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"Hay 2023": Alberto tuvo su plaza del Sí y declaró su independencia del kirchnerismo

"Hay 2023": Alberto tuvo su plaza del Sí y declaró su independencia del kirchnerismo
El Presidente dejó en claro por qué festejó el resultado del domingo: siente que pasó del riesgo de un final anticipado a un panorama de recuperación
Por Fernando Gutièrrez
17.11.2021 18.40hs Política

"Hay 2023": esa fue la síntesis del mensaje de Alberto Fernández y de lo que festejó el peronismo tras la remontada electoral de las legislativas.

Para el Presidente, posiblemente haya sido el día más feliz desde su asunción: no solamente respiró aliviado por sentir asegurada su supervivencia en el poder –él mismo recordó en su discurso cómo la semana pasada se especulaba con que el Congreso definiera la sucesión presidencial en medio de un caos económico- sino que además se siente fortalecido.

El acto masivo en Plaza de Mayo implicó una demostración de unidad del peronismo, lo cual traducido al lenguaje de los mercados, implica la sustentabilidad política y social necesaria para llevar adelante un programa de reforma económica sin que se genere una resistencia interna. Eso fue, en definitiva, lo que había pedido el Fondo Monetario Internacional como condición para firmar un acuerdo: que se diera un garantía de que quien firmara tuviera el control político del país.

Pero, además, el día de la militancia fue para Alberto casi una declaración de independencia personal. El Presidente tuvo su "plaza del Sí". Como en su momento les ocurrió a otros presidentes que, en momentos de debilidad, recibieron una demostración pública de apoyo, este hecho político supone un punto de inflexión. Les pasó a Carlos Menem, a Mauricio Macri y a la propia Cristina Kirchner.

La plaza llena fue un punto de inflexión porque, por primera vez desde que asumió la presidencia, Alberto pudo convocar masivamente a un acto sin tener que depender de una militancia "prestada" por parte de Cristina Kirchner. Como dejaban en claro las encuestas pre electorales, entre los votantes del Frente de Todos había más de 60% que reconocían a Cristina como líder del espacio.

Pero ahora, con una presencia muy en segundo plano –y como para no quedar al margen de la foto- de parte de La Cámpora, quedó demostrado que Alberto tiene una potencial base de apoyo propio. Los sindicatos, el peronismo del conurbano liderado por los intendentes –que se arrogan el mérito de la remontada electoral-, el peronismo conservador de las provincias del norte, los simpatizantes del peronismo centrista y de clase media que se identifican con Sergio Massa, esos fueron los que conformaron la plaza albertista.

En otras palabras, desde su momento de mayor debilidad, el Presidente pasó a sentirse "empoderado" y con una explícita demostración de apoyo a su persona. Por primera vez en este período de Gobierno, se escucharon cánticos de apoyo dedicados a Alberto y no a Cristina.

Posiblemente el Presidente, que siempre menciona a Néstor Kirchner como su maestro, haya recordado que una obsesión del fallecido mandatario era la de lograr una red de apoyo político propio, que le permitiera independizarse del poder prestado que le daba Hugo Moyano.

Paradójicamente, ahora los Moyano fueron los que lo ayudaron a Alberto a poder independizarse de la auditoría de Cristina, que no asistió al acto ni se pronunció públicamente.

Sindicatos y movimientos piqueteros fueron el grueso de la concurrencia en el masivo acto de apoyo a Alberto Fernández
Sindicatos y movimientos piqueteros fueron el grueso de la concurrencia en el masivo acto de apoyo a Alberto Fernández

Sindicalistas reclaman protagonismo

Claro que todos en la interna del peronismo entendieron que este nuevo apoyo al Presidente no será gratis. Todos los presentes, desde la nueva conducción de la CGT hasta los piqueteros del Movimiento Evita, y desde los "barones" del conurbano hasta los gobernadores que lograron victorias electorales en medio de la adversidad fueron a pasar sus facturas.

El Presidente lo sabe y, por las dudas de que no fuera así, ya en la previa hubo quienes se encargaron de recordárselo. Por ejemplo, el flamante triunviro de la CGT Pablo Moyano, que quiere hacer valer su impronta combativa para contrapesar con el estilo dialoguista de los "gordos".

"Quedó reflejado que la militancia tanto política como gremial nos hemos hecho cargo del último golpe que habían sido las PASO", había dicho el líder camionero, dejando en claro que le asigna al sindicalismo un rol importante en la recuperación política.

