Lluvia de dólares crece con el comercio exterior pero no alcanza para bajar riesgo país

Otra vez las importaciones son la contracara de la euforia exportadora. La compra de bienes de capital cae un 16% y confirma las sospechas recesivas
palabra "riesgo país" con un sol y flechas rojas

Otra vez, la euforia por los números récord de la exportación tuvo su "lado B": volvió a caer el egreso de dólares por importaciones, un dato que parece convalidar las advertencias sobre una fase recesiva en la actividad industrial que podría propagarse al resto de la economía.

Si bien la cifra de u$s7.060 millones es la más alta del año -y de hecho hay que remontarse a 2022, cuando la guerra de Ucrania disparó el precio del gas, para ver un número semejante en las importaciones-, los economistas no han cambiado su opinión: consideran que hay síntomas claros de caída en la inversión.

Ocurre que las compras de septiembre registraron una baja de 1,8% respecto de hace un año. Pero ese número está distorsionado por la suba de los precios en el mercado internacional. Cuando se considera la importación no medida en dólares sino en volúmenes, entonces la caída es mucho mayor, de un 11,2% interanual.

Y la situación más preocupante es la de los bienes de capital, que es la que marca con más claridad si los empresarios están renovando equipamiento. Ese rubro tuvo una caída de u$s164 millones en septiembre, lo que implica una variación negativa de 10,4% respecto del año pasado. Pero, nuevamente, el dato real es más grave por el efecto precios: medido en cantidades, la baja de la importación es de 16,6%.

En realidad, esto no resulta sorprendente: el censo sobre utilización de la capacidad instalada de las plantas industriales midió 58,5% en agosto, y desde hace un año que se ubica debajo del 60%. Son números sólo comparables con la pandemia y con el momento post devaluación de enero 2024.

En contraste, las importaciones de automóviles y productos de consumo mantienen buena salud. Aunque también registran una variación anual negativa, siguen representando más del 20% del total de las importaciones y siguen siendo el motivo de queja de los industriales locales, que denuncian su imposibilidad de competir contra artículos "con precios de dumping".

El antecedente del nerviosismo electoral

Es cierto que hay otra situación que incide en la estadística: hace un año el país se encontraba en vísperas de una elección legislativa. Y en ese marco de incertidumbre, con volatilidad del dólar y de las tasas de interés, se había producido una reacción clásica: muchos importadores adelantaron compras, por el temor a que luego de la elección se produjera una devaluación.

Eso fue lo que hizo que septiembre de 2025 las importaciones saltaran unos u$s900 millones respecto del promedio mensual, en medio de una corrida para acumular stock. El efecto de esa situación resultó claro en la estadística de noviembre y diciembre: ya pasadas las elecciones y con el dólar estable, las importaciones cayeron más de 20%, al nivel de u$s5.600 millones.

Teniendo en cuenta esta situación, es factible que la estadística de Indec vuelva a mostrar un incremento importador cuando se publiquen los datos de noviembre. De todas formas, lo que destacan los economistas es que la retracción importadora ha sido la constante de todo el año.

De hecho, en el acumulado de nueve meses, hay una caída de 2,5% respecto de 2025, y el número se agranda cuando el cálculo se hace sobre cantidades importadas.

Y en cada encuesta REM, los bancos y las consultoras recalculan a la baja el total de importaciones para este año. En el último sondeo ubicaron su proyección en 75.500 millones, lo cual ya está por debajo de la cifra de todo el año pasado.

Este dato es considerado relevante por los economistas porque históricamente se ha aplicado la regla de "tres a uno", que indica que para que la economía se expanda un 1% del PBI, es necesario que las importaciones crezcan al 3%. El gobierno afirma que esa regla ha quedado desactualizada, por la vigencia de un nuevo modelo en el que hay nuevos sectores dinámicos en la economía argentina.

Pero lo cierto es que la tesis del gobierno no da señales de confirmarse: con el actual nivel de importaciones, se registrará un crecimiento del PBI modesto, de 1,5%, contra una previsión original de 4,5%. La situación ha preocupado al propio Fondo Monetario Internacional, que instó al gobierno a tomar medidas para dinamizar el crédito y, de esa forma, incentivar la inversión privada.

Ola de dólares mientras sube el riesgo país y toca el mayor nivel en 1 año

La respuesta del Gobierno ante estas observaciones suele ser de tono político: culpan a la incertidumbre electoral -y, más concretamente, al "riesgo kuka"- por la actitud cautelosa de los empresarios, tanto locales como extranjeros. Y sostienen que recién en 2028, asumiendo que Javier Milei logre la reelección, podrán verse cifras altas en la inversión privada.

Lo cierto es que llama la atención la bonanza inédita en el ingreso de dólares y la persistencia de un elevado índice de riesgo país. Al mismo tiempo que se publicaban los datos de la balanza comercial de agosto, la prima que debe pagar Argentina en la tasa de interés se disparaba a un nivel de 678 puntos básicos. Sin embargo, el indicador no se quedó ahí: escaló otros 100 puntos desde ese momento hasta los 778 pb, tocando el mayor nivel del último año.

Aun cuando haya motivos externos para explicar esa situación -como la volatilidad de tasas en el mercado global de capitales-, lo cierto es que Argentina terminó siendo más castigada por los inversores que el resto de las economías latinoamericanas.

Y, paradójicamente, es el mismo contexto volátil el que permite el récord de exportaciones, dado que el país se está viendo directamente beneficiado por el alza en el precio del petróleo, un indicador muy ligado a las tensiones geopolíticas, como el conflicto estadounidense-iraní en el estrecho de Ormuz.

Es así que a inicios de julio la cotización del barril Brent había caído al nivel de u$s71, porque se habían producidos avancen en las negociaciones para la reapertura del estrecho. Sin embargo, el retorno de las tensiones hizo disparar el precio por encima de los u$s100 en cuestión de semanas.

Los analistas más escépticos del programa económico afirman que el mercado no termina de reflejar entusiasmo por el boom exportador argentino, porque lo asocia a un fenómeno pasajero de precios altos en las materias primas. En cambio, la inversión en capacidad productiva, que sí es considerado un cambio estructural y duradero, es precisamente el flanco más débil del modelo.

La paradoja de 2027

Para el año próximo, los expertos reflejan incertidumbre. Si el precio dependiera únicamente de factores de mercado, no habría margen para una suba, dado que no es grande la demanda insatisfecha en este momento. Sin embargo, la persistencia de las hostilidades en Medio Oriente hace prever una posible suba para el corto plazo. En cambio, para la segunda mitad de 2027 -justo el momento del cierre electoral- se espera que la cotización vuelva al nivel previo al conflicto con Irán, con un barril cercano a los u$s70. En el promedio, se está hablando de u$s80 para el año próximo.

Esa perspectiva conlleva también una ambigüedad: un menor precio del petróleo es consistente con una baja en las tasas de interés, lo cual facilitaría que Argentina tuviera un menor nivel de riesgo país. Pero, al mismo tiempo, ya no se verían las cifras de exportación como la que se acaba de publicar para septiembre, con un récord histórico de u$s10.036 millones, y eso obligaría a poner en revisión las optimistas proyecciones que hace el gobierno sobre su ingreso de dólares para el año electoral.

En todo caso, parece claro que la apertura importadora a productos que compiten con la industria nacional será un tema de agenda en la campaña: una encuesta de la consultora trespuntozero indica que, incluso entre los votantes de Javier Milei, un 44% está a favor de una política más proteccionista.