Los demócratas recuperan el Congreso: Trump prepara su estrategia para frenarles la agenda
La nueva mayoría opositora en ambas cámaras abre una etapa de rivalidad institucional que pondrá a prueba la agenda oficial y el equilibrio político
Las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos modificaron el equilibrio de poder en Washington. El Partido Demócrata recuperó el control del Senado y de la Cámara de Representantes, con victorias en estados que históricamente respaldaban a los republicanos y la conquista de bancas que estaban en manos del oficialismo.
El resultado condicionará los últimos dos años de la presidencia de Donald Trump, que deberá gobernar con una oposición al frente de las dos cámaras del Congreso. Desde el 3 de enero de 2027, cuando asuman los nuevos legisladores, los demócratas tendrán mayor capacidad para intervenir en la agenda legislativa, supervisar al Poder Ejecutivo, impulsar investigaciones sobre la administración republicana y bloquear parte de sus iniciativas.
Frente a ese escenario, Trump anticipó que utilizará el poder de veto para frenar proyectos de la oposición y forzar negociaciones. También dejó abierta la posibilidad de alcanzar acuerdos con los demócratas, aunque advirtió que rechazará las iniciativas que considere inaceptables.
La nueva composición parlamentaria abrirá, además, una discusión sobre el futuro del Partido Republicano después de una década bajo el liderazgo político del magnate, que no podrá competir por un tercer mandato en las elecciones presidenciales de 2028.
Qué puede hacer el Congreso demócrata frente a Trump
La recuperación de ambas cámaras le dará a la oposición herramientas institucionales para intervenir en la agenda legislativa y fiscalizar al Poder Ejecutivo.
En la Cámara de Representantes, los demócratas asumirán la presidencia, que dejará el republicano Mike Johnson, representante por Luisiana. Hakeem Jeffries, actual líder de la minoría demócrata y legislador por Nueva York, se perfila para ocupar ese cargo.
Desde esa posición, la oposición podrá definir qué iniciativas se discuten, organizar el trabajo de las comisiones y convocar a funcionarios del Gobierno para que brinden explicaciones sobre las políticas implementadas durante la primera mitad de la gestión de Trump.
Una de las herramientas disponibles es la apertura de un procedimiento de impeachment contra el presidente. La Cámara de Representantes puede aprobar los artículos de acusación por mayoría simple. Sin embargo, para condenarlo y destituirlo se requiere el voto favorable de dos tercios de los senadores presentes en el juicio político. Por lo tanto, recuperar el control del Congreso no garantiza que los demócratas puedan completar ese procedimiento.
En el Senado, el cambio de mayoría tendrá consecuencias sobre las confirmaciones de jueces federales, integrantes del gabinete y embajadores, decisiones que requieren la aprobación de esa cámara.
Los demócratas también podrán controlar las comisiones senatoriales y definir los temas que tendrán prioridad en su agenda. Esa facultad les permitirá influir en el tratamiento de las designaciones presidenciales y, eventualmente, demorar la consideración de una vacante en la Corte Suprema.
La nueva distribución de fuerzas representa un cambio respecto de los dos primeros años de la administración, durante los cuales los republicanos controlaron ambas cámaras y facilitaron el avance de las iniciativas presidenciales.
Trump anticipó que será "el señor veto" para frenar proyectos demócratas
Antes de conocerse los resultados electorales, Trump ya había planteado cuál sería su estrategia ante una eventual pérdida de las mayorías republicanas.
En una entrevista con CBS News, publicada el 3 de noviembre, el presidente se refirió expresamente a sus atribuciones constitucionales y aseguró que contaba con una herramienta para responder a la oposición: "Tengo el poder definitivo: se llama veto".
También aceptó la posibilidad de ser conocido como Mr. Veto (señor veto) si los demócratas recuperaban el control del Congreso.
Trump explicó que su intención sería rechazar inicialmente los proyectos impulsados por la oposición y utilizar esos vetos como mecanismo de presión para forzar negociaciones.
"Históricamente, vetás durante un par de meses y después vienen y dicen: 'Tenemos que llegar a un acuerdo'", sostuvo ante CBS.
La advertencia volvió a aparecer durante la noche electoral. En declaraciones a Fox News, el mandatario aseguró que vetaría las iniciativas demócratas que considerara inaceptables.
"Presentarán cosas que son una locura y las vetaré. Después de un par de meses de vetos, vendrán y dirán: '¿Cómo hacemos para sacar adelante estas cosas?'. Y trabajaremos juntos", afirmó.
Trump también publicó en su red social Truth Social una imagen de una gorra roja con la palabra Veto, en referencia a la estrategia que pretende adoptar durante la segunda mitad de su mandato.
