IAdicción: el nuevo fenómeno de quienes no toman una decisión sin preguntarle a ChatGPT
Puntos importantes
Primero fue el celular: millones de personas sienten que no pueden salir de casa sin él. Ahora aparece una nueva dependencia. Antes de comprar algo, viajar, responder un mensaje, elegir qué comer o consultar un síntoma, hay quienes sienten la necesidad de preguntarle primero a la inteligencia artificial.
El fenómeno todavía no tiene un nombre clínico universalmente aceptado: no existe una nomofobia de la IA. Pero tiene un nombre: IAdicción. Y los especialistas ya lo están observando.
IAdicción: crece en Argentina la dependencia a la Inteligencia Artificial
Diego Golombek, biólogo y divulgador científico especialista en cronobiología, lo explica desde la neurociencia: delegar esfuerzo mental no es nuevo ni problemático en sí mismo. "Usamos agendas para acordarnos de las cosas, calculadoras para hacer cuentas, otras personas para pensar problemas entre todos", señala. En psicología cognitiva se llama descarga cognitiva o cognitive offloading: apoyarnos en recursos externos para reducir las demandas de una tarea. Lo que vino a traer la IA es ampliar en escala lo que podemos delegar.
El problema no es la delegación en sí. Golombek lo dice con claridad: la mirada optimista es que con la IA se amplía todo lo que podemos externalizar, comparar opciones, elaborar argumentos, buscar información. El problema aparece cuando esa delegación se convierte en dependencia: seguir las recomendaciones de la IA a rajatabla, sin pensamiento crítico para evaluarlas.
Matías Sánchez Sanda, miembro del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, agrega el mecanismo que explica el crecimiento del fenómeno: los seres humanos manejamos mal la incertidumbre. Tenemos una cierta angustia frente a lo desconocido, y consultar a la IA, recibir una respuesta y sentir alivio es exactamente eso: bajar el nivel de incertidumbre. "El problema es si esa consulta va más allá de conseguir información, o si simplemente es para quedarnos tranquilos", dice Golombek.
¿Puede la IAdicción convertirse en una adicción comportamental?
Sánchez Sanda es preciso: una adicción implica pérdida de control sobre la conducta, dependencia al uso y consecuencias negativas sostenidas en el tiempo. Las únicas adicciones comportamentales tipificadas en manuales diagnósticos internacionales como el DSM-V y el CIE-11 son el juego patológico y el trastorno por videojuegos. Pero eso no excluye a la IA.
"Cualquier conducta que produzca liberación de placer tiene el potencial de volverse adictiva", explica. Lo que determina si una conducta se vuelve adictiva es la cantidad de tiempo invertido, su frecuencia y el impacto negativo que genera en las distintas áreas de la vida, laboral, académica, social, familiar. Bajo esas condiciones, el uso de IA no es una excepción.
El especialista observa un patrón concreto que preocupa: muchas personas usan la IA no para optimizar procesos o potenciar ideas, sino como método sustitutivo y de delegación total. Cuando alguien le pide a la IA que le redacte sus mails o mensajes cotidianos, determinadas habilidades cognitivas dejan de ponerse en práctica. A mediano plazo, eso genera más dificultad para desempeñar esas actividades de manera autónoma.
En qué momento la IA deja de ser una herramienta y empieza a pensar por nosotros
Santiago Siri, fundador de Democracy Earth, agrega la dimensión que completa el cuadro: el problema no es que millones de personas usen el mismo algoritmo, sino que dejen de discutir sus criterios. Para Siri, una sociedad pierde autonomía cuando terceriza no solo decisiones sino también las razones detrás de esas decisiones. La defensa no es usar menos IA, es tener más pluralidad de modelos, más transparencia y más capacidad humana para disentir. Y cierra con la distinción: "El futuro no se divide entre quienes usan IA y quienes no. Se divide entre quienes la usan para pensar mejor y quienes la usan para evitar pensar".
Golombek propone una distinción que clarifica el debate: "¿La consulta me va a dejar comprender mejor mis opciones? ¿O es simplemente para dejarme tranquilo?" Si la IA sirve para conseguir información y elaborarla, todo bien. Si sirve para delegar una función importante, ahí está el problema.
La diferencia entre nomofobia e IAdicción también es relevante. Sánchez Sanda señala que el celular es un dispositivo multifunción -necesario para comunicarse, trabajar, pagar, socializar- lo que hace muy complejo restringir su uso problemático: "La IAdicción, en cambio, es más fácil de delimitar a contextos y usos específicos, lo que facilita su abordaje".
Sánchez Sanda identifica tres señales concretas. La primera: creer que para poder realizar una tarea es necesario usar la IA sí o sí. La segunda: usarla para validar todas las opiniones y decisiones, incluso las más cotidianas. La tercera, y la más importante: sentir ansiedad o malestar cuando no se puede acceder a ella para tomar una decisión.
Para Golombek, la señal más reveladora es más simple: "¿Podemos decidir sin consultar? ¿Podemos no estar de acuerdo con lo que nos diga la IA?" La pérdida de autonomía -la incapacidad de hacerse cargo de la propia decisión- es el indicador más claro de que la relación con la tecnología cruzó un límite.
Cómo usar la inteligencia artificial sin perder la autonomía de tus decisiones
Las recomendaciones de Sánchez Sanda son concretas. Primero: definir tareas específicas para las que se va a usar la IA, no consultarla para todas las decisiones. Segundo: fijar horarios y cantidad de tiempo de uso, para que no sea irrestricto. Tercero: identificar la función del uso, preguntarse si se consulta porque realmente se necesita o para manejar ansiedad. Cuarto: mantener siempre una postura crítica frente a las respuestas de la IA, que también se equivoca.
En ese sentido, Siri señala: "El desafío no es evitar la dependencia tecnológica, sino evitar la obediencia intelectual".
Golombek cierra con la distinción que define todo el debate: "Autonomía no quiere decir decidir sin ayuda. Bienvenida la ayuda. El asunto es poder evaluar esa ayuda, discutirla y hacerte cargo de tu propia decisión. Esa es la capacidad que tenemos que cuidar como humanos."
La IAdicción no es un diagnóstico clínico todavía. Pero el fenómeno que describe es real, creciente y tiene consecuencias concretas sobre la capacidad de pensar de manera autónoma. La IA es la herramienta más poderosa que se masificó en los últimos años, y como toda herramienta poderosa, el problema no es la herramienta sino cómo se usa. La pregunta que los especialistas dejan sobre la mesa no es si conviene usarla, sino si todavía somos capaces de no usarla cuando no hace falta.