Supermercados Toledo vendió dos inmuebles, pero sigue con un déficit de $2.287 millones

La cadena marplatense vendió dos inmuebles para pagar salarios y deudas, pero mantiene un déficit millonario y busca una salida para su crisis
Supermercados Toledo vendió dos inmuebles, pero sigue con un déficit de $2.287 millones

Supermercados Toledo obtuvo millones de dólares por la venta de dos inmuebles, pero el ingreso de ese dinero no alcanzó para estabilizar sus cuentas. La cadena marplatense continúa con dificultades para afrontar sus compromisos y enfrenta nuevos reclamos laborales, mientras busca una alternativa que le permita sostener el negocio.

Los números presentados ante la Justicia muestran que el problema excede la falta de liquidez inmediata. En una proyección financiera de seis meses, la compañía calculó un déficit operativo de $6.594 millones. Al incorporar los $6.750 millones previstos por las operaciones inmobiliarias, el resultado todavía arrojaba un saldo negativo de $2.287 millones.

La propia firma advirtió que esos ingresos extraordinarios no representan una garantía de solvencia. Es decir, aunque pudo transformar propiedades en efectivo y utilizarlo para cubrir obligaciones, todavía no consiguió equilibrar el funcionamiento de la empresa.

A la presión sobre las finanzas se suma otro dato: la Central de Deudores del Banco Central registra 1.368 cheques rechazados por falta de fondos, por un total de $14.152 millones. En agosto, Toledo había informado ante la Justicia que necesitaba afrontar alrededor de $1.300 millones semanales en cheques, además de los salarios y otros gastos indispensables para mantener abiertos sus supermercados.

Qué vendió Toledo y cómo utilizó los fondos

Las operaciones inmobiliarias le permitieron a la compañía obtener recursos para atender pagos que no podían seguir postergándose.

Por el inmueble de Estrada recibió u$s1,5 millones. De ese monto, u$s1,398 millones ingresaron en una cuenta bancaria de la empresa y otros u$s102.000 quedaron retenidos para cubrir obligaciones fiscales y municipales.

En la documentación incorporada al concurso, Toledo informó distintas conversiones de moneda y movimientos posteriores. Entre los destinos identificados figura el pago de $1.955,5 millones en salarios.

La segunda operación involucró una propiedad ubicada en avenida Libertad. Su venta aportó u$s3,85 millones. Luego de las retenciones y los descuentos asociados a la transacción, la compañía declaró haber recibido u$s3,416 millones.

Ese dinero se repartió entre distintas cuentas y se utilizó para cancelar cheques propios, cubrir un descubierto bancario y pagar a proveedores. La empresa también informó que los u$s1,336 millones que conservaba al 29 de septiembre se destinaron a abonar sueldos el 6 de octubre.

La trazabilidad de esos recursos fue objeto de una revisión dentro del expediente. La sindicatura requirió comprobantes que permitieran verificar el uso de los fondos. Toledo respondió con la escritura de las propiedades, registros bancarios y documentación respaldatoria de las operaciones.

El resultado de las ventas permitió cubrir compromisos concretos, pero también redujo el patrimonio inmobiliario disponible. Y la proyección financiera que presentó la propia compañía indica que esa inyección de dinero no alcanza para resolver el desequilibrio operativo.

Concurso preventivo de Toledo: qué establece el acuerdo con los acreedores

La situación actual se inscribe en un proceso que comenzó en agosto de 2006, cuando Supermercados Toledo ingresó en concurso preventivo. Casi 20 años después, la firma sigue en etapa de cumplimiento del acuerdo homologado con sus acreedores.

La continuidad de la intervención judicial tiene una explicación: el cierre formal del concurso no significa que todas las obligaciones queden saldadas en ese momento. El cumplimiento del acuerdo puede extenderse durante años y, mientras tanto, el juzgado conserva facultades para autorizar determinadas operaciones sobre los bienes de la compañía.

Por eso, la venta de los inmuebles no fue una decisión que Toledo pudiera ejecutar al margen del expediente. La firma tuvo que solicitar autorización judicial y posteriormente informar qué hizo con el dinero obtenido.

El concurso se convirtió así en el marco de una crisis que atravesó distintas etapas, con acuerdos, cambios en el negocio y desprendimientos de activos. Ahora, la compañía enfrenta otra vez la necesidad de encontrar una salida que no dependa exclusivamente de vender propiedades para conseguir efectivo.

El conflicto laboral suma presión sobre la cadena

La situación financiera también llegó al terreno de las relaciones laborales. El Sindicato de Empleados de Comercio Zona Atlántica (Secza) presentó ante la Justicia una serie de reclamos vinculados con la situación de los trabajadores.

Además de exigir información sobre el pago de salarios, la organización pidió detalles sobre aportes y contribuciones, cobertura de obra social y medicina prepaga, y una estimación del pasivo laboral. También solicitó conocer periódicamente la evolución económica de la empresa.

El sindicato planteó, además, la necesidad de una audiencia judicial para discutir medidas que permitan proteger los puestos de trabajo y la continuidad de la actividad.

Toledo rechazó parte de esos cuestionamientos. Sostuvo que los salarios habían sido abonados y que tanto las ventas de los inmuebles como el destino de los fondos estaban documentados en el expediente. También objetó que Secza pretendiera ejercer un control permanente sobre las decisiones de la compañía.

La disputa tendrá una nueva instancia el 21 de diciembre, fecha para la que la jueza convocó a una audiencia con representantes de la empresa, la sindicatura y el sindicato.

Las negociaciones que podrían definir el futuro de Toledo

Mientras intenta atender sus obligaciones y responder a los planteos judiciales, la cadena mantiene abiertas alternativas para modificar su situación empresarial.

En agosto, cuando pidió autorización para vender parte de su patrimonio, Toledo reveló que conversaba con dos importantes cadenas de supermercados. Las posibilidades mencionadas incluían una venta integral de la compañía o el alquiler de su fondo de comercio.

La eventual operación podría representar un cambio mucho más profundo que las ventas inmobiliarias realizadas hasta ahora. Sin embargo, la documentación presentada ante la Justicia no permite hablar de un acuerdo cerrado.

La empresa hizo una distinción entre los contactos preliminares, las ofertas y los compromisos vinculantes. También aclaró que no había presentado ante el juzgado un plan definitivo ni contaba con financiación comprometida para concretar una transacción de mayor alcance.

Por ahora, Toledo sigue dependiendo de los recursos que consigue para sostener su actividad. Las propiedades vendidas aportaron fondos para cubrir salarios, cheques y proveedores, pero el déficit proyectado y los rechazos bancarios reflejan que la crisis continúa.

A casi dos décadas de haber ingresado en concurso preventivo, la cadena todavía debe resolver una cuestión central: cómo mantener en marcha el negocio sin seguir desprendiéndose de los activos que forman parte de su patrimonio.