La Constitución estadounidense establece, sin embargo, un mecanismo para que el Congreso pueda superar un veto presidencial. Para hacerlo, la iniciativa debe volver a ser aprobada por una mayoría de dos tercios en ambas cámaras.
Por otra parte, el veto no le permitirá a Trump impedir que el Congreso investigue a su administración, controle las comisiones legislativas o rechace los nombramientos que requieren aprobación del Senado. Tampoco le dará capacidad para aprobar por sí mismo nuevas leyes.
Cómo puede gobernar Trump sin mayoría parlamentaria
Además del poder de veto, el presidente cuenta con facultades ejecutivas que le permitirían continuar con parte de su programa sin necesidad de obtener nuevas leyes del Congreso.
Una investigación de Reuters publicada antes de las elecciones señaló que la Casa Blanca llevaba meses analizando alternativas para mantener la agenda presidencial ante una eventual derrota republicana.
Según la agencia, el vicejefe de Gabinete Stephen Miller, el director de la Oficina de Administración y Presupuesto, Russell Vought, y los abogados de la Casa Blanca habían estudiado medidas que Trump podría implementar mediante órdenes ejecutivas en materia de inmigración, aranceles, vivienda y gasto público.
El equipo jurídico también analizaba los límites de la autoridad presidencial y las herramientas disponibles para defender esas decisiones ante eventuales impugnaciones judiciales.
Durante los dos primeros años de gestión, Trump había recurrido a las facultades ejecutivas para avanzar con medidas arancelarias, endurecer los controles migratorios, reducir la estructura del Estado y adoptar decisiones de política exterior.
El editor de Inside Elections, Nathan Gonzales, señaló que el presidente había dejado de lado al Congreso durante buena parte de su gestión y que probablemente profundizaría esa modalidad si los demócratas controlaban las dos cámaras.
Las órdenes ejecutivas, no obstante, están sujetas a límites constitucionales y legales. Pueden ser cuestionadas ante los tribunales cuando exceden las atribuciones del presidente o contradicen normas vigentes. Además, el Congreso conserva sus facultades de supervisión sobre el Poder Ejecutivo.
Presupuesto y techo de deuda: los principales focos de negociación
El nuevo equilibrio parlamentario también tendrá impacto en las discusiones sobre el presupuesto federal y el límite de endeudamiento de Estados Unidos.
Con el control de ambas cámaras, los demócratas contarán con mayor capacidad para negociar las condiciones de financiamiento del Gobierno y discutir las partidas presupuestarias. Las decisiones sobre el gasto público requieren acuerdos legislativos y pueden convertirse en un instrumento de negociación entre la Casa Blanca y el Congreso.
El presupuesto federal y el techo de la deuda son dos cuestiones diferentes. El primero establece las prioridades de gasto y los recursos destinados a financiar las actividades del Estado. El segundo fija el límite legal de endeudamiento que puede utilizar el Gobierno para afrontar obligaciones ya asumidas.
Las diferencias entre republicanos y demócratas sobre esos asuntos pueden derivar en bloqueos legislativos que afecten el funcionamiento de la administración federal.
A esas dificultades se suma el funcionamiento del Senado. La mayoría de los proyectos legislativos ordinarios necesita reunir 60 votos para superar el mecanismo de obstrucción parlamentaria conocido como filibuster. Esta regla permite que una minoría retrase el tratamiento de determinadas iniciativas y condiciona la posibilidad de aprobar leyes sin acuerdos entre los partidos.
Por ese motivo, aunque los demócratas tendrán el control de las dos cámaras, no podrán avanzar automáticamente con toda su agenda legislativa.
El politólogo David Miller, especialista en temas de gobierno de la American University, explicó al diario La Nación que la recuperación de ambas cámaras deja a Trump en una posición más débil para afrontar los dos últimos años de mandato.
El especialista también planteó que el resultado puede llevar a dirigentes republicanos a revisar la estrategia política del partido y discutir si deben mantener la orientación asociada al trumpismo o avanzar hacia una identidad diferente.
Las dos estrategias de los demócratas para enfrentar a Trump
La estrategia que debería adoptar la oposición también generó diferencias dentro del Partido Demócrata.
El senador Brian Schatz, de Hawái, sostuvo que su partido debía concentrarse en utilizar el control parlamentario como un contrapeso institucional al presidente y evitar presentar iniciativas que Trump pudiera vetar de antemano.
En declaraciones reproducidas por Roll Call, Schatz planteó que los demócratas debían aprovechar su nueva posición para intentar poner fin a la guerra con Irán y revertir los recortes de Medicaid y del programa de asistencia alimentaria SNAP incluidos en la legislación presupuestaria republicana de 2025.
El legislador también consideró que presentar proyectos sin posibilidades de convertirse en ley podía representar un esfuerzo parlamentario poco productivo.
Una postura diferente expresó el representante Ro Khanna, de California, quien propuso impulsar iniciativas de mayor alcance y obligar al presidente a pronunciarse sobre ellas mediante el veto.
Entre sus propuestas mencionó:
- La cobertura universal de salud
- Un salario mínimo de 25 dólares
- La gratuidad del cuidado infantil y de la educación universitaria
- Medidas tributarias para los sectores de mayores ingresos
Las posiciones reflejan dos líneas de acción dentro de la oposición: priorizar acuerdos puntuales para conseguir resultados legislativos o impulsar proyectos que expongan las diferencias con Trump y tengan impacto en el debate político de cara a 2028.
Las investigaciones que podrían avanzar contra el Gobierno
El control de las comisiones legislativas permitirá a los demócratas profundizar las investigaciones sobre la administración republicana.
La oposición tendrá capacidad para solicitar documentación, convocar a funcionarios y organizar audiencias sobre distintas decisiones del Ejecutivo. Entre los temas que podrían quedar bajo revisión figuran:
- La política migratoria
- La guerra con Irán
- Las decisiones económicas
- La administración de los recursos públicos
Reuters informó que los abogados de la Casa Blanca comenzaron a preparar a funcionarios y responsables de distintas dependencias para responder a pedidos de información y citaciones parlamentarias. También analizaron los alcances del privilegio ejecutivo, una herramienta que permite proteger determinadas comunicaciones internas del Gobierno.
La supervisión legislativa constituye una de las principales atribuciones del Congreso y puede derivar en investigaciones políticas sobre la actuación de los funcionarios. La apertura de esos procedimientos no implica por sí misma la existencia de irregularidades ni determina eventuales responsabilidades penales.
La economía y la guerra con Irán, factores de la derrota republicana
Durante la campaña, los demócratas concentraron sus críticas en la situación económica y en distintas decisiones de la administración Trump.
La inflación, el aumento del costo de vida y los precios de los combustibles estuvieron entre los principales temas del debate electoral. También cuestionaron la política arancelaria del Gobierno, a la que responsabilizaron por el encarecimiento de distintos productos, y las medidas migratorias impulsadas por la Casa Blanca.
La guerra con Irán fue otro de los factores que incidieron en la campaña. El conflicto tuvo repercusiones sobre los mercados energéticos y los precios de los combustibles, en un contexto en el que el costo de vida ya figuraba entre las principales preocupaciones de los votantes.
Los demócratas utilizaron esos cuestionamientos para vincular la situación económica con las decisiones presidenciales y reunir el descontento con la gestión detrás de sus candidatos.
El propio Trump reconoció que la guerra pudo haber influido en el resultado electoral. En una entrevista telefónica con The Wall Street Journal, el presidente respondió que Irán "tuvo algo que ver" cuando le preguntaron si el conflicto había perjudicado a los candidatos republicanos.
Sin embargo, ratificó su decisión de iniciar la guerra y sostuvo: "Hice lo correcto. Lo volvería a hacer".
El resultado mostró también un retroceso republicano en distritos y estados que habían respaldado a Trump en las elecciones presidenciales de 2024. Las derrotas de candidatos apoyados por el presidente en contiendas senatoriales de estados tradicionalmente republicanos formaron parte de ese cambio en el mapa electoral.
El futuro del Partido Republicano después de Trump
El resultado electoral también abrió un debate sobre el rumbo del Partido Republicano y la continuidad del liderazgo de Trump.
David Miller consideró que una derrota de estas características puede llevar a dirigentes republicanos a revisar si el camino político del partido debe seguir ligado al trumpismo o si necesita modificar su imagen y estrategia.
Ese debate tendrá como horizonte las elecciones presidenciales de 2028, cuando Trump ya no podrá competir por un nuevo mandato debido a la limitación constitucional de dos períodos presidenciales. La reorganización interna del partido y la definición de sus próximos liderazgos serán algunos de los temas que marcarán la etapa posterior a los comicios.
En el Partido Demócrata, la recuperación de ambas cámaras permitirá reconstruir una agenda legislativa propia y ampliar su protagonismo político de cara a la próxima elección presidencial.
Con el nuevo Congreso en funciones desde el 3 de enero de 2027, Estados Unidos ingresará en un período de gobierno dividido: un presidente republicano deberá gobernar con un Poder Legislativo controlado por la oposición. Trump conservará sus atribuciones ejecutivas y la posibilidad de vetar leyes, pero tendrá mayores dificultades para aprobar iniciativas propias, designar funcionarios y avanzar con su programa sin negociar con los demócratas.