Y, sobre el sentido de la presencia de la CGT en el acto, no dejó dudas: "Hay que demostrarle al Gobierno nacional la unidad total del movimiento obrero y del peronismo que, tiene como próximo objetivo, no solamente estar en las calles, sino presentar políticas en defensa de los trabajadores".

El aviso es claro: la CGT no quiere limitarse a discutir paritarias y aportar gente en la calle a la hora de los actos, sino que quiere protagonismo: una silla en el lugar donde se toman las decisiones centrales de la política económica y laboral del país. Había sido, históricamente, una demanda nunca satisfecha mientras Cristina era quien estaba en la Casa Rosada y Hugo Moyano se había erigido en su principal cuestionador.

Los sindicalistas tienen una larga lista de temas de interés para reivindicar, desde los fondos de las obras públicas hasta los eternos debates de encuadramiento sindical para las nuevas formas de trabajo. Por lo pronto, recibieron un guiño del Presidente, que hizo referencia a que no los salarios no serían castigados por el Impuesto a las Ganancias.

Otro público específico que aportó una nutrida columna en la plaza fue el de los piqueteros, en particular el Movimiento Evita, que ha mantenido un rol ambiguo. Es, por un lado, aliado del Gobierno -y hasta tiene dirigentes que son funcionarios- pero ha sido muy crítico con las políticas de asistencia social, al punto que erosionaron el poder del ex ministro Daniel Arroyo, a quien acusaban de no cumplir sus promesas de ayuda económica.

Alberto, que la semana previa a las elecciones vio cómo los actos del Frente de Todos ocurrían en simultáneo con protestas piqueteras, tiene en claro que un objetivo prioritario es canalizar esa militancia piquetera en forma de apoyo al Gobierno y no en una agudización de la protesta frente al edificio con la gigantografía de Evita. Sobre todo, cuando se aproxima fin de año, y renacen los clásicos fantasmas de saqueos y desborde social en el conurbano.

La factura de intendentes y gobernadores

Pero si hay alguien con quien Alberto Fernández se siente particularmente en deuda es con los intendentes del conurbano y con los gobernadores de las provincias norteñas. Allí no solamente se produjeron las mayores remontadas electorales, sino que ocurrió algo acaso más importante políticamente: se pudo un límite al avance del kirchnerismo.

No por casualidad, lo primero que hizo el Presidente tras la "victoria" del domingo fue reunirse con Martín Insaurralde, el "interventor" del gobierno bonaerense que articuló con los demás intendentes para movilizar el aparato partidario y mejorar el nivel de asistencia a las urnas. Alberto prometió que cumpliría con el principal reclamo de Insaurralde: que por más duro que tuviera que ser el programa económico, no se elegiría como variable de ajuste las partidas presupuestales de obra pública para el conurbano.

También, antes del acto, el Presidente recibió al gobernador chaqueño, Jorge "Coqui" Capitanich, un símbolo de la capacidad del aparato peronista para dar vuelta una elección, utilizando las "herramientas de la política peronista".

Cristina, la gran ausente del acto, fue aludida por Alberto, que asegura que tiene su apoyo al plan económico
Cristina, la gran ausente del acto, fue aludida por Alberto, que asegura que tiene su apoyo al plan económico

Mensajes a Cristina y a Macri

Y, finalmente, la invocación de Alberto Fernández a la "unidad" del Frente de Todos también tuvo esta vez una significación diferente. Antes, cuando pedía esa unidad, se interpretaba un ruego de que no le restaran apoyo político en un momento de crisis: ahora, en cambio, esa apelación es casi una advertencia a Cristina Kirchner, en el sentido de que ella tendría más para perder que para ganar si decidiera romper con la coalición.

Alberto Fernández fue explícito sobre cómo interpreta el resultado electoral de las legislativas: es la plataforma que permitirá la victoria en 2023, un proyecto del que nadie en el Frente de Todos se querrá quedar afuera.

Como postre de un día perfecto para Alberto, pudo hasta darse el lujo de intentar una división en la oposición: convocó otra vez a un diálogo -del que sabe que los líderes de Juntos por el Cambio no pueden negarse- pero lo hizo con críticas a Mauricio Macri. Una apuesta a que, mientras él consolida la unidad del oficialismo, la oposición sufra una fisura. Y todo en el marco de un acuerdo con el FMI que despeje el panorama financiero hasta los próximos dos años.

"El triunfo no es vencer, sino nunca darse por vencido", escribió en las redes sociales el Presidente, junto a fotos del acto, en una síntesis de su mensaje: podrá haber tenido menos votos el domingo pasado, pero es el que tiene más para festejar. Nada menos que haber disipado los fantasmas de un final anticipado de su gobierno.