COLETAZOS DE LA CRISIS

Histórica fábrica de vidrio reduce pérdidas, pero advierte que el consumo no reacciona

Cerró el último balance con más ventas y rojo que se redujo pero la empresa advierte que la demanda sigue débil y que sigue afectada por las importaciones
Por Andrés Sanguinetti
NEGOCIOS - 09 de Julio, 2026

La histórica fabricante de vidrio Rigolleau empieza a mostrar algunos signos de recuperación después de atravesar uno de los períodos más difíciles de los últimos años.

Sin embargo, los números todavía están lejos de marcar una salida definitiva de la crisis que obligó a la compañía a revisar su estructura productiva, comercial y financiera.

Por lo menos así surge de analizar los estados financieros correspondientes al período cerrado el 31 de mayo pasado que la empresa acaba de publicar en la web de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

El documento muestra una fotografía con claroscuros en donde la empresa redujo sus pérdidas, volvió a mejorar sus volúmenes de producción y logró incrementar las toneladas vendidas, pero todavía opera en rojo y enfrenta una caída de sus ingresos en términos reales.

Por ejemplo, las ventas acumuladas alcanzaron los $64.808,8 millones, un 6% menos que en el mismo período del ejercicio anterior, mientras que el resultado integral fue una pérdida de $679,2 millones, frente a un rojo de $1.220,4 millones registrado un año antes.

Es decir, la compañía consiguió reducir su pérdida en alrededor de un 44%, pero todavía no logró volver a terreno positivo.

La mejora tampoco fue suficiente para reconstruir el resultado operativo que terminó en apenas $358,1 millones, contra los $1.840,9 millones del período comparable anterior, lo que implica un derrumbe superior al 80%.

A ese resultado se sumó un saldo financiero negativo de $1.628 millones, que llevó la pérdida antes de impuestos hasta los $1.269,9 millones.

El balance confirma, de esta manera, una tendencia que ya se insinuaba en los últimos meses.

Es decir, Rigolleau logró frenar parcialmente el deterioro, pero continúa buscando un nuevo punto de equilibrio para un negocio industrial intensivo en energía, capital y escala productiva.

Más toneladas, menos facturación

Uno de los datos más interesantes del nuevo balance aparece al comparar los resultados económicos con los indicadores físicos.

La producción acumulada aumentó desde 50.223 toneladas de vidrio en el ejercicio 2024/25 hasta 59.282 toneladas en el actual período, lo que marca una recuperación de casi 18%.

Las ventas físicas totales también mejoraron: pasaron de 60.531 toneladas a 62.872 toneladas, un crecimiento cercano al 4%.

Pero detrás de esa recuperación aparece una composición diferente.

Las ventas en el mercado interno prácticamente no se movieron: fueron 56.317 toneladas, contra 56.451 toneladas del período anterior.

En cambio, las exportaciones crecieron con fuerza, desde 4.080 hasta 6.555 toneladas, un salto de más del 60%.

Al analizar los datos se observa que el contraste es central para entender la situación actual de la compañía ya que está vendiendo más toneladas que un año atrás, pero factura menos en términos reales.

Esto refleja la combinación de una demanda doméstica todavía débil, presión sobre los precios, mayores costos y una estructura industrial que necesita altos niveles de utilización para absorber sus costos fijos.

La propia empresa admite que el consumo continúa en niveles deprimidos y que la recuperación de las unidades vendidas todavía no alcanza para modificar completamente la ecuación del negocio.

El contexto sectorial acompaña esa lectura ya que, según el último EMAE disponible del INDEC, la economía creció 1,6% interanual en abril de 2026, pero el comercio mayorista, minorista y las reparaciones retrocedieron 3,2% y restaron 0,9 puntos porcentuales al resultado general.

En los canales directamente vinculados al consumo masivo la situación tampoco muestra una recuperación consolidada si se tiene en cuenta que las ventas de supermercados a precios constantes cayeron 5,9% interanual en abril, mientras que las de los autoservicios mayoristas bajaron 5% en el mismo período.

Para una empresa cuya demanda depende en gran medida de las industrias de bebidas y alimentos y de la actividad supermercadista y mayorista, esos números tienen impacto directo.

El difícil problema de los hornos

La crisis que atraviesa Rigolleau tiene, además, una particularidad industrial que diferencia a la empresa de otros fabricantes de bienes de consumo.

Esto se debe a que una fábrica de vidrio no puede adaptar inmediatamente su producción a las oscilaciones de la demanda.

Los hornos de fundición requieren procesos continuos y decisiones de producción que no pueden modificarse con la misma velocidad con la que cae o aumenta el consumo.

Quizá por eso, la compañía vuelve a advertir en sus estados financieros que no puede "apagar y prender hornos" de acuerdo con las fluctuaciones de demanda de corto plazo.

Ese condicionamiento ayuda a explicar parte de la estrategia que la empresa viene aplicando con aumentos de precios de manera segmentada y escalonada para intentar acompañar el incremento de los costos de producción y distribución.

