual que Argentina, son exportadores, un detalle importante en un momento en el que el debate está centrado en cómo "desacoplar" los precios internos de los del mercado internacional.

Esto lleva directamente a uno de los puntos centrales del debate: ¿el problema es el precio de la carne o es el bajo nivel de los salarios en Argentina?

Los acuerdos de precios, el núcleo del plan 2021

Por supuesto que es una pregunta fácil de responder: mida como se mida –es decir, en dólares o en poder de compra- los salarios vienen en caída libre desde que la gestión económica macrista entró en recesión en 2018. En ese período, la caída en dólares fue de 42%, si se lo mide al tipo de cambio oficial, según una estimación de la consultora LCG.

Pero hay algo mucho peor en el horizonte. Con la inercia que están mostrando los precios, ni siquiera los economistas más afines al gobierno creen en el pronóstico oficial del 29%. Los más optimistas hablan del 35%, mientras los más escépticos creen que de aquí a fin de año se podría llegar a una inflación del 50%.

Es decir que hay probabilidad de que nuevamente caiga el salario real. Y, dado el cambio de fórmula indexatoria, también las jubilaciones: una proyección de Fundación Mediterránea señala que si la inflación rondara el 51%, las jubilaciones perderían un 8% real, y que si los precios se fueran al 58%, la caída sería de 14 puntos.

Y ahí aparece la gran contradicción del Gobierno con su convocatoria al acuerdo de precios y salarios. Aunque los funcionarios afirman que las paritarias "no tendrán tope ni techo" y que siguen siendo libres, lo cierto es que desde el Gobierno se dio un lineamiento claro sobre cuál es la cifra que se considera aceptable.

Lo hizo el propio ministro Martín Guzmán, en sus últimas entrevistas, cuando dijo que un pilar de la estrategia económica es que "el salario crezca más que los precios" pero insinuó que las subas serán de entre 33%. Es decir, una recuperación que únicamente será real en la medida en que la inflación se mantenga en la proyección del 29%.

Martín Guzmán, determinado a que en los acuerdos de precios y salarios se mantenga la proyección oficial de inflación de 29%
Martín Guzmán, determinado a que en los acuerdos de precios y salarios se mantenga la proyección oficial de inflación de 29%

Y, después de atribuir la tensión de los precios tiene un cierto componente de "inflación importada", dijo que el Estado asumirá un rol de árbitro en la clásica "puja distributiva".

Traducido, esto implica que en gran medida, la suerte del plan económico -y que los indicadores se mantengan dentro de los parámetros que plantea Guzmán, sin un desborde de precios ni del dólar- pasa por convencer a los dirigentes sindicales de que programas como "Carne para Todos" va a funcionar.

Para colmo, en un rapto de sinceridad y ortodoxia a en otro gobierno habría motivado críticas, Guzmán argumentó que no se puede seguir subsidiando tarifas de servicios públicos porque "eso se paga de alguna forma, con impuestos, o tomando deuda y eso termina siempre con algún problema, o hay que emitir y se presiona el tipo de cambio".

En otras palabras, tal como intentó el macrismo –y sólo logró hacerlo un año- el objetivo de Guzmán es que el salario y la economía crezcan al mismo tiempo que la inflación baja. Una fórmula difícil de lograr en Argentina.

Para empezar, requiere que no haya desbordes en los reclamos sindicales. Y para eso, tienen que funcionar los acuerdos de precios. Es decir que la pelea en las redes sobre la calidad de la carne a precios bajos es mucho más que un intercambio de chicanas: ahí se está jugando, en buena medida, la suerte del plan económico 2021.

En la medida en que los acuerdos luzcan creíbles -y la carne parezca más carne que grasa- habrá posibilidades de morigerar el reclamo sindical. El Gobierno lo sabe, y por eso puso su estrategia comunicacional en función de ese objetivo.

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