Calzado desde $5.000: fábricas liquidan zapatos y zapatillas por la caída de las ventas
Puntos importantes
La caída del consumo y el crecimiento de las importaciones golpean a la industria del calzado argentino. Fabricantes con marcas propias ofrecen zapatos, sandalias, botas y zapatillas desde $5.000 para conseguir efectivo y afrontar el pago de salarios, alquileres, servicios y deudas. Aunque necesitan desprenderse del stock acumulado, reconocen que no podrán reponer la mercadería a esos valores porque los precios de liquidación no permiten recuperar los costos necesarios para fabricar nuevas unidades.
El mercado del calzado atraviesa un proceso de retracción que afecta tanto a las fábricas como a las cadenas comerciales. La combinación de menores ventas, mayor presencia de productos importados y dificultades para sostener los costos de producción llevó a distintas empresas a reducir sus estructuras, cerrar sucursales y liquidar colecciones.
En algunos comercios, las sandalias y zapatillas se ofrecen desde $5.000, mientras que otros productos se consiguen por $10.000 o $20.000. Los empresarios buscan transformar el inventario acumulado en dinero para mantener sus negocios en funcionamiento. Sin embargo, advierten que los precios de liquidación no permiten recuperar los costos necesarios para fabricar nuevas unidades.
El avance de las importaciones también modificó la competencia dentro del sector. Durante 2025 ingresaron a la Argentina 51,7 millones de pares de calzado, un 37,8% más que en 2024, según los datos oficiales mencionados por el sector. Esa cifra no contempla los productos que ingresan mediante el contrabando.
Importaciones de calzado y caída del consumo: el impacto en los fabricantes
La mayor presencia de calzado importado coincide con una reducción de la actividad de las empresas nacionales. En el mercado se comercializan zapatillas importadas desde $10.000 y sandalias desde $20.000, valores que presionan sobre los precios de los fabricantes locales.
A esta situación se suma un cambio en la oferta de los comercios. Algunas marcas de indumentaria incorporaron sandalias y zapatillas a sus catálogos para ampliar sus fuentes de ingresos y captar parte de la demanda de calzado.
El crecimiento de las importaciones se produce mientras numerosas fábricas reducen su producción o directamente dejan de operar. De acuerdo con los datos aportados por representantes de los trabajadores, el sector perdió alrededor de 10.000 puestos laborales y cerraron 240 establecimientos industriales. Actualmente quedan menos de 6.000 trabajadores del calzado en todo el país.
La reducción de la actividad no se limita a los despidos. También se manifiesta en jornadas laborales más cortas, suspensiones y menor utilización de la capacidad instalada. Para las empresas que todavía mantienen sus plantas abiertas, la dificultad consiste en sostener los gastos fijos mientras las ventas no alcanzan los niveles necesarios para financiar la producción.
Viamo, Mary & Joe y Clara Barceló: las marcas de calzado que enfrentan dificultades
La crisis también alcanzó a cadenas comerciales que durante años tuvieron presencia en distintos puntos del país.
- Viamo atraviesa un proceso de convocatoria de acreedores. La empresa había llegado a tener 25 locales hacia fines de 2023 y posteriormente cerró 19 sucursales
- Mary & Joe, que llegó a contar con 32 locales comerciales, cerró su última sucursal hace unos meses y también dejó de funcionar su fábrica
- Se Ve S.A., propietaria de Clara Barceló Shoes, solicitó la apertura de un concurso preventivo. La compañía enfrenta deudas financieras por aproximadamente $415,9 millones
La situación de Clara Barceló se conoció después de que la marca comunicara cambios en su política comercial. En julio había publicado en sus redes sociales que mantendría precios durante toda la temporada y que no liquidaría su colección para generar descuentos posteriores.
Sin embargo, hace tres días anunció rebajas de hasta el 60% en sus productos. La promoción también contempla un 15% adicional de descuento para quienes paguen mediante transferencia bancaria y hasta 12 cuotas sin interés en compras desde $200.000.
El caso refleja las dificultades que enfrentan las empresas para sostener sus operaciones comerciales en un escenario de menor demanda. La acumulación de mercadería y la necesidad de generar ingresos llevaron a distintas marcas a modificar sus estrategias de precios.
