Milei busca otro gesto de Trump por Malvinas y quitarle proveedores al proyecto Sea Lion
Puntos importantes
Tras el anuncio por cadena nacional último de sancionar y profundizar castigos a empresas británicas y extranjeras que exploten hidrocarburos en la zona de las Islas Malvinas, el presidente Javier Milei busca ahora un nuevo gesto de Donald Trump, que hace dos semanas había dicho que podría "revisar" la postura de los Estados Unidos, históricamente neutral, pero con tendencia favorable a los británicos. Pero ahora la Casa Rosada duda sobre si hubo un acuerdo con Gran Bretaña y esto preocupa a la Cancillería.
Es por ello que Milei busca ahora un nuevo gesto de Trump por Malvinas y apuesta sancionar a las empresas petroleras de Malvinas, pero por sobre todo a quitarle proveedores al proyecto petrolero Sea Lion, una explotación de hidrocarburos que en 2028 comenzaran a explotar las empresas Navitas (Israel) y Rockhopper (Gran Bretaña).
Según pudo saber iProfesional de fuentes oficiales, la preocupación de Milei y del canciller Pablo Quirno obedece a que este lunes Trump mantuvo una reunion telefónica con el primer ministro británico, Andy Burnham, y la Casa Rosada no tiene información sobre si se hablaron de Malvinas y en buen romance no saben dónde están parados.
Trump suele presionar a Burnham para que ayude a Washington en la guerra contra Irán y que aumente el presupuesto en defensa para la OTAN en un 5% del PBI. Por ahora, Londres se opuso a esas exigencias. Es por ello que Trump presionó a Burnham públicamente con endurecer su postura sobre Malvinas y favorecer a Argentina.
El Gobierno espera una nueva señal favorable de Donald Trump sobre Malvinas
Según los partes oficiales, la cuestión de Malvinas no estuvo sobre la mesa de la charla Trump-Burnham. Se informó en ellos que se habló de la economía británica, de un alto el fuego en Ucrania, de la búsqueda de la paz en Oriente Medio, de la reapertura del estrecho de Ormuz y de la garantía de que Irán no compre armas nucleares. No se informó que haya habido acuerdo sobre los pedidos de Trump pero el tono fue de acercamiento y de un proceso de negociación en marcha.
"Quirno está buscando que el embajador Alejandro Oxenford gestione una señal favorable de Trump, de la Casa Blanca o del Departamento de Estado hacia Malvinas, despues de los anuncios de Milei", señalaron a iProfesional en la Cancillería.
Tambien el canciller le encomendó a la embajadora en Londres, Mariana Plaza, que busque información extraoficial sobre el dialogo reservado entre Trump y Burnham. Pero la representante argentina sólo pudo responder que "no tuvo acceso" a esa información en el gobierno de Gran Bretaña.
En otras palabras, Milei y Quirno están navegando a ciegas y sin señales ni instrumentos en la nueva embestida del Presidente por el reclamo a Gran Bretaña por la soberanía sobre las Islas Malvinas. No tienen información cierta sobre las posturas de Estados Unidos, Gran Bretaña y ni de Israel, donde gobierna Benjamín Netanyahu, aliado de Milei y de Trump.
En la Cancillería aseguraron a iProfesional fuentes cercanas a Quirno que el análisis que hace el Palacio San Martín es el siguiente:
- Si Burnham accede a las presiones de Estados Unidos para ayudar en Irán y en la OTAN, Trump se olvidará de Malvinas y cerrará filas con su histórico socio, Gran Bretaña.
- Si Londres no accede a los reclamos norteamerianos, Trump podría reflotar la presión con Malvinas para forzarlo a alinearse.
De hecho, la interpretación general en la Cancillería es que Trump mostró los dientes a Londres al hablar de "revisar" la postura sobre Malvinas para negociar luego con Burnham en una charla que tenían prevista. Milei se montó sobre esa señal de Trump y anunció nuevas sanciones y profundización de las penas sobre las petroleras británicas e israelíes que operan en el proyecto Sea Lion, en Malvinas.
"El peligro de todo esto es que está montado sobre la base de una afirmación de Trump que fue hecha para negociar con Burnham y estamos a atados a eso y se puede diluir", señaló un diplomático del ala dura de Quirno, con preocupación.
