Tras 14 años, la Ciudad vuelve a la élite del crédito e impactará en el sector empresario
La Ciudad de Buenos Aires volvió a ubicarse entre los emisores subnacionales con mejor perfil financiero de la región. Tras 14 años, recuperó la calificación internacional B1 con perspectiva estable, convirtiéndose en la jurisdicción con la mejor nota crediticia de la Argentina y ubicándose dos escalones por encima de la deuda soberana nacional, que días atrás también había sido mejorada.
Por lo menos así surge de analizar un informe de Moody's Rating que marca una señal relevante para el mercado porque las calificaciones crediticias funcionan como una referencia sobre la capacidad de pago de un emisor. Cuanto mejor es la nota, menor es el riesgo que perciben los inversores y, en consecuencia, mayores son las posibilidades de acceder a financiamiento en condiciones más favorables.
En su informe, la calificadora explicó que la mejora responde a un perfil crediticio más sólido que el de otros gobiernos regionales de América Latina.
Destacó especialmente la fortaleza de las cuentas públicas porteñas, los resultados fiscales y operativos, la baja dependencia de las transferencias del gobierno nacional, la sólida posición de liquidez y un nivel de endeudamiento considerado manejable, con una exposición limitada a pasivos en moneda extranjera.
El organismo también proyectó que la Ciudad mantendrá esos indicadores durante los próximos años gracias a una administración financiera prudente y a un cronograma de vencimientos de deuda que no presenta presiones significativas en el corto y mediano plazo.
Una mejora que trasciende
La recuperación de la calificación llega en un contexto distinto al de los últimos años.
La estabilización de algunas variables macroeconómicas permitió que también mejorara recientemente la nota de la deuda soberana argentina, generando un escenario más favorable para que provincias y municipios volvieran a ser evaluados por los mercados internacionales.
Sin embargo, la Ciudad logró diferenciarse del resto de las jurisdicciones.
Además de recuperar un nivel que no alcanzaba desde 2012, consolidó su posición como el emisor subnacional con mejor calidad crediticia del país, un dato que cobra importancia en momentos en que varias provincias analizan volver al mercado de deuda para financiar infraestructura y nuevos proyectos.
Desde el gobierno porteño atribuyeron el resultado al equilibrio de las cuentas públicas y a la disciplina fiscal mantenida durante los últimos años.
En este sentido, el jefe de Gobierno, Jorge Macri, destacó que la Ciudad recuperó una calificación perdida hace más de una década, mientras que el ministro de Hacienda y Finanzas, Gustavo Arengo, sostuvo que el reconocimiento también refleja el nuevo contexto macroeconómico que atraviesa la Argentina.
"Luego de 14 años, la Ciudad vuelve a obtener la calificación B1 con perspectiva estable, posicionándose así como la jurisdicción con la mejor calificación subsoberana", agregó el funcionario.
Pero más allá del impacto político, la decisión tiene una consecuencia concreta: fortalecer la capacidad de la Ciudad para conseguir financiamiento en mejores condiciones cuando necesite emitir deuda. Ese punto no sólo influye sobre las finanzas públicas, sino también sobre el nivel de inversiones y la actividad de numerosos sectores privados que dependen de la ejecución de obras y del acceso al crédito.
Qué cambia para las empresas
Aunque la calificación corresponde a la Ciudad de Buenos Aires, sus efectos trascienden al sector público y alcanzan directamente al mundo empresarial.
Una administración con menor riesgo crediticio puede acceder al financiamiento en mejores condiciones, emitir deuda a tasas potencialmente más bajas y disponer de mayores recursos para sostener un plan de inversiones en infraestructura, transporte, vivienda, educación, salud y obras urbanas.
Ese escenario genera oportunidades para un amplio abanico de compañías:
- Constructoras, desarrolladoras inmobiliarias y empresas de ingeniería
- Empresas energéticas y firmas tecnológicas
- Bancos, aseguradoras y concesionarias que participan en licitaciones y contratos de obra pública
- Compañías que operan bajo esquemas de participación público-privada
Además, una mejor calificación también fortalece la percepción de Buenos Aires como destino de inversiones.
Para los fondos internacionales y los inversores institucionales, el principal distrito económico del país ofrece ahora una señal adicional de previsibilidad financiera, un factor que suele pesar al momento de evaluar proyectos de largo plazo.