Luna Chiara vende sandalias y zapatillas desde $5.000 en Morón
Entre los fabricantes que buscan alternativas para sostener sus negocios está Lito Albano, creador de Luna Chiara, una cadena de calzado femenino que llegó a tener 23 locales y actualmente conserva cinco.
En Morón, sobre la calle Carlos Pellegrini 847, funciona uno de sus establecimientos comerciales, un local de grandes dimensiones donde se ofrecen sandalias, zapatillas, botas y otros productos a precios de liquidación.
La mercadería está distribuida en mesas organizadas por número, con una oferta que incluye talles superiores al 40. Hay sandalias y zapatillas desde $5.000, mientras que por $10.000 se puede acceder a una mayor variedad de modelos.
El empresario explicó a BAE Negocios que la decisión de liquidar el inventario responde a la necesidad de conseguir efectivo para afrontar los compromisos de la compañía.
"Necesito vender para poder pagar sueldos y gastos. Ya casi no fabrico. No sabés lo mal que la estamos pasando. Todo esto es una pesadilla", sostuvo Albano.
El fabricante explicó que acumuló mercadería porque la caída del consumo redujo la salida de productos. Frente a esa situación, decidió bajar los márgenes de comercialización para intentar transformar el stock en dinero.
"Estoy liquidando todos los pares para juntar algo de plata, pero sé que no voy a poder reponer la mercadería. Tengo sobrestock porque no hay consumo y si no bajás los márgenes al máximo no vendés; igual con estos precios vendo el 50% de lo que vendía en 2023", afirmó.
La reducción de la actividad también tuvo consecuencias sobre su estructura productiva. Luna Chiara llegó a tener una planta industrial con 100 operarios, donde fabricaba los productos que comercializaba en sus locales. Actualmente, la línea de producción cuenta con apenas 15 trabajadores.
La red comercial también se achicó: de los 23 establecimientos que llegó a tener, hoy conserva cinco. La liquidación de mercadería representa una de las alternativas que encontró el empresario para sostener los gastos mientras intenta mantener en funcionamiento parte de su estructura.
Leonardo Hammud liquidó botas y sandalias para conseguir efectivo
Otro de los empresarios afectados por la retracción del mercado es Leonardo Hammud, fabricante que también participó del denominado Zapatazo solidario realizado frente a la Casa Rosada, donde distintas empresas y trabajadores entregaron pares de calzado.
Su marca llegó a tener 27 locales y una estructura de 108 trabajadores: 70 empleados en la fábrica y 38 en los comercios. La caída de las ventas lo llevó a cerrar 19 sucursales. Actualmente conserva dos locales propios y seis franquiciados, además de una planta con 12 operarios y cuatro trabajadores en los establecimientos comerciales propios.
En sus comercios, Hammud puso en liquidación botas de símil cuero a $15.000 y sandalias a $20.000. Los precios forman parte de una estrategia para reducir el inventario y generar ingresos en un contexto de menores ventas.
"La venta me cayó a la mitad, pero el problema es que no para de caer. Vino Javier Milei y nos mató, nos partió al medio. Shein y Temu nos arruinaron. Es muy difícil trabajar así. Los comerciantes no venden nada", expresó el empresario.
También manifestó sus dudas sobre la posibilidad de continuar fabricando y reponer los productos que vende actualmente.
"No sé si podré reponer, hay que ver si aguantamos, por eso hacemos esto de regalar zapatos por la desesperación y la bronca que tenemos", agregó.
El empresario señaló que la reducción de los ingresos le generó dificultades para cumplir con sus obligaciones impositivas. Según explicó, se atrasó en el pago de impuestos y sufrió embargos sobre sus cuentas bancarias.
"Toda esta situación te genera un bajón muy grande. Me atrasé con el pago de impuestos y me embargaron las cuentas, es muy difícil fabricar zapatos hoy. Estamos a un paso de desaparecer", afirmó.
El Zapatazo solidario y la convocatoria a una Marcha Federal
Las dificultades de los fabricantes también impulsaron acciones colectivas para visibilizar la situación de la industria.