El objetivo de la estrategia es evitar un nuevo deterioro de los márgenes sin provocar una mayor caída de las ventas.

La energía, una variable sensible

En el mercado explican que la producción de vidrio requiere temperaturas extremadamente elevadas y procesos continuos, por lo que el costo energético y la fuerza motriz tienen una incidencia directa sobre la competitividad del negocio.

El problema aparece cuando esos aumentos de costos deben trasladarse a clientes que, al mismo tiempo, enfrentan consumidores con menor poder de compra.

En este sentido, la empresa reconoce que trabaja con sus clientes no solamente en la oferta de productos y condiciones comerciales, sino también en esquemas de financiación.

El nuevo balance debe ser leído, además, dentro de una transformación más profunda y recordando que Rigolleau ya había reconocido la necesidad de modificar parte de su modelo de negocios ante la caída del consumo y la pérdida de competitividad de determinadas líneas.

En especial, el de artículos de vidrio para el hogar que quedó expuesto a una competencia creciente de productos importados más que nada de China.

La empresa comenzó a complementar parte de su oferta con mercadería proveniente del exterior, especialmente en segmentos en los que la producción nacional enfrenta dificultades para competir en precio.

El movimiento marcó un cambio importante para una empresa identificada durante más de un siglo con la producción industrial argentina.

La compañía nació en 1882 y su planta de la localidad bonaerense de Berazategui comenzó a operar en 1906.

Su negocio se expandió desde los primeros envases hasta abastecer actualmente a sectores de alimentos, bebidas, medicamentos, cosmética y perfumería, además de artículos para el hogar.

La empresa mantiene tanto esa planta como la de Chimbas, San Juan, aunque en los últimos meses, el deterioro del consumo obligó a acelerar una revisión del modelo tradicional.

La propia compañía reconoce ahora que las importaciones constituyen uno de los principales desafíos para su unidad de negocios de Hogar y que debe continuar adaptándose para recuperar rentabilidad y liquidez.

No es un dato aislado si se recuerda que en abril pasado, iProfesional había informado que la empresa profundizaba el cambio de modelo comercial después de cerrar 2025 con fuertes pérdidas y que el primer tramo de 2026 todavía mostraba números negativos.

El nuevo balance introduce ahora una novedad: la pérdida se reduce y los volúmenes físicos mejoran, aunque la recuperación todavía no alcanza para garantizar el regreso a una rentabilidad sostenida.

Estructura que todavía exige cuidado

La fotografía patrimonial también muestra señales mixtas ya que, al 31 de mayo pasado, Rigolleau contabilizaba activos por $166.896,7 millones, frente a los $173.320,9 millones del período anterior.

Los pasivos totales se redujeron levemente, desde $48.216,8 millones hasta $47.851,9 millones pero dentro de esa estructura aumentó la presión de corto plazo.

El pasivo corriente subió de $36.214,7 millones a $39.359,6 millones, mientras que el pasivo no corriente bajó de $12.002,1 millones a $8.492,3 millones, mientras que la liquidez cayó de 2,93 a 2,65 y la solvencia pasó de 3,59 a 3,49.

No son números que describan una situación de insolvencia pero explican por qué la empresa insiste en que uno de sus principales objetivos para este 2026 es recuperar solidez financiera.

El flujo de caja operativo también perdió fuerza y las actividades operativas generaron $6.655,6 millones, prácticamente la mitad de los $12.921,7 millones obtenidos en el período comparable anterior.

De ese dinero, la compañía aplicó $3.079,9 millones a inversiones y $3.465,5 millones a actividades de financiación con un resultado final que fue una generación neta de fondos de apenas $110,2 millones.

De todos modos, la empresa está mejorando respecto del peor momento reciente, pero todavía necesita reconstruir caja, rentabilidad y capacidad financiera para sostener inversiones en una industria que requiere grandes desembolsos de capital.

Cómo llegar más fuerte a 2027

La conducción de Rigolleau define su posición actual como de "leve optimismo".

La explicación está en la recuperación de los volúmenes físicos y en la expectativa de que las medidas comerciales y de competitividad comiencen a reflejarse con mayor claridad durante la segunda mitad del ejercicio fiscal 2026.

Sin embargo, la empresa no oculta sus dudas y considera que el 2026 puede ser un año macroeconómicamente más estable que 2025, pero advierte que la actividad todavía está lejos de mostrar una mejora significativa.

Incluso ya comenzó a mirar hacia 2027 al anticipar que el próximo año electoral puede volver a generar inestabilidad en la demanda y cambios en las condiciones económicas, dependiendo de la evolución del proceso político.

Por eso, el objetivo estratégico parece haber cambiado después de años de caída del consumo, pérdida de rentabilidad y transformación del negocio.

Por eso, Rigolleau ya no apunta solamente a vender más vidrio y mantiene el desafío de llegar al próximo ciclo electoral con mayor liquidez, una estructura productiva más competitiva y un modelo comercial capaz de combinar fabricación local, exportaciones y una oferta importada en los segmentos donde la ecuación industrial dejó de ser rentable.

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