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Guzmán y la estrategia detrás del nuevo "dólar tranquilo": ¿forma indirecta de subir las tasas?

Guzmán y la estrategia detrás del nuevo "dólar tranquilo": ¿forma indirecta de subir las tasas?
El ministro venía sufriendo una creciente presión para una suba de las tasas de interés, pero eso implicaba el riesgo de una "carrera nominal" de variables
Por Fernando Gutiérrez
12.02.2021 11.00hs Economía

Con la publicación del dato de inflación de enero queda más clara la determinación de Martín Guzmán por comunicar con claridad su giro económico hacia un dólar más "planchado" y un mayor celo por contener la emisión monetaria.

El objetivo es frenar lo que en la jerga de los economistas se llama "la carrera nominal", en la que todos los indicadores que uno pueda imaginar –dólar, precios, combustibles, tarifas, alquileres, tasas de interés y, claro, los salarios- entren en una carrera por no sentir que quedan retrasadas respecto del resto.

Esto, que ya pasó muchas veces en la historia reciente, suele terminar con las crisis del estilo "Rodrigazo" en el que se termina licuando el salario y el gasto público por la vía de un fogonazo inflacionario y devaluatorio.

Y lo más preocupante para el Gobierno es que se estaba haciendo muy fuerte la presión para una suba en la tasa de interés. Para los economistas ortodoxos, será inevitable un apretón monetario para sacar pesos de la plaza, luego de haber prácticamente duplicado el dinero circulante durante el pandémico 2020.

A fin de cuentas, preguntan, cuánto tiempo más podrán los ahorristas aguantar una tasa de 2,8% mensual por un plazo fijo en pesos mientras el dólar y la inflación suben a un ritmo de 4%. Más temprano que tarde, esos pesos irán a presionar al tipo de cambio.

Pero el gobierno se resiste. Es una medida impopular, va directamente en contra de su intención de impulsar un rebote fuerte de la economía y, además, teme que dispare una carrera nominal de dólar, precios y tasas que termine en una situación difícil de controlar.

Ya los economistas venían advirtiendo que, sin un cambio de rumbo, la inflación se dirigía al doble de lo proyectado. Por caso, Gabriel Rubinstein pronosticó que este año la emisión equivaldrá a un 60% de la base monetaria, y que ante la presión inflacionaria que eso implicaba "seguramente vayan a colocar más Leliqs para sacar plata del mercado.

Por su parte, la influyente economista Marina Dal Poggetto trazaba un diagnóstico crudo: "Al fin y al cabo, el problema puede resumirse en: sobran pesos en la economía, faltan dólares en las reservas, y con los actuales precios de los bonos no hay forma de financiar el agujero fiscal incluido en el presupuesto sin terminar por descapitalizar al BCRA con el riesgo cierto de que la brecha cambiaria, hoy contenida con alambre frente a precios de los bonos en US$ 35, vuelva a escalar".

En tanto, un ex titular del Central, Martín Redrado, calificó la política monetaria como "errante y cortoplacista" y se mostró preocupado por la posibilidad de que, a pesar del boom del precio de los commodities, este año el Central pudiera ver desmejorar caja de dólares.

Y recordó que la situación le traería problemas crecientes al Gobierno para ir renovando su deuda en el mercado interno. Recordó que en la última colocación de deuda, el 70% fue tomado a menos de medio año de plazo, y que los que se animaron a comprar papeles con vencimiento en 2022 sólo lo hicieron con instrumentos CER (o sea, atados a la inflación).

En otras palabras, que el mensaje que el mercado le estaba enviando a Guzmán era claro: o se frena el ritmo de deslizamiento del dólar o se suben las tasas de interés en pesos. Y Guzmán optó por lo primero, que es una forma indirecta de subir las tasas de interés.

El anuncio del ministro cambió ahora la percepción del mercado financiero. Para aquellos que colocan su dinero en el banco y miden el rendimiento en comparación con el dólar, implica una ganancia (medida al tipo de cambio oficial, claro). Para quienes toman tienen acceso a crédito en dólares o que pueden comprar bienes dolarizados, el cambio de política opera como un "seguro de cambio" que durará, como mínimo, hasta las elecciones legislativas.

El dato de inflación de enero fue la confirmación para que Guzmán decidiera ponerle freno al dólar
El dato de inflación de enero fue la confirmación para que Guzmán decidiera ponerle freno al dólar

La inflación marcó el fin del "dólar deslizante"

La cuestión es que dos meses seguidos con un 4% de inflación equivalen a una proyección anual de 60%, un dato que llega con un pésimo "timing" justo cuando el Gobierno intenta un acuerdo de precios y salarios y en el que, además, trata de convencer a los dirigentes sindicales de que no se aparten demasiado de la proyección oficial de 29%.

No es casual, tampoco, que se esté mostrando como ejemplo de paritaria bancaria –algunos ya la llaman "el techo Palazzo"-, que fue ponderada públicamente por el propio Alberto Fernández. Un gremio de alta capacidad negociadora, acepta la cuestionada proyección del 29%, a cambio de una cláusula de revisión.

Pero, al mismo tiempo, había otras señales que hacían "ruido". Por ejemplo, las tarifas públicas. Si bien el Gobierno aseguró que aquellos que estén en situación más desprotegida seguirán recibiendo el subsidio, Guzmán dejó en claro que no puede subir de 1,7% del PBI el monto destinado a pagar facturas de gas y electricidad.