Lito Albano reunió en un grupo de WhatsApp a unos 450 empresarios pymes y proveedores vinculados con la actividad del calzado. A partir de ese espacio comenzaron a organizar movilizaciones en la zona de Lomas del Mirador, en el partido bonaerense de La Matanza.
A las protestas se sumaron trabajadores agrupados en la Unión de Trabajadores del Calzado de la República Argentina (UTICRA) y representantes de la Cámara de la Industria del Calzado.
Una de las iniciativas fue el Zapatazo solidario en Plaza de Mayo, donde fabricantes entregaron cientos de pares de zapatos y zapatillas frente a la Casa Rosada. La actividad buscó exponer las dificultades que atraviesan las empresas y los trabajadores del sector.
Entre los empresarios que participaron estuvo Leonardo Hammud, quien aportó calzado de su marca. La convocatoria también permitió reunir a fabricantes que atraviesan problemas similares, con cierres de locales, reducción de personal y acumulación de mercadería.
Los organizadores prevén realizar una Marcha Federal el próximo 19 de noviembre. La convocatoria apunta a reunir a trabajadores, empresarios y proveedores de distintos puntos del país para reclamar por la situación de la industria.
UTICRA advierte por despidos, reducción de jornadas y cierres de fábricas
Agustín Amicone, secretario general de la Unión de Trabajadores del Calzado de la República Argentina (UTICRA), describió el impacto de la crisis sobre el empleo y las condiciones laborales.
El dirigente sindical explicó que la reducción de la actividad no se traduce únicamente en despidos, sino también en recortes de las jornadas de trabajo.
"No solamente se producen despidos, sino también hay reducción de jornadas de trabajo. Donde se trabajan cinco días se trabajan cuatro; si se trabajaban nueve horas se trabajan seis", señaló.
Amicone también comparó la situación actual con los niveles de empleo que tenía históricamente la industria en algunas provincias. Según indicó, hacia fines de la década de 1970 Córdoba contaba con unos 8.000 trabajadores del calzado, mientras que actualmente quedan alrededor de 300.
En el conjunto del país, el dirigente afirmó que hay menos de 6.000 trabajadores registrados y vinculados con la actividad. Además, advirtió que una proporción importante del empleo del sector se desarrolla de manera no registrada.
El representante de UTICRA mencionó el cierre de las dos plantas de DASS, ubicadas en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, y Eldorado, en Misiones. También señaló que la fábrica de calzado de mayor tamaño del país se encuentra en Tucumán y cuenta con unos 500 trabajadores.
Para Amicone, la caída de la actividad afecta a toda la cadena productiva, desde los fabricantes hasta los proveedores y comercios.
"La importación pega duro y todo es como un dominó, se caen las fichas y se va cayendo todo", resumió.
El sindicato pide limitar los márgenes comerciales en la venta de calzado
Desde UTICRA también apuntaron a la formación de los precios finales como uno de los aspectos que inciden en la comercialización.
Amicone sostuvo que las fábricas no son las únicas responsables del valor que paga el consumidor, porque el precio también depende de los márgenes que aplican los comercios.
En ese sentido, pidió que fabricantes y comerciantes coordinen criterios para evitar incrementos que, según su planteo, terminan afectando la salida de los productos.
"No son las fábricas las que ponen el precio final del calzado, son los comercios. Los empresarios, fabricantes y comerciantes deben pedir que no se marque a más del 100%", planteó.
El reclamo se produce en un contexto en el que los fabricantes intentan competir con productos importados y, al mismo tiempo, afrontar costos de producción, salarios y gastos operativos.
La liquidación de mercadería se convirtió en una herramienta para conseguir efectivo y reducir el stock acumulado. Sin embargo, los empresarios advierten que vender a esos valores no garantiza la continuidad de sus actividades, porque los ingresos obtenidos no alcanzan para financiar una nueva producción.
Con fábricas que cerraron, planteles reducidos y cadenas comerciales que achicaron su presencia, la industria del calzado enfrenta un escenario de menor actividad. Mientras tanto, los fabricantes que siguen abiertos buscan sostener sus negocios mediante descuentos y liquidaciones, aunque reconocen que la posibilidad de reponer los productos depende de una recuperación de las ventas.