En la Casa Rosada preocupa la capacidad para denunciar a las petroleras de Sea Lion y avanzar en condenas, pero la carta fuerte es el juicio en ausencia y la disuasión a los proveedores de Navitas y de Rockhopper, porque la mayoría de ellos tambien son empresas que quieren participar de la explotación de Vaca Muerta, un yacimiento mucho más poderoso y rentable que Sea Lion.
"El que quiera laburar en Vaca Muerta no tendrá autorización argentina y lo van a pensar dos veces", dicen al lado de Quirno. Tambien admiten que hay que afinar una inteligencia empresarial entre Cancillería, Defensa, la SIDE y Economía para determinar cuáles son las empresas proveedoras de Sea Lion o si no se ocultan en sociedades diferentes para operar.
Milei anunció sanciones contra las petroleras que operen en Malvinas
El Presidente anunció sanciones y demandas contra las petroleras Navitas y Rockhopper y avanzó sobre los proveedores del proyecto Sea Lion. Pero después de su anuncio por cadena nacional ocurrió algo que encendió las alarmas en la Cancillería: Trump habló con el primer ministro británico, Andy Burnham, y Washington no comunicó a Buenos Aires qué hablaron ni emitió una nueva señal pública de respaldo a la posición argentina.
La incertidumbre es política y geopolítica. Milei tomó una posición fuerte sobre Malvinas antes de conocer el resultado de una negociación que se desarrollaba sin saberlo en otro tablero: el de Washington y Londres.
Pablo Quirno activó dos canales simultáneos. Le pidió a la embajadora argentina en Londres, Mariana Plaza, que indague sobre el contenido de la conversación entre Trump y Burnham y qué pudo haberse acordado. Y le solicitó al embajador Alejandro Oxenford que gestione ante la Casa Blanca o el Departamento de Estado una señal de respaldo a la Argentina. Por ahora las dos vías están sin novedad.
Quirno necesita saber qué hablaron Trump y Burnham. Y, sobre todo, necesita saber si Malvinas seguirá formando parte de la presión de Washington sobre Londres.
Trump tiene otros intereses prioritarios frente al Reino Unido. La discusión llegó incluso al Parlamento británico. Después de una discusión con los conservadores, Burnham tuvo que afirmar este miércoles que defenderá de manera "implacable" la soberanía británica sobre las Malvinas.
La frase fue escuchada con atención en Buenos Aires. Porque allí aparece la ecuación que hoy domina las especulaciones diplomáticas: si Londres se enfrenta con Trump, Malvinas puede convertirse en una herramienta de presión de Washington. Si, en cambio, Londres acuerda con Trump en los asuntos que realmente interesan a la Casa Blanca, el conflicto por las islas podría perder valor para el Presidente estadounidense. Podría considerar que ya consiguió lo que buscaba y dejar de presionar a Gran Bretaña por Malvinas. Para Milei sería una mala noticia.
Si ocurre lo contrario y Burnham no cede, Trump podría redoblar la presión sobre Londres y volver a utilizar Malvinas como carta de negociación. Ahí estaría el escenario que más le conviene a la Argentina.
El rol del canciller Pablo Quirno
También trascendió que desde el origen Quirno quedó afuera de la operación Malvinas. Hay además un dato político interno que explica parte de la tensión diplomática. La operación política habría sido impulsada fundamentalmente por Santiago Caputo, con participación de Alejandro Oxenford y a través de los vínculos con el universo CPAC, la Conferencia de Acción Política Conservadora, el think tank de Trump donde pisa fuerte Caputo.
"Esto no vino por el Departamento de Estado, vino por la CPAC", aseguraron fuentes diplomáticas de primer nivel. "Y ahí los que hablan son Caputo y Oxenford con gente del entorno de Trump", señalaron.
El dato no es menor porque mientras se construía la ofensiva política sobre Malvinas, el canciller Quirno estaba trabajando en otra agenda: la Argentina Week en Londres, junto con la embajadora Mariana Plaza. Es por eso que Quirno estaba en otra sintonía: total armonía con Londres para preparar el viaje del Presidente en octubre próximo.
