• 22/4/2026
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Vuelan las importaciones vía TEMU y Shein pero caen las de insumos y "fierros" para la industria

Aun con dólar barato, la importación no reacciona y los analistas ya corrigen sus proyecciones a la baja. ¿Un superávit de u$s20.000 millones con recesión?
22/04/2026 - 19:35hs
Vuelan las importaciones vía TEMU y Shein pero caen las de insumos y "fierros" para la industria

Opacado por los festejos del récord de exportaciones registrado en marzo, hay un dato de la balanza comercial que refleja el "lado B" del modelo económico: una tendencia a la reducción de las importaciones, en particular las vinculadas a insumos para la producción industrial.

A primera vista podría hasta parecer una buena noticia, porque un nivel bajo de importaciones, en simultáneo con una cifra récord de ventas promete un gran saldo comercial -ya se prevé más de u$s20.000 millones-. Eso ayudará al gobierno a conseguir los dólares necesarios para los pagos de intereses de la deuda, a proveer las divisas de los turistas argentinos que viajen al exterior y, además, permitirá que el Banco Central acumule reservas.

Pero hay un lado negativo en el bajón importador: es el reflejo de la recesión en la industria. La estadística es de una contundencia que exime de comentarios: el recientemente publicado EMAE de febrero marcó una baja interanual de 2,12% general. -Y se destaca un retroceso de 8,7% en la industria manufacturera, un 6% de caída en la generación eléctrica y una leve baja en la construcción.

Son números que no sorprendieron a nadie en el mercado, y que van en línea con el bajo nivel de uso de la capacidad fabril instalada, que se ubica en un promedio de 53% y que en algunas ramas particularmente afectadas, como la textil, cayó por debajo del 30%.

Pero lo peor, tal vez, no sea la comprobación del retroceso ya ocurrido, sino las bajas expectativas sobre un repunte de la situación. Lejos del mantra oficialista de que "lo peor ya pasó", repetido varias en varios discursos por el presidente Javier Milei, las encuestas entre empresarios muestran una escasa predisposición a incrementar la inversión.

Así, en una encuesta del Indec sobre las perspectivas del empleo, un 79% dijo que no tomará nuevo personal, mientras que un 17,3% tiene prevista una reducción de su plantilla. Cuando se les pidió que identificaran los motivos por los cuales ven un límite a su nivel de producción, la respuesta mayoritaria fue la "demanda interna insuficiente" -52,5% de menciones-, seguía por "competencia de productos importados", con un 11,5%.

Corrigiendo previsiones a la baja

Tras el EMAE de febrero, muchos economistas avisaron que habrá una revisión a la baja en los pronósticos de crecimiento de la economía. La última encuesta REM del Banco Central marcó expectativas de 3,3% de crecimiento, contra un 3,5% que se estimaba en diciembre. También el Fondo Monetario Internacional corrigió su previsión a la baja, desde un 4% a un 3%.

Lo cierto es que las importaciones están dejando ver un futuro poco prometedor. A esta altura del año pasado, ya se habían realizado importaciones por u$s17.600 millones, mientras que el primer trimestre de este año está por debajo, con u$s16.345 millones.

Al comienzo, la explicación que se daba para explicar esa caída era que, como en los meses previos a la elección legislativa de octubre se había generado una expectativa devaluatoria, se habían concretado importaciones "por las dudas" cuyo objetivo era acumular stock aprovechando un tipo de cambio que se percibía bajo.

Sin embargo, ese argumento, que era entendible en el momento inmediatamente posterior a la elección, ya va perdiendo fuerza seis meses después de realizada la elección. Tanto que los economistas creen que el bajón importador no es un accidente sino una tendencia estable en la economía.

La última encuesta REM ya recortó en u$s2.500 millones su previsión inicial, y hay analistas que creen que el próximo informe tendrá una proyección de u$s78.000 millones. Incluso hay, entre los expertos, algunos que llegan más lejos y hasta creen que las importaciones serán menores que las del año pasado. Por caso, un reciente informe de inversión Morgan Stanley pronostica que el volumen de las compras será de apenas u$s74.700 millones.

¿Indiferencia al dólar barato?

Lo más llamativo no es el hecho de que la importación esté estancada, sino que ocurre en un momento en el que muchos economistas vuelven a acusar al gobierno de estar fomentando un retraso cambiario.

 En lo que va del año, la cotización del dólar mayorista cayó un 6,6% en términos nominales, mientras que la inflación superó un 11%. Hablando en plata, que a los empresarios argentinos se les encarecieron los costos un 19% en dólares, algo que no se puede compensar con la suba en los precios internacionales.

Lo normal ante esas situaciones es que las importaciones se disparen, pero en este caso no se verifica esa situación. Parte de la explicación es que hay una oferta alta de divisas, producto de la ola de emisión de deuda por parte de empresas y gobiernos provinciales, y esa situación hace que disminuya la expectativa devaluatoria. De hecho, el sistema bancario cuenta con casi u$s40.000 millones, el punto más alto de los últimos ocho años.

Pero, además, la previsión de una "lluvia de dólares" en el próximo trimestre, por la combinación de la exportación sojera y el excepcional año del sector petrolero -con sus precios excepcionalmente altos, dado el contexto bélico en Medio Oriente-.

No se descarta que en los próximos meses la exportación ronde los u$s10.000 millones, mientras que no se perciben muchos factores que impulsen a la importación por encima de su actual nivel de u$s6.100 millones.

Esta situación genera sentimientos ambiguos en el mercado. Por un lado, un superávit comercial mensual de u$s4.000 millones implica un alivio y disipa los temores de un déficit en la cuenta corriente, dado que el superávit por bienes será mayor que el déficit por turismo y otros servicios.

Pero, al mismo tiempo, esa abundancia de divisas puede reimpulsar las compras de billetes para atesoramiento por parte de los ahorristas, que no encuentran atractivo en las tasas de interés en pesos.

Protagonismo para bienes de consumo

Hay, además, otro factor que ilustra el momento de la economía: cómo se compone la "torta" de las importaciones. En este momento, los rubros que más crecen son los productos de consumo final y los automóviles. Sumados, ya representan un 23% del total, cuando hace dos años apenas superaban el 10%.

Ese dato es el reflejo de las eliminaciones de trabas regulatorias y aranceles para productos terminados. Y también es una confirmación del "dólar barato" que abarata algunos productos externos ante la competencia nacional, como quedó evidenciado en debates como el de la crisis textil o la suspensión en la fabricación de neumáticos de Fate.

No por casualidad, los rubros que registraron menores aumentos de precio fueron los textiles -principalmente por importaciones vía TEMU y Shein- y los electrodomésticos, que llevan una variación interanual de 13% y 21%, respectivamente, contra un IPC general de 32,6%.

Esto deja en claro que, para el gobierno de Milei, la apertura comercial no sólo es una convicción ideológica: es también, una herramienta anti inflacionaria porque permite compensar las altas subas de precios en otros rubros, como las tarifas de servicios públicos.

En todo caso, el hecho de que haya un aumento relativo en el peso de los productos importados para consumo implica que cada vez es menor la importancia de las importaciones de insumos para la industria. En marzo, los bienes de capital apenas registraron una suba de 4,5% respecto del año anterior.

Y ese dato, que difícilmente tenga cambios en el futuro cercano, parece predecir un enfriamiento de la actividad. Hay un consenso entre los economistas respecto de que, para que el PBI crezca un punto porcentual, las importaciones deben subir tres puntos. Y en este momento las importaciones vienen creciendo a un lento 1,7% interanual, un número que da pie a los más pesimistas para corregir a la baja las expectativas de crecimiento de la economía.