¿Argentina debe festejar suba del petróleo?: la ola de dólares viene con un costoso lado B

El repunte del petróleo alivia la brecha cambiaria en Argentina aunque genera un aumento de costos internos y de la tasa de interés global
¿Argentina debe festejar suba del petróleo?: la ola de dólares viene con un costoso lado B

Puntos importantes

Checkbox Checked Petróleo alto trae dólares a Argentina, calmando tensión cambiaria.
Checkbox Checked Impulsa inflación global, encareciendo crédito internacional.
Checkbox Checked Sube costos internos y peligra apoyo financiero de EE.UU.

A primera vista, todo luce como un "viento de cola" para Argentina: con el petróleo aparentemente afirmado encima de los u$s100 por barril, se afianza la expectativa de un gran flujo de entrada de dólares y, por consiguiente, la desaparición de tensiones cambiarias.

La última vez que el petróleo cotizó en esos niveles, la exportación argentina en el rubro energético superó los u$s1.700 millones mensuales. Fue hace apenas cuatro meses, pero parecen tiempos lejanos, en los que el Banco Central se daba el lujo de comprar más de u$s120 millones por día, una cifra que luce imposible replicar ahora, cuando el promedio bajó a u$s13 millones.

El recrudecimiento de las hostilidades en Medio Oriente hizo que los bancos de inversión revisaran al alza sus pronósticos de que el crudo se estabilizaría en torno de u$s85 hacia fin de año -una proyección que se basaba en el supuesto de un acuerdo EE.UU-Irán y la reapertura del estrecho de Ormuz-.

Y el recálculo del precio coincide con un gran momento productivo del sector petrolero argentino, que se acerca a un nivel de 900.000 barriles diarios, en una tendencia de crecimiento acelerado. Por si faltaba una prueba, el optimismo del mercado internacional respecto del potencial del yacimiento Vaca Muerta quedó confirmado en los últimos días con la emisión récord de deuda por parte de YPF, que colocó u$s1.200 millones después de haber recibido ofertas por el doble de ese monto, y pagará una tasa de apenas 7,55% -un costo financiero de apenas 300 puntos de spread-.

Con esos datos sobre la mesa, desaparecerían las dudas sobre la consecución de un saldo comercial superior a u$s25.000 millones, y la sostenibilidad del superávit en la cuenta corriente. Una noticia que traería alivio al mercado, luego de que el gobierno mostrara algunas actitudes defensivas, como la emisión de varias series de bonos dólar linked para evitar que la liquidez se canalizara al billete verde.

Además, un flujo de dólares más fuerte al esperado ahuyenta algunos temores: tradicionalmente, el último cuatrimestre suele tener tensiones cambiarias, por la típica estacionalidad de la cosecha agrícola. Y esa situación se ve acentuada si, como ocurre ahora, la proximidad de una elección presidencial agrega inquietud social que se traduce en una dolarización de los pequeños ahorristas. Ese desbalance entre oferta y demanda de divisas se vería atenuado gracias al petróleo.

Lado B: inflación global y crédito caro

Sin embargo, en el mercado financiero el ánimo dista mucho de ser eufórico. Ocurre que la suba del petróleo tiene un temible "lado B": va asociado con una suba de la inflación en Estados Unidos y, por consiguiente, dispara una serie de efectos a nivel global.

Para empezar, ya se da por descontado que la Reserva Federal subirá la tasa de interés, a contramano de lo que busca el secretario del Tesoro, Scott Bessent, un aliado del gobierno de Javier Milei.

Bessent lanzó un desafío a los inversores, al afirmar "ahora, yo soy la banca". Era una frase que respondía a quienes manifestaban dudas sobre el éxito de su plan de salvataje del yen, así como de poner un piso a la caída de los bonos, mediante una masiva recompra de u$s6.000 millones.

