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Se viene el nuevo dato de pobreza: con una suba segura, el kirchnerismo se replantea su política social

Se viene el nuevo dato de pobreza: con una suba segura, el kirchnerismo se replantea su política social
El dato del segundo semestre del 2020 será más grave que el 40,9% que se había publicado en septiembre. Y pone al Gobierno en estado de alarma
Por Fernando Gutiérrez
30.03.2021 06.14hs Economía

Ni el pronóstico de que la economía crecerá al 7% en el año, ni la recuperación en el nivel de actividad de la industria, ni las buenas perspectivas comerciales por el precio de la soja, ni el alivio en Ganancias ni el próximo aumento del salario mínimo. Nada puede compensar el peor dato del sistema estadístico nacional que está por publicarse en las próximas horas: el inevitable aumento en la pobreza y la indigencia.

El dato corresponderá al segundo semestre del 2020, cuando ya había algunos indicios de que el peor momento de la recesión inducida por la cuarentena había pasado. Aun así, se espera un agravamiento respecto de la medición anterior, que había arrojado resultados pavorosos: un 40,9% de pobreza y el 10,5% de indigencia.

Ahora, a juzgar por las estimaciones que se han hecho por parte de los expertos del sector privado, en particular del Observatorio Social de la Universidad Católica, hay motivos para esperar un salto de hasta cinco puntos en esas cifras.

Sí, según Agustín Salvia, si bien sobre el final del año empezó a notarse un incremento en los niveles de actividad, los números se vieron contrarrestados por el nuevo empuje que tomó la inflación.

Si se lo mide por trimestres, el segundo del año pasado fue el peor, cuando coincidiendo con el mayor efecto de parálisis de la cuarentena se alcanzó un pico de 47%, pero que luego se contrarrestó con la puesta en marcha masiva de planes de asistencia como el IFE y el ATP, que lograron que el primer semestre promediara el 40%.

Esa tónica continuó durante el tercer trimestre del año, en el que la combinación de una leve recuperación de la actividad y precios todavía bajo control hizo esperanzar a los funcionarios en el sentido de que lo peor ya había pasado. Pero sobre fin de año, el incremento de la inflación volvió a marcar un deterioro.

Desde esa fecha, varios de los gremios grandes firmaron acuerdos de recuperación salarial para tratar de compensar la inflación del 2020. Pero con más de un tercio de la economía en situación de informalidad, el incremento de lo que los expertos definen como "pobreza estructural" resulta inevitable.

En suma, la expectativa de los consultores privados es que el dato del segundo semestre, que el Indec está por difundir, marcará un empeoramiento, entre un mínimo de 42% y un máximo de 45%.

Se espera un agravamiento en los índices de pobreza y se agrava la interna oficialista
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El desempleo, peor de lo que dice la estadística

Y, para peor, hay algunos indicios que marcan el empeoramiento de la situación también en el arranque del 2021. De hecho las señales de alarma están llegando desde todas las puntas del espectro político.

Uno clave es el desempleo, que en los papeles midió 11% en el último trimestre del año -una leve mejora de 0,8 puntos respecto del trimestre anterior- pero que para los analistas no refleja la verdadera gravedad de la situación

"El dato más relevante del día: en 2020 se perdieron aproximadamente un millón de puestos de trabajo (extrapolando los datos de empleo y desempleo del cuatro trimestre 2020 a toda la población). Una tragedia social y productiva", afirmó el diputado opositor Luciano Laspina.

En tato el ex ministro Hernán Lacunza venía advirtiendo que la situación era peor aun de lo que parecía a primera vista, porque la mayor parte de la recuperación en el empleo se estaba dando a nivel de cuentapropistas y en la informalidad, pero no en el empleo en blanco y relación de dependencia de las empresas privadas.

Con mayor detalle técnico, Matías Surt, economista de la consultora Invecq, señaló que si el dato oficial de desempleo no es más grave es simplemente porque hay gente que ya desistió de buscar trabajo y entonces, para la estadística oficial, no es desempleado porque no pertenece a la población económicamente activa.

Por eso, sugiere poner el foco en la tasa de empleo -que mide la gente que trabaja respecto del total de la población total. Sobre fin del 2020 marcaba un 40,1%, lo cual es una mejora importante respecto del mínimo histórico de 33,4% -el cierre estricto de la cuarentena- pero que sigue estando casi tres puntos por debajo del nivel existente cuando Alberto Fernández asumió la presidencia.

Medido en cantidad de gente, Surt calcula que en el peor momento de la cuarentena la pérdida de trabajo había llegado a la impactante cifra de cuatro millones de personas, mientras que en la actualidad esa cifra se redujo a un millón.

Y no deja un mensaje optimista para el futuro: "Los datos mensuales del Ministerio de Trabajo (mira solo el empleo registrado) lucen preocupantes. El comportamiento mensual dentro del último trimestre del año pasado indica que la dinámica entre septiembre y diciembre fue negativa para todas las formas de empleo privado registrado".

Malas perspectivas sobre el salario

Por más que desde el Gobierno se intenta compensar el impacto de estos números con la publicidad de nuevas medidas de ayuda -tales como programas para el incentivo a la construcción e incluso con medidas que apuntan a la clase media, como el alivio en Ganancias, pero que se supone que impactarán en el consumo en general- desde sectores afines al peronismo hay una preocupación evidente.

Por caso, el ex secretario de Comercio durante la gestión kirchnerista, Guillermo Moreno, destaca datos tales como:

 -el incremento de 23% en la cantidad de cheques rechazados;

-una suba de 49% en la cantidad de locales comerciales ofrecidos para la venta o alquiler;

-una caída de 21% real en las ventas minoristas;

-una caída de 4% en la cantidad de trabajadores que efectivamente cotizan para el sistema de seguridad social.