De manera que se está definiendo un esquema de aumentos selectivos, en el cual no queda muy claro cuáles serán los criterios para determinar si alguien es merecedor de recibir el subsidio. El propio Guzmán dijo que, tras cinco meses consecutivos de crecimiento de la economía, había ciertos subsidios pensados para la emergencia de la pandemia -como el IVE- que ya no tenían sentido. Con ese mismo criterio, podría pensarse en un esquema en el que las tarifas de servicio público empiecen a deslizarse, con lo cual perderían su función de ancla.

En definitiva, que la economía argentina necesitaba un ancla. Y, siguiendo un clásico de la historia económica argentina, se recurrirá al dólar. Cuando ya se empezaban a escuchar demasiadas dudas sobre la estrategia de dejar deslizar al tipo de cambio al mismo ritmo de la inflación, Guzmán salió a aclarar: "Sería un error extrapolar eso para todo el año".

Y dijo que esas micro devaluaciones de comienzos de año estuvieron siempre bajo control y que obedeció a un momento especial de la economía. En otras palabras, no se quiso incurrir en el riesgo de un retraso cambiario justo cuando sobre el final del 2020 se verificaba un aumento de los precios.

Pero, además, según interpretan los analistas, si había un momento para acelerar el deslizamiento del dólar era justo ahí, entre fin de año y enero, por el famoso efecto estacional del aumento en la demanda de pesos. Como las empresas suelen necesitar moneda nacional para pagar aguinaldos y saldar obligaciones, suele haber una menor tendencia a comprar dólares –de hecho, muchas de ellas deben vender divisas- y eso reduce al mínimo el riesgo inflacionario.

Los motivos para el cambio de estrategia

Claro, ese efecto veraniego dura poco tiempo. Más concretamente, se termina en febrero. Lo cual hace que en pocas semanas haya cambiado la estrategia. Con el anuncio de que habrá una suba del tipo de cambio de 25% se logran varios objetivos al mismo tiempo.

  • Se disipan las dudas que se habían generado dentro del propio Gobierno, en el sentido de si el deslizamiento del tipo de cambio oficial no podría traer consecuencias negativas, entre ellas una aceleración inflacionaria y un empuje de los tipos de cambio paralelos.
  • Se intenta recuperar credibilidad sobre la proyección oficial de inflación del 29%, fundamental para que no haya un desborde de precios y salarios justo cuando el Gobierno está convocando a sindicatos y gremiales empresarias bajo la consigna de la moderación.
  • Moderar la fuga desde los depósitos en pesos. El hecho de que el dólar estuviera acelerando su ritmo mientras las tasas de interés no se movían generó movimientos que, de no detenerse, pueden complicar al sistema bancario. Por ejemplo, sobre fin de año se empezó a notar una caída en los depósitos a plazo fijo, al tiempo que empezó una carrera hacia las colocaciones denominadas en UVA, que en enero acumularon $11.000 millones. Todo un síntoma de la preocupación del público por no perder capital –ni ante la inflación ni ante el dólar-
  • Facilita la financiación estatal a corto plazo. Si el Gobierno logra transmitir la idea de que habrá estabilidad cambiaria y que la inflación no se descontrolará, le resultará más fácil el "roll over" de su deuda sin que eso implique entrar en una dinámica de tasas crecientes, que generan la consabida "bomba inflacionaria".
  • En el inicio de año, a Guzmán le fue relativamente bien cuando testeó al mercado –por ejemplo, le dieron $200.000 millones en su primera licitación- pero los expertos destacaban lo raro de la situación: los inversores prestaron a tasas negativas, una actitud sólo explicable por la imposibilidad de acceso al dólar ni a otras inversiones más atractivas. Pero que esa "represión financiera" no podría extenderse mucho tiempo sin que se produjeran distorsiones.
Guzmán intentoa un giro ortodoxo destinado a frenar la carrera nominal de variables
Guzmán intentó un giro ortodoxo destinado a frenar la carrera nominal de variables

¿Guzmán logra el puente hasta la cosecha?

En definitiva, a su prédica de "normalizar" la economía, Guzmán agregó ahora un componente más ortodoxo, expresado en su comentada frase: "Hay que tener cuidado con la emisión monetaria porque una parte va a buscar divisas y eso pone presión sobre el tipo de cambio. No hay nada más regresivo para una economía como la nuestra que un salto cambiario brusco y grande".

Una frase que el mercado interpretó como más dirigida a la interna que a las empresas y bancos. En definitiva, confirmó su compromiso con el ajuste fiscal, pero además implicó un mensaje al Banco Central, que se ha focalizado en vender bonos para reprimir al dólar paralelo.

Es una estrategia sobre cuyo sostenimiento muchos dudan. No porque falten bonos para vender –tiene títulos por unos u$s15.000 millones en cartera- sino por lo que implica esto en términos de costo financiero.

Un dólar quieto permite mejorar el atractivo de la tasa por vía indirecta. Y, para mejorar el panorama, cuenta con una ayuda extra. La expectativa de los tributaristas es que, gracias al "aporte extraordinario" a las grandes fortunas, ingresen al fisco en marzo alrededor de $170.000 millones. Y, como la mayoría no cuenta efectivo en pesos para pagar la cuota mínima de $4millones, deberá vender dólares en el mercado.

Mientras que, en simultáneo, las medidas del Banco Central para apurar la liquidación de los agroexportadores, algo que ya se vio en enero.

En definitiva, Guzmán podría lograr el ansiado "puente" hasta la temporada de ingreso de dólares por liquidación de la cosecha. Por ahora, hay señales en el sentido de que a Guzmán le podrá ir bien con su abandono del "dólar deslizante".

En definitiva, la suerte de Guzmán dependerá de la credibilidad que logre despertar en el mercado. Para ello es fundamental que cumpla la promesa de austeridad fiscal, control de la emisión del Banco Central y tratar de apurar un acuerdo con el FMI.

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