La Ciudad concentra buena parte de la economía
El impacto potencial no es menor si se tiene en cuenta que la Ciudad de Buenos Aires concentra una porción significativa del Producto Bruto Interno nacional y es el principal centro financiero, corporativo y de servicios del país.
En Capital Federal tienen sede los grandes bancos, las principales empresas cotizantes, buena parte de las multinacionales y la mayor concentración de compañías tecnológicas, estudios profesionales y desarrolladores inmobiliarios.
En ese contexto, un gobierno local con cuentas ordenadas y mejor acceso al crédito contribuye a generar un entorno de negocios más estable.
Si la Ciudad logra financiar obras de infraestructura, mejorar la movilidad, ampliar redes de servicios o impulsar proyectos urbanos, el efecto se traslada a la actividad privada mediante una mayor demanda de bienes y servicios y mejores condiciones para invertir.
La mejora también puede influir sobre futuras emisiones de deuda de empresas radicadas en la Ciudad.
Si bien cada compañía tiene su propia calificación de riesgo, un contexto institucional y financiero más sólido suele ser un elemento valorado por los inversores al analizar emisiones corporativas.
Un respaldo que se suma a otra mejora reciente
La nueva calificación internacional no llegó de manera aislada si se recuerda que en junio pasado, la Ciudad ya había alcanzado la máxima nota dentro de la escala nacional al ser elevada de AA+.ar a AAA.ar, consolidándose como el emisor de mayor calidad crediticia entre los gobiernos locales argentinos.
Ahora, con la recuperación de la categoría B1 en la escala internacional, Buenos Aires vuelve a un nivel que había perdido durante los años de deterioro macroeconómico del país.
El desafío será sostener esa posición en el tiempo mediante equilibrio fiscal, una política de endeudamiento prudente y un contexto económico nacional que continúe consolidando la baja del riesgo argentino.
Para el mercado, la lectura es observar que una Ciudad con mayor fortaleza financiera no sólo mejora su propia capacidad para conseguir recursos, sino que también crea un entorno más favorable para que el sector privado invierta, financie nuevos proyectos y acompañe un eventual ciclo de crecimiento económico.
Muchos años para recuperar una nota perdida
La recuperación de la calificación B1 tiene un fuerte componente simbólico.
La Ciudad no alcanzaba ese nivel desde 2012, antes de que la economía argentina ingresara en un prolongado ciclo de deterioro macroeconómico, aumento del riesgo país, restricciones cambiarias, sucesivos defaults y pérdida del acceso al crédito internacional.
Durante ese período, incluso las jurisdicciones con mejores indicadores fiscales quedaron condicionadas por la calificación soberana de la Argentina.
El riesgo asociado al país terminó pesando más que la situación financiera particular de provincias y municipios, limitando su capacidad para obtener financiamiento externo en condiciones competitivas.
Por eso, la mejora conocida esta semana es leída por el mercado como una señal de que comienza a normalizarse el acceso al crédito para los emisores argentinos.
Si el proceso de estabilización macroeconómica continúa y el riesgo país sigue descendiendo, tanto la Ciudad como otras provincias podrían volver a tener un rol más activo en los mercados de deuda para financiar proyectos de infraestructura y desarrollo.
Un activo para competir por inversiones
La mejora también llega en un momento en que las provincias compiten por captar inversiones en sectores como tecnología, economía del conocimiento, desarrollos inmobiliarios, logística, movilidad urbana y servicios financieros.
En ese escenario, una mejor calificación crediticia funciona como una carta de presentación ante bancos, organismos multilaterales y fondos internacionales, que no sólo analizan la rentabilidad de un proyecto, sino también la fortaleza institucional y financiera de la jurisdicción donde se desarrollará.
Para la Ciudad, contar con la mejor nota entre los gobiernos subnacionales puede transformarse en una ventaja competitiva al momento de impulsar grandes obras de infraestructura, ampliar programas de financiamiento o atraer inversiones privadas que requieran previsibilidad de largo plazo.
El desafío ahora será sostener esa posición ya que las calificadoras monitorean de manera permanente la evolución de las cuentas públicas, el nivel de endeudamiento, la liquidez, la capacidad de pago y el contexto económico general. Mantener el equilibrio fiscal y preservar una administración prudente serán condiciones clave para conservar una nota que Buenos Aires tardó 14 años en recuperar.