Pero, sobre todo, estima que el desempleo, medido en términos correctos, ya está en 16,5%, lo que supera en dos veces y media al promedio internacional. Y, para peor, ve malas perspectivas de recuperación, ya que estima la tasa de inversión en 13,8% sobre el PBI, cuando el promedio mundial se ubica en 26%.

Por su parte, otro referente histórico del kirchnerismo, el encuestador y analista Artemio López hizo una seria advertencia sobre el deterioro de las chances electorales del oficialismo por causa del deterioro social, en un informe que lleva el sugestivo título de "El tiempo pasa".

López fue uno de los que no dudó en cuestionar que el alivio para el impuesto a Ganancias resultara prioritario, dado que quienes hoy cobran un sueldo neto en blanco por encima de $150.000 son "la crema de los asalariados", y es una medida que le resulta indiferente a la gran mayoría del electorado del Frente de Todos.

López recordó que, según la última actualización, un hogar promedio necesita un ingreso de $60.000 para estar sobre la línea de pobreza y de $25.000 para no caer en la indigencia. Números que contrastan con un salario medio de $45.000, mientras que tanto el salario mínimo como las jubilaciones y pensiones mínimas rondan la marca de los $20.000.

"Llegamos al extremo de carencia en que en un hogar tipo en que se perciben dos salarios mínimos y dos AUH, tampoco logra superar la línea de pobreza. Una calamidad por donde se lo mire", advierte López.

Pero, además de destacar el bajo nivel de ingresos de la economía, también marca un empeoramiento en el nivel de distribución de la renta: "El 80% más pobre de la población se queda con el 50% del ingreso total, mientras el 20% más rico con el 50% restante y el 10% de la cúspide de la pirámide se apropia del 33% del ingreso total".

Y lo más importante: cuestiona abiertamente el discurso oficial en el sentido de que este año se producirá un incremento real de salarios y jubilaciones. Compara el incremento de 47% que se registra en la canasta de subsistencia, contra la suba de 35% en las jubilaciones que obtuvieron los mejores aumentos.

A futuro, la situación social tampoco ofrece datos que hagan esperar una mejoría. Un reciente informe de Consultatio -una de las pronosticadoras más influyentes en la City porteña- plantea que para agosto, es decir el escenario en que se celebrarán las elecciones primarias, los salarios están otra vez mostrando una caída en términos reales.

Recuerda que las paritarias de los principales gremios se están cerrando en línea con la aspiración oficial: es decir entre tres y cuatro puntos por encima de la meta oficial de inflación de 29% anual. Lo cual contrasta con una inflación proyectada de 47% anualizado para agosto.

Según Consultatio, aun en un escenario en que la inflación mensual logre entrar en un sendero de desaceleración, no logrará estar por debajo del 2% mensual y, para el momento pre-electoral, el efecto estadístico de la comparación con el año pasado dará una inflación anual muy alta.

"En ese contexto, los salarios de los trabajadores registrados podrían estar creciendo 5 puntos por debajo de la inflación en los meses cercanos a las elecciones. Aunque es verdad que muchos acuerdos salariales tienen cláusula de revisión, también es cierto que la mayoría de ellos son a partir de septiembre", destaca la consultora.

El desempleo da 11% en las cifras oficiales, pero otras estimaciones arrojan una cifra más elevada
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El macrismo y la chicana de la heladera

En definitiva, desde todos los costados del espectro político, así sea desde la interna oficialista como desde el corazón de la City, se plantea la continuidad de un deterioro del escenario social.

La oposición política, ya en modo electoral, está aprovechando esta situación como argumento proselitista. Algo que ha dejado en claro el propio Mauricio Macri en sus recientes reapariciones mediáticas, en las que castigó al Gobierno con frases tales como "Esta versión del peronismo se ha transformado en representante de los que no trabajan; y nosotros representamos a los que quieren trabajar", o "El statu quo ha sido una fábrica de pobres".

Además, claro, de su chicana preferida, en respuesta a las promesas de campaña de Alberto Fernández: "Les prometieron asado y la heladera llena pero hoy el asado no existe y la heladera la están empeñando".

Los fríos números no le dejan al Gobierno mucha posibilidad de respuesta: en el país de la carne, el consumo per capita cayó a un mínimo histórico de 50 kilos anuales por habitante, lo cual resulta inferior aun al momento más crítico del colapso económico del 2002.

El debate interno ante las cifras negativas

Mientras tanto, el Gobierno se prepara para el impacto: se viene un dato negativo de alta sensibilidad, en un momento particularmente complejo de la agenda política. Una parte de la respuesta está clara en la interna del Gobierno: parte del problema se debe resolver con un sistema impositivo "progresivo" que castigue a los sectores que generan "rentas extraordinarias".

En ese sentido, los primeros pasos fueron el aporte extraordinario a las grandes fortunas y los tironeos con los sectores del agro que gozan de altos precios internacionales. Pero, como demostró el debate sobre el impuesto a las Ganancias, esa presión impositiva va gradualmente descendiendo hasta el nivel de las pymes.

Otras áreas dejan ver mayores niveles de discrepancia interna. Por ejemplo en lo que respecta a los incrementos tarifarios y cómo asegurarse de que el subsidio sólo llegue  los sectores de mayor vulnerabilidad social.

Y luego, claro, está el "efecto pandemia". Con las malas perspectivas sobre una segunda ola de contagios, cada vez está más puesto en duda el objetivo del ministro Martín Guzmán de lograr un ahorro de dos puntos del PBI sobre la base de cortar los programas extaordinarios de asistencia que se habían implementado el año pasado.

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