Vaca Muerta mira a la UE tras histórico pacto con el Mercosur: qué negocio mega millonario se abre
Luego de 25 años de negociaciones, la aprobación por mayoría calificada del Consejo de la Unión Europea del acuerdo comercial con el Mercosur deja de ser un anhelo diplomático para transformarse en un marco legal sólido. Para el sector energético, en particular, este avance no es solo comercial, sino una garantía de seguridad jurídica que los capitales europeos demandaban para desembarcar en proyectos de largo aliento.
El interés de los miembros de la UE por el Gas Natural Licuado (GNL) argentino responde a una necesidad geopolítica de supervivencia. Tras la reconfiguración del mapa energético global desatado por la invasión rusa a Ucrania y las sanciones impuestas a Moscú, Europa busca diversificar sus fuentes de suministro para garantizar su seguridad energética.
La firma formal del acuerdo, prevista para el próximo 17 de enero en Asunción, dará la señal definitiva a las empresas energéticas para acelerar planes de inversión que ya estaban en carpeta, pero aguardaban definiciones políticas.
Un potencial de u$s15.000 millones en exportaciones
En este escenario, Vaca Muerta se posiciona como una pieza fundamental del acuerdo que facilita la eliminación de barreras técnicas y arancelarias, permitiendo que el gas argentino compita en condiciones preferenciales en los puertos de regasificación europeos que encontraron en el GNL un sustituto del gas natural por red que entregaba masivamente Rusia.
En ese camino de transición energética global hacia fuentes más limpias, la Argentina lleva adelante al menos tres proyectos consolidados para la producción de GNL mediante barcazas licuefactoras, lo que permitirá las primeras exportaciones a partir del último trimestre de 2027 y a partir de ahí, en lo que resta de la década.
Para la industria, hacia fines de la década con la puesta en marcha de los proyectos exportadores de GNL hasta hoy previstos, se estima que se podrían exportar más de u$s15.000 millones al año. El proyecto Southern Energy (PAE, Golar LNG e YPF), el más avanzado en términos de plazos, tendrá una capacidad estimada de 2,4 millones de toneladas anuales (MTPA) con ingresos proyectados de entre u$s 2.000 y u$s 2.500 millones anuales.
En el caso del proyecto Argentina LNG (Liderado por YPF) con el que se busca escalar la producción de Vaca Muerta a niveles globales tiene prevista una capacidad inicial al 2030 de 12 MTPA (equivalente a unos 60 millones de m³/día), con el potencial de alcanzar los 30 MTPA para el año 2032-2035.
Se estima que, a plena capacidad, este proyecto por sí solo podría ingresar u$s10.000 millones anuales a la balanza comercial, los cuales pasarían a los u$s15.000 millones si se suma un nuevo socio que ocupe el lugar de Shell en la última etapa del proyecto.
Una demanda segura más allá del sudeste asiático
Este flujo comercial no solo implica mayores exportaciones para la balanza comercial de la Argentina, sino que tracciona la infraestructura necesaria en el país. Si bien la demanda del sudeste asiático seguirá siendo el principal objetivo de las exportaciones gasíferas, los requerimientos europeos irán en incremento al ser considerado como combustible de transición a las renovables.
Más allá de un horizonte de demanda asegurada en el Viejo Continente con la ratificación del acuerdo en Bruselas, el país ya había avanzado recientemente en un muy buen contrato comercial en este sentido. A comienzos de diciembre, el consorcio Southern Energy (SESA) y SEFE Securing Energy for Europe, compañía energética del Gobierno Federal de Alemania, formalizaron un acuerdo marco para la venta a gran escala de GNL.
El convenio con el consorcio que integran PAE, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar implica la exportación de dos millones de toneladas anuales de GNL durante un período de ocho años, con el inicio de la operación previsto para fines de 2027.
La operación, que se concretó a través de un «Heads of Agreement» o acuerdo marco, «representa la mayor exportación de GNL de la Argentina al mundo hasta la fecha», tanto en términos de volumen como de plazo contractual.
La estabilidad que aporta el tratado es el incentivo que faltaba para consolidar a la Argentina como el principal "hub" gasífero del Cono Sur. Al integrarse formalmente con el mercado común europeo, la Argentina asume compromisos de transparencia y reciprocidad que elevan su estándar ante los inversores internacionales, facilitando el acceso a financiamiento de bajo costo.
Las renovables y la carrera por el hidrógeno verde
Más allá de los hidrocarburos, el acuerdo Mercosur-UE abre otra puerta a la Argentina hacia la transición energética global. Europa ha definido al hidrógeno verde como el eje de su matriz de largo plazo e identificó a la región patagónica como uno de los lugares con mayor potencial de producción en el mundo.
El pacto incluye capítulos específicos sobre cooperación tecnológica y estándares ambientales que permitirán que el "vector energético del futuro", tal como se define al hidrógeno verde producido a partir de energías renovables, cumpla en el país con las exigencias del mercado comunitario.
Es por esto que el interés europeo por las energías renovables en la Argentina puede traducirse en una transferencia de tecnología sin precedentes. A través de programas como el Global Gateway, la UE busca no solo comprar el producto final, sino participar en el desarrollo de los parques eólicos y solares necesarios para la electrólisis.
Esto, se asegura a ambos lados del Oceáno Atlántico, posiciona a las provincias del sur y del norte argentino como polos de desarrollo industrial que irán mucho más allá de la mera extracción de recursos naturales, generando empleo calificado.
Las cifras del energético del futuro
a matriz energética del país, impulsar la descarbonización de diversas industrias y generar una significativa cantidad de empleo calificado. Con metas concretas para 2030 y 2050, el país se prepara para un futuro donde el hidrógeno será un pilar fundamental de su desarrollo sostenible.
La estrategia establece objetivos audaces: para el año 2050, Argentina aspira a producir al menos 5 millones de toneladas de hidrógeno anualmente, destinando un 20% de esta producción al mercado interno. Esta meta no solo apunta a satisfacer las necesidades energéticas nacionales, sino también a consolidar a Argentina como un exportador competitivo de este recurso vital.
El plan detalla la necesidad de desarrollar redes de transporte, almacenamiento y distribución de hidrógeno, así como la modernización de las instalaciones industriales para integrar esta nueva fuente de energía. La magnitud del desafío se refleja en la proyección de inversiones: se estiman alrededor de 90 mil millones de dólares estadounidenses necesarios para materializar la visión de la economía del hidrógeno en Argentina.
Un aspecto crucial y altamente beneficioso de esta iniciativa es el impacto esperado en el empleo. La estrategia prevé la creación de más de 80.000 puestos de trabajo calificados a lo largo de toda la cadena de valor del hidrógeno.
Un sello de calidad que abre mercados
Para la industria local de las energías verdes, este hito podrá leerse como un cambio en el paradigma exportador argentino, aunque el acuerdo obliga al país a mantener una hoja de ruta climática coherente, lo que a su vez garantiza que la producción de hidrógeno verde tenga acceso irrestricto a los beneficios impositivos y arancelarios previstos en el tratado.
La integración con la Unión Europea funcionará como un sello de calidad para la industria nacional. La convergencia regulatoria que exige el acuerdo facilitará que otros mercados globales miren hacia la Argentina con la misma confianza.
En los próximos años, el sector energético podría superar incluso al complejo agroexportador en generación de divisas, siempre que se mantenga la consistencia en las políticas y pautas que quedarán blindadas por el tratado.