El dólar se debilita en el mundo y Luis Caputo celebra, mientras los vecinos se preocupan
Todos están hablando del dólar. Pero, a diferencia de lo que ocurre habitualmente, el billete verde más tema de conversación en el resto del mundo que en Argentina. Con la abrupta caída del valor, hay analistas que se animan a pronosticar el fin de una era, la de la dominancia del dólar como moneda de comercio y de reserva mundial.
Y esto pone a Argentina en una situación paradójica: justo ahora que por fin el gobierno de Javier Milei empezó a hacer lo que el mercado financiero le venía reclamando a gritos -que acumulara dólares como reserva en el Banco Central-, empiezan a surgir voces que ponen en duda que comprar la moneda estadounidense resulte un buen negocio.
No es una crítica disparatada, por cierto. A final de cuentas, cuando Donald Trump asumió la presidencia, un año atrás, un dólar valía lo mismo que un euro, mientras que ahora se necesitan u$s1,20 para comprar la divisa europea. Todavía es una cifra lejana al récord de u$s1,60 por euro que se registró durante la crisis financiera de 2008, pero los reflejos de los inversores indican que se teme un debilitamiento adicional.
Es por eso que, mientras en todo el mundo se revalúan las monedas locales frente al dólar y los inversores salen a buscar otro tipo de activos, en Argentina se reaviva el debate: ¿hace bien el gobierno en comprar dólar ahora que están "baratos"? ¿O más bien debería capitalizarse con otro tipo de activos nominados en otras divisas, o en metales como el oro?
Si se lo considera desde el punto de vista de un inversor, no hay duda posible: quien haya guardado dólares bajo el colchón, perdió en un año 4,5% medido en términos de poder de compra en Argentina. Y, si el cálculo se hace en términos de comparación internacional, el índice del dólar marca una pérdida de 11%.
Cambio de flujo
Sin embargo, desde el punto de vista de Toto Caputo, las cosas se ven diferentes, entre otras cosas porque debe hacer frente a un pesado calendario de pagos nominados en dólares -la estimación de los economistas es de unos u$s32.000 millones hasta el fin del mandato de Milei-.
Y lo cierto es que, en este momento de dólar débil, el ministro de Economía tiene varios motivos para festejar.
Para empezar, un mayor flujo de dólares hacia economías emergentes. Cuando el dólar se debilita, los fondos de inversión van a otros lugares donde vean más rentabilidad y seguridad. Y mientras Trump celebra que mejorará la capacidad exportadora de Estados Unidos, los economistas se alarman por una posible suba de la inflación a nivel mundial.
No es la primera vez que ocurre, por cierto. Uno de los presidentes que más se benefició de esa situación fue Néstor Kirchner, quien convivió con el período presidencial de George W. Bush, en el que Estados Unidos acumuló una inflación de 25% mientras, como contrapartida, se producía un alza en los precios de las materias primas, del que Argentina se benefició con el boom sojero.
En aquel momento, Argentina estaba en default, por lo que no obtuvo tanto beneficio del crédito global, como sí lo tuvo el resto de la región.
Pero ahora la situación es diferente. Y hay datos que ya muestran el potencial del nuevo escenario, como por ejemplo que en apenas en lo que va de enero ya entraron a Brasil capitales equivalentes al 85% de todo lo que había ingresado durante el 2025, según un reporte de la consultora brasileña Macro Investimentos. Hablando en plata, entraron en enero unos u$s4.200 millones.
Y, esta vez, Argentina no se queda atrás, como lo demuestra la ola de emisiones de deuda de empresas privadas. Un informe de Romano Group indica que desde noviembre hasta mediados de enero, se había emitido Obligaciones Negociables por u$s6.900 millones. Luego de esa fecha, se concretó la colocación de un título a ocho años por u$s550 millones por parte de YPF, que obtuvo crédito a una tasa de 8,1%.
Cómo devaluar sin devaluar
Pero, acaso lo mejor de la situación para Caputo es que un dólar más débil tiene todos los efectos positivos de una devaluación y ninguno de sus efectos negativos. Es decir, la economía argentina gana competitividad porque el resto de las monedas se revalúan. Y esto genera un efecto político positivo, justo en pleno debate sobre el perjuicio de la apertura comercial sobre la industria nacional.
Tambien el peso argentino se revaluó, pero en mucho menor medida que en los países vecinos. Así, mientras en el mercado cambiario argentino el dólar cayó menos de 2% en un mes, en el brasileño se desplomó un 7%.
"Está costando muy caro quedarse en dólares cash", advierte Andrés Reschini, analista de la consultora F2 quien elaboró un ranking de 25 divisas de economías medianas y grandes, en el que el peso argentino ocupa el puesto 15 de las que más se apreciaron en lo que va del año. Por encima figuran el peso chileno, el mexicano, el yen, el euro y otras monedas europeas.
Apenas cinco divisas se depreciaron contra el dólar, y la principal es una moneda de la que se suele hablar poco en Argentina, pero que en los últimos días cobró un inusitado protagonismo gracias a la polémica por la licitación del gasoducto: la rupia de India, que se abarató 2,3% ante la divisa estadounidense.
¿Qué implica el hecho de que, en términos relativos, la moneda argentina sea más barata que la del resto de la región? Para empezar se atenúa el fenómeno de los últimos dos años, esa diferencia de precios que hacía que se produjeran los tours de compras a Chile y Paraguay.
Pero, sobre todo, en el plano financiero implica una mejor chance para Caputo de emitir deuda en pesos y que resulte atractiva a inversores extranjeros. Después de que el secretario del US Treasury, Scott Bessent, se jactó de haber hecho un buen negocio al invertir en el peso argentino cuando nadie creía que eso fuera posible, ahora hay más fundamentos para que se incremente la demanda de títulos de deuda soberana, que muestran un rendimiento atractivo, al tiempo que baja el índice de riesgo país.
Petróleo potenciado
Otro efecto clásico de un dólar débil suele ser un aumento en los precios de las materias primas. La regla general es que ambos varían en sentido contrario, aunque no en todas las ocasiones ocurre así. Pueden surgir factores geopolíticos -sobre todo, en lo referente al petróleo, sensible a situaciones bélicas- o puede haber cambios en la demanda de China, que alteren el equilibrio en los commodities agrícolas.
Hasta hace pocas semanas, no había dudas entre los analistas, en el sentido de que 2026 no mostraría precios altos en los rubros a los que Argentina está apostando fuerte: petróleo y soja. La intervención de Trump en Venezuela generó expectativas de una baja en los costos del crudo, mientras que los altos niveles de producción agrícola llevaron a pensar en precios a la baja también para el agro.
En compensación, una mejora en los volúmenes producidos mantenía el optimismo. Es así que Caputo mostró a inversores extranjeros en Davos una proyección según la cual ingresarán u$s10.000 millones netos en la balanza comercial energética, lo que implica una suba de 25% en un año, gracias a los avances productivos de Vaca Muerta.
Sin embargo, esas expectativas iniciales sobre una baja del petróleo empezaron a ser cuestionadas, y hasta se comienza a apreciar una tendencia alcista, un fenómeno en el que la debildad del dólar también está influyendo.
Es por eso que ese objetivo de Caputo quizás podría quedarse corto, dado que cuando se proyectaron esas cifras el petróleo cotizaba debajo de u$s60 el barril, mientras ya está en u$s64 y hay analistas que ven potencial de una suba hasta los u$s70.
Dólar para abajo, ¿soja para arriba?
En cuando al potencial de entrada de dólares por la exportación agrícola, hay más incertidumbre. La campaña de soja, el principal producto "made in Argentina", fue buena en términos históricos, aunque un con un 5% menos de volumen que la del año pasado, por efecto de la sequía en algunas regiones. De todas maneras, esto se compensaría con un aumento de los rendimientos en otros rubros, tal como se está notando en el trigo, que produjo un 37% más que el año pasado.
La proyección de la Bolsa de Comercio de Rosario es que el total de la campaña de granos suba un 11,8% interanual, medida en volúmenes.
Y en cuanto a precios, la situación no está clara. Como explica Marianela de Emilio, técnica del Inta, en diciembre había una expectativa de precios al alza de la soja, por el acuerdo entre EE.UU y China, pero el paso de las semanas sin avances concretos hizo que los inversores actuaran con cautela. Además, está el efecto Brasil: nuestro vecino tuvo otra campaña con rendimientos superiores a los esperados, y tiene volumen suficiente como para incidir a la baja en las cotizaciones.
De todas formas, la creciente debilidad del dólar puede todavía jugar una carta a favor de Argentina. Sobre todo, si se termina reflejando en una apreciación del yuan chino y de otras divisas asiáticas que importan la producción local.
Gracias, oro
Finalmente, hay otra consecuencia del dólar débil que está beneficiando a Argentina. O, mejor dicho, al balance del Banco Central: es la suba en el precio del oro, que recuperó su reputación de activo de reserva y es furor a nivel internacional.
Las cifras son de una elocuencia arrolladora: hace tres meses, las tenencias de oro del BCRA valían menos de u$s8.000 millones, mientras que hoy están en torno de u$s10.300 millones.
Esto, junto a la compra de u$s1.100 millones en el mercado cambiario y a la obtención de nuevos préstamos, ayudó a que las reservas brutas del Central superasen los u$s46.000 millones, y que se esté muy cerca de eliminar el déficit de las reservas netas -según estimó el economista Federico Machado, falta apenas u$s48 millones, frente al rojo de u$s1.561 millones de fin de año-.
En definitiva, estos puntos llevaron a que la debilidad del dólar en el mundo resulte una buena noticia para Argentina, al menos en el corto plazo. Pero eso abre nuevos debates: el primero es si hay que vender el oro, aprovechando el alto precio global. El segundo, si finalmente llegó el momento de pasar a una flotación pura del tipo de cambio, aprovechando que el monstruo verde está anestesiado.