El FMI respalda a Milei, pero pide que el crecimiento llegue a más sectores

El FMI prepara la tercera revisión del programa con Argentina y analizará cómo la menor actividad impacta en la recaudación y en el crecimiento.
El FMI respalda a Milei, pero pide que el crecimiento llegue a más sectores

La próxima instancia de evaluación del acuerdo entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI) tendrá como telón de fondo una economía que todavía no consigue trasladar de manera uniforme la estabilización a todos sus sectores.

La discusión no estará limitada a las variables fiscales. La evolución de la actividad, la inversión, el empleo y los indicadores sociales también formará parte del análisis, en particular por su posible efecto sobre los ingresos tributarios y el cumplimiento de las metas previstas en el programa.

La portavoz del organismo, Julie Kozack, confirmó que estos temas estarán presentes en las conversaciones entre los técnicos del Fondo y las autoridades argentinas durante las próximas semanas.

FMI advierte que el crecimiento debe llegar a más sectores y trabajadores

Uno de los puntos que el organismo viene señalando es la concentración de la expansión en determinadas actividades. Energía, minería y agricultura aparecen como los sectores que actualmente explican buena parte del crecimiento, mientras que el objetivo es conseguir una recuperación más extendida.

Kozack sostuvo que el proceso de fortalecimiento de la economía argentina todavía requiere trabajo y planteó que los beneficios de la expansión deberían alcanzar tanto a otras ramas productivas como a una mayor cantidad de trabajadores.

Hay un reconocimiento conjunto entre el FMI y las autoridades argentinas sobre dos cosas en el frente del crecimiento. Una es que el trabajo para fortalecer verdaderamente la resiliencia de Argentina necesita continuar. Y el otro reconocimiento conjunto es que es importante garantizar que el crecimiento, que hasta ahora ha estado muy concentrado en los sectores de energía, minería y agricultura, se amplíe y se distribuya de manera más uniforme entre los sectores de la economía, pero también entre los trabajadores.

La advertencia adquiere relevancia frente a los últimos datos de la economía argentina, que muestran comportamientos muy diferentes entre las actividades y un menor dinamismo en varios sectores.

Actividad: el retroceso que vuelve a poner el foco en la economía real

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) registró en julio una caída del 2,9% frente a junio y una disminución del 1,4% en la comparación interanual. El resultado implicó un cambio respecto del desempeño de junio y ubicó al indicador en su nivel más bajo desde marzo. La contracción, además, no se distribuyó por igual. Ocho de las 15 ramas de actividad relevadas registraron bajas frente a julio del año anterior.

El comportamiento del mercado interno aparece entre los elementos que explican la pérdida de impulso. La demanda doméstica no logró ser compensada por las actividades vinculadas al comercio exterior, un escenario que abrió la posibilidad de que la economía registre una "recesión técnica" durante el tercer trimestre.

Para el FMI, la evolución de este escenario también importa por una razón fiscal: un menor nivel de actividad puede repercutir sobre la recaudación y, por lo tanto, sobre las variables que forman parte del programa.

El mercado laboral suma otra señal de enfriamiento

La situación del empleo constituye otro de los datos que acompañan el debate sobre la capacidad de la economía para generar una recuperación más amplia.

Durante el segundo trimestre de 2026, la tasa de desocupación se ubicó en 7,9%. El porcentaje representa a unos 1,73 millones de argentinos. La comparación interanual mostró un incremento de 0,3 puntos porcentuales, mientras que frente al primer trimestre del año la suba fue de 0,1 puntos.

El dato laboral se incorpora así a una discusión más amplia: si el crecimiento permanece concentrado en determinados sectores, el impacto sobre el empleo puede no trasladarse de la misma manera al conjunto de la economía.

Pobreza: el indicador social que acompaña el deterioro

A los números de actividad y empleo se suma la evolución de la pobreza. En el primer semestre de 2026, alcanzó al 32,3% de la población, mientras que la indigencia llegó al 7,5% en los principales centros urbanos.

Al proyectar esos porcentajes sobre el total del país, el resultado equivale a aproximadamente 15,56 millones de personas pobres y 3,61 millones de indigentes.

El cambio respecto del período anterior también fue significativo. La pobreza había alcanzado al 28,2% durante el segundo semestre de 2025, por lo que el nuevo registro supone una diferencia de 4,1 puntos porcentuales.

En términos de cantidad de personas, el aumento representa unos 2,05 millones de pobres adicionales. La incidencia sobre los hogares llegó al 24,4%. La indigencia también avanzó: pasó del 6,3% al 7,5%, una diferencia de 1,2 puntos porcentuales que equivale a unos 595.300 nuevos indigentes.

La inversión todavía no consigue revertir la tendencia

El comportamiento de la inversión constituye otro de los frentes que deberán observarse durante la revisión del programa. En agosto, registró una disminución del 5,4% interanual y acumuló diez meses consecutivos de caídas.

El balance de los primeros ocho meses del año también fue negativo, con una contracción acumulada del 7,9%. El retroceso alcanzó tanto a la construcción como a la incorporación de maquinaria y equipos. A este escenario se sumó la evolución del riesgo país, que llegó a 628 puntos básicos, su nivel más elevado en seis meses.

El conjunto de estos indicadores plantea una tensión entre la estabilización de algunas variables macroeconómicas y el comportamiento de sectores vinculados con la actividad, el empleo y la inversión.

Qué deberá discutir el Gobierno con el Fondo

Mientras avanza la tercera revisión, el Gobierno deberá sostener las metas fiscales acordadas con el organismo en un contexto en el que la menor actividad puede afectar la generación de recursos.

El FMI, por su parte, mantiene como uno de sus ejes la necesidad de consolidar la estabilidad alcanzada y, al mismo tiempo, conseguir que el crecimiento deje de estar concentrado en un grupo reducido de actividades.

La discusión entre el staff del organismo y las autoridades argentinas tendrá así dos dimensiones complementarias: por un lado, el cumplimiento de los compromisos fiscales y, por otro, el impacto que la evolución de la economía real puede tener sobre esas metas.

La tercera revisión se desarrollará durante las próximas semanas y tendrá como uno de sus principales desafíos determinar cómo compatibilizar la continuidad del programa con una economía en la que los últimos datos muestran retrocesos en actividad, inversión y empleo, junto con un aumento de los indicadores de pobreza.

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