Incluso Quirno había tenido gestos diplomáticos hacia Londres, como el pedido de disculpas al embajador británico David Cairns a través del subsecretario de Política Exterior, Juan Manuel Navarro, por la bandera de Malvinas exhibida por los jugadores argentinos tras el triunfo contra Inglaterra por 2 a 1 en el Mundial de Estados Unidos.
"Precisamente Quirno hizo ese gesto con Cairns porque quería allanar el viaje a Londres de Milei para la Argentina Week (Semana Argentina)", señaló un funcionario de Cancillería. Tras el anuncio malvinero de Milei, Quirno le pidió a la embajadora Plaza que sondee si hay clima para avanzar en ese evento, que muchos dan por caído. En la embajada británica señalaron a iProfesional que "eso no tiene que ver con el gobierno sino con la embajada".
No estarían dadas las condiciones para que Milei viaje. La contradicción quedó expuesta. El episodio muestra que dentro del Gobierno conviven dos procesos paralelos de toma de decisiones. Una busca confrontar, sancionar y elevar el costo económico y político para las empresas vinculadas con la explotación de hidrocarburos en Malvinas.
La otra necesita mantener abiertas las relaciones con Londres, atraer inversiones y preservar canales diplomáticos, lo que muchos denominan en la Cancillería la "Doctrina Plaza": la embajadora siempre aconsejó mantener la cuestión Malvinas alejada para avanzar en acuerdos económicos.
La clave, otra vez, consistirá en saber qué hará Burnham frente a las exigencias de Trump. Si el Reino Unido coopera con Washington en los temas que realmente preocupan a Trump (defensa, OTAN, Ucrania, Irán, bases militares y gasto militar), éste puede darse por cumplido y abandonar su apoyo a Milei por Malvinas y compensar con otros premios. En la embajada norteamericana dijeron: "Nada que agregar a lo que dijo Trump".
El plan de Milei detrás del factor Malvinas
La decisión de Milei de volver a poner Malvinas en el centro de la agenda tiene también una dimensión política interna: necesitaba recuperar agenda, consolidar a su electorado de derecha que perdía en todas las encuestas y volver a instalar un tema capaz de movilizar emocionalmente a una parte importante de la sociedad. La cuestión es si esa jugada puede transformarse en una estrategia geopolítica de largo alcance con el riesgo de no conocer las cartas de Trump.
También aparece Israel en el tablero. Navitas fue denunciada por Quirno ante la justicia federal y la causa recayó en el juez Julián Ercolini: es una empresa israelí y la pregunta es si el primer ministro de ese país, Benjamín Netanyahu respaldará esa decisión del gobierno de Milei.
En la embajada de Israel no contestaron a las consultas de iProfesional pero voceros habituales de la colectividad judía con llegada a la diplomacia israelí aseguraron que "este es un tema que se está analizando porque Malvinas siempre fue un tema complicado para Israel y más con Navitas de por medio". No está claro el apoyo de Netanyahu a Milei en esto.
Sin embargo, el reclamo argentino por Malvinas recibió un respaldo político de peso, el del ministro de Seguridad de Israel, Itamar Ben-Gvir, que es un aliado de Netanyahu, pero no necesariamente exprese su pensamiento. Más aún, Ben –Gvir reclamó a Netanyahu que respalde a la Argentina, en parte llevado por el enfrentamiento de la linea dura del gobierno de Israel, al que pertenece el ministro, con Gran Bretaña, por haber retaceado apoyo en la guerra con Irán.
Hay que distinguir los niveles de decisión. Ben-Gvir no es Netanyahu, pero tiene mucho peso en el gobierno israelí y es un aliado fundamental. Un respaldo formal del Gobierno de Israel a Milei y en contra de Navitas por ahora está lejos.
Tel Aviv no ofreció a Buenos Aires el apoyo institucional que Milei buscaría para fortalecer su ofensiva contra las empresas vinculadas con Sea Lion. La estrategia argentina queda así atrapada entre tres interrogantes: qué hablaron realmente Trump y Burnham; si Trump seguirá utilizando Malvinas como herramienta de presión sobre Londres; si la Casa Blanca le dará un gesto a Milei, y si las sanciones argentinas contra Sea Lion serán ejecutables, quedarán como una declaración política o si puede desalentar a los socios proveedores y hacer caer el proyecto.