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El mensaje entrelíneas de Telefónica: no hay perspectivas de crecimiento para la economía latinoamericana

El mensaje entrelíneas de Telefónica: no hay perspectivas de crecimiento para la economía latinoamericana
El grupo, que durante tres décadas sorteó los vaivenes políticos y financieros latinoamericanos, cree que la región ya no será la "locomotora" del negocio
Por Fernando Gutiérrez
27.11.2019 20.00hs Economía

El grupo Telefónica se caracterizó tradicionalmente por su rapidez de reflejos y su capacidad de anticipar cambios. Es por eso que su imprevista decisión de poner en revisión la continuidad de su negocio en toda la zona hispanoamericana, incluyendo Argentina, supone una alarma para el mundo de los negocios.

En otras palabras, Telefónica está dando a entender que no ve perspectivas de crecimiento económico para la región a mediano plazo.

La visión del grupo español se hizo evidente en los años ’80, cuando en medio de la gran explosión mundial de las telecomunicaciones –en plena llegada de la telefonía celular- decidió apostar fuerte a la expansión internacional.

En aquel momento, tomó nota de cómo el negocio sería de los grandes jugadores, con espalda financiera y una operación de gran escala. Y decidió que América latina sería su destino natural, dado el consenso continental favorable a la privatización de las viejas y deficitarias compañías estatales.

Hizo valer -además de su cercanía cultural y su comprensión del proceso político latinoamericano- su acceso a la financiación para participar y apostar fuerte en los procesos licitatorios que la llevaron, entre muchas otras operaciones, a quedarse con la mitad de la zona perteneciente a la ex Entel.

La apuesta tuvo sus dividendos: durante los años ’90, los negocios de América latina –y en particular los de Argentina- fueron los que más contribuyeron a las ganancias del grupo.

Claro que no fueron tiempos exentos de sobresaltos. Ya la crisis del "efecto tequila" en 1995 había dado señales de las dificultades latinoamericanas. Y la implosión económica argentina de 2001 fue un momento duro.

Pero Telefónica mostró en esas situaciones pragmatismo y capacidad de adaptación. Cuando percibió el cambio de situación política y económica rápidamente modificó su estrategia. Los técnicos que se ocupaban de pensar en expandir la red dejaron paso a los expertos en finanzas y en el lobby ante el gobierno.

Fue así que llegó a Telefónica de Argentina un ex JP Morgan como Miguel Gutiérrez, cuya misión principal era renegociar el cuadro tarifario en el nuevo contexto político, refinanciar las deudas y mantener la operación en un austero marco de "inversión cero". Fue así que se negoció con Néstor Kirchner el retiro de los juicios ante el Ciadi a cambio de una readecuación del marco regulatorio.

De la misma manera, en los años siguientes, ya con el consumo en recuperación y con el boom de los smartphones, el foco volvió a ser la expansión. Y fue allí que el grupo español tomó la decisión estratégica de unificar todas sus operaciones de telefonía celular bajo una única marca para la región, con el emblema de Movistar.

Se retornó allí a la inversión fuerte en las nuevas redes, para dar soporte a la llegada de las nuevas tecnologías como el 4G. Coincidió con los años de crecimiento fuerte de la región, de la mano del boom de los commodities de exportación.

Pero, luego de haber convivido con las típicas volatilidades políticas latinoamericanas sin que ello implicara un obstáculo para sus negocios, parece haber ocurrido un punto de inflexión en la visión de Telefónica.

El comunicado en el que anticipa el "spin off" que separa la operación latinoamericana del resto de los negocios da pistas claras al respecto. Después de haber fungido como "locomotora" del crecimiento, ahora la región no sólo no luce con el mismo ímpetu económico sino que hasta podría complicar la nueva fase del grupo.

"Las condiciones particulares en estos mercados han impactado en la evolución de nuestros negocios, mermando su contribución en los últimos años por distintos motivos (entorno macro y regulatorio, mayor presión competitiva, una escala insuficiente o la volatilidad de las divisas), a pesar de los enormes esfuerzos de los equipos locales", dice textualmente el comunicado.

Lo que se lee entrelíneas es que, en el análisis del grupo español, las actuales dificultades latinoamericanas no son pasajeras ni se resolverán con cambios de color político en el gobierno ni con préstamos del FMI. Más bien al contrario, la perspectiva es de dificultades para sostener el crecimiento por un período prolongado.

En consecuencia, la decisión es cambiar la estructura de forma tal que eso permita "modular nuestra exposición a la región". Traducido, minimizar el riesgo de que una ralentización del mercado latinoamericano pueda contagiar al resto del grupo y condicionar su estrategia de crecimiento.

Paradójicamente, la relativa madurez del mercado latinoamericano es lo que ha impulsado a esta decisión de la posible venta: ya no puede confiarse en que el factor que garantice las ganancias sea la velocidad del desarrollo de un mercado con baja penetración de los servicios de voz y datos.

Ya en un nivel relativamente comparable con el primer mundo, el negocio de la comunicación en la región no ofrece el mismo atractivo del "efecto puesta al día". Y es ahí cuando llega la hora de los grandes desembolsos de capital.

Así lo expresa Telefónica: "Las incertidumbres geopolíticas y macroeconómicas y regulatorias, y la elevada competencia en el sector requieren una asignación del capital cada vez más exigente (…) y la aparición de nuevos competidores sujetos a distintas reglas demanda aproximaciones estratégicas muy focalizadas".

En concreto, se pondrá el foco en nuevos desarrollos, como la "ultra banda ancha", y ello requerirá ciertas condiciones que el mercado argentino no cumple en este momento. A saber, le falta dimensión y potencial de crecimiento.

¿Implica esto que llegó la hora de que Telefónica haga las maletas y se retire del mercado argentino en el que desembarcó hace casi tres décadas? No necesariamente –y de hecho los ejecutivos locales creen que no habrá venta- pero algo ha quedado en claro en la entrelínea del comunicado de Telefónica: este mercado pasó de locomotora a furgón de cola. Y no hay perspectivas de que esa situación cambie por varios años.

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