EMBLEMA PORTEÑO

Ni París ni Madrid: el ícono de Almagro que parece un palacio europeo y hoy funciona como museo vivo

Entre cúpulas, mármol y memorias ocultas, el edificio revive en el barrio porteño de Almagro como una joya arquitectónica con nueva vida
Por NB
TURISMO - 21 de Mayo, 2026

El Palacio Raggio sorprende desde el primer momento: su estética remite a un palacio europeo, pero se encuentra en plena Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Almagro, dentro de CABA. Hoy es una de las construcciones más atractivas para el turismo urbano y para quienes buscan joyas arquitectónicas "escondidas" en la urbe.

Ubicado en la esquina de Rivadavia e Hipólito Yrigoyen, el edificio destaca por su aire elegante y su impronta académica francesa, visible en la cúpula, los balcones ornamentados y una fachada que aún conserva su carácter original. Fue encargado por el empresario José Raggio y diseñado en 1924 por el arquitecto italiano Gino Aloisi.

Un edificio pensado desde las limitaciones del terreno

Su forma no fue casual. El lote triangular condicionó por completo el proyecto y obligó a repensar la arquitectura desde cero. En los planos originales, Aloisi incluso proyectaba una torre que podía alcanzar los 70 metros de altura, pero las normas urbanas de la Ciudad de Buenos Aires en ese momento impusieron un límite claro: hubo que reducir el desarrollo en altura y eliminar dos pisos.

Esa restricción, lejos de simplificar el diseño, lo volvió más complejo. Para aprovechar al máximo el espacio permitido, se incorporaron bow windows, una solución que ampliaba visual y funcionalmente los departamentos sin modificar el volumen general del edificio.

Vida interna: circulación y viviendas de gran escala

La organización del edificio responde a una lógica muy clara. Un ascensor principal, otro de servicio y una escalera estructuran la circulación hacia los siete pisos superiores.

Encargado por el empresario José Raggio y proyectado en 1924 por el arquitecto italiano Gino Aloisi

Cada nivel fue diseñado como una única vivienda de gran escala, con una distribución amplia y bien diferenciada entre áreas sociales, privadas y de servicio. En su versión original, los departamentos incluían hall de ingreso, sala principal, fumoir, comedor, escritorio, toilette, cuatro dormitorios, dos baños y un sector completo de servicio con cocina, despensa, office y habitaciones para el personal.

Como complemento, cada unidad contaba con un espacio en el subsuelo destinado a baulera, además de sectores comunes en cada piso, entre ellos una sala de grandes dimensiones y forma circular.

Un escenario de encuentro en los años 80

Décadas después de su inauguración, el edificio volvió a cobrar protagonismo desde otro lugar. En los años 80, el subsuelo se transformó en punto de reunión para eventos que quedaron en la memoria como "Las Fiestas del Sótano" o "de las Catacumbas".

En un contexto de apertura social y cultural, esos encuentros reunían música, arte, debate y vida nocturna en un ambiente íntimo, casi oculto. Sin buscarlo, el edificio terminó funcionando como escenario de expresión para una generación en transformación.

El palacio vuelve a destacarse hoy dentro del mapa arquitectónico porteño

Del deterioro a una nueva etapa

Tras su período de esplendor, el Palacio Raggio entró en una etapa de abandono hacia fines de los años 70. Durante años quedó fuera del circuito activo de la ciudad, hasta que en 2012 comenzó un proceso de restauración integral.

La recuperación devolvió vida al hall original, reconvirtió unidades en residencias y estudios, e incorporó una galería de arte abierta al público. El edificio logró integrar patrimonio histórico con usos contemporáneos.

Hoy, el Palacio Raggio vuelve a destacarse dentro del mapa arquitectónico porteño. Más que una construcción histórica, funciona como ejemplo de cómo una obra puede reinventarse sin perder su identidad.

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