Cuando Bessent anunció su jugada, la tasa de retorno de sus bonos estaba en torno de 4,7%, pero los inversores, lejos de amedrentarse por el desafío del secretario, redoblaron su apuesta, llevando la tasa de mercado por encima de 5%, el mayor nivel en tres años.

Para Argentina, esta situación es mala por muchos motivos. El primero es que, en este tipo de situaciones de incertidumbre financiera, se suele producir el fenómeno de "vuelo a la calidad": el flujo de los capitales se redirige desde los mercados emergentes hacia los más seguros. Es cierto que Toto Caputo no está hoy apelando al crédito internacional, pero si esa medida estuviera en sus planes, la suba de la tasa de interés le pondría un obstáculo adicional.

Hablando en números, con un riesgo país en torno a 500 puntos, Caputo tendría que resignarse a una tasa de 10% en dólares. Es algo que difícilmente el ministro aceptaría, o por lo menos ese es el mensaje que los operadores interpretaron, luego de que se suspendiera la emisión de un bono para el mercado local, nominado en dólares y con vencimiento en 2029. En los hechos, Caputo decidió "freezar" una de sus pocas fuentes de divisas cuando la tasa subió por encima del 9%.

El impacto en los costos argentinos

Hay, además, otros riesgos derivados de la inflación internacional. El más directo es el impacto sobre los precios de los combustibles en el mercado interno. Ya ocurrió esa presión en la primera mitad del año, cuando el encarecimiento de costos del mercado global terminó trasladándose parcialmente a las naftas y el gasoil.

Esta situación supone un encarecimiento para los usuarios del transporte público y de los automovilistas, pero también para la operatoria del comercio exterior, porque hay un mayor costo de los fletes.

Además, nuevamente aparece el riesgo de un encarecimiento en los insumos del campo. Tras el estallido de las hostilidades en Irán, se disparó notablemente la urea, uno de los principales componentes en la fertilización del campo argentino.

En el peor momento de la crisis, la urea saltó un 50% hasta superar los u$s700 por tonelada. Eso exacerbó la tensión entre los productores argentinos y el gobierno, dado que en el campo se argumentaba que la suba en el precio de los cultivos y el recorte de dos puntos en las retenciones de exportación no llegaba a compensar la suba de costos.

Ese problema parecía resuelto cuando, hace dos meses, el precio cayó al entorno de u$s400 ante la perspectiva de una moderación del mercado petrolero. Pero con la turbulencia de las últimas semanas, nuevamente se observa una tendencia al alza, con proyecciones de un precio que vuelva a superar los u$s500.

Riesgo para el salvataje del peso

Finalmente, hay otro riesgo para el gobierno argentino, que es de tipo geopolítico. En noviembre son las elecciones legislativas de medios término en Estados Unidos, y todo indica que Donald Trump sufrirá una dura derrota. Si, además, a Bessent le sale mal su jugada para fortalecer al dólar en el mercado global, las cosas podrían complicarse. De hecho, hay analistas que agitan el fantasma de un default, ante la abultada deuda estadounidense.

Para el gobierno de Milei, cualquier traspié económico de Trump y su secretario de Finanzas sería una pésima noticia, porque se pondría en duda la disposición para un nuevo salvataje del peso argentino, en el caso de que el año próximo se replique una corrida cambiaria similar a la ocurrida en 2025.

En un escenario malo para Trump -si fracasara su estrategia en Japón o si cayeran más los precios de los bonos-, será mucho más difícil la justificación política de un nuevo salvataje para el peso argentino por parte del US Treasury.

Precisamente, en su último viaje a la cumbre de ministros del G20, Toto Caputo se ocupó de enviar señales tranquilizadoras, sobre todo tras su encuentro con Bessent. Su objetivo era recordar que sigue vigente la línea swap con el BCRA por u$s20.000 millones, y que eso haría innecesario salir a colocar deuda. Sin embargo, se filtró que hay negociaciones para conseguir créditos para cancelar deudas ante el exigente calendario